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martes, 30 de julio de 2013

2014. El día que acabó la crisis.





Realmente profético
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El día que acabó la crisis, Juan José Millás
 
Un buen día del año 2014 nos despertaremos y nos anunciarán que la
crisis ha terminado. Correrán ríos de tinta escritos con nuestros
dolores, celebrarán el fin de la pesadilla, nos harán creer que ha
pasado el peligro aunque nos advertirán de que todavía hay síntomas de
debilidad y que hay que ser muy prudentes para evitar recaídas.
Conseguirán que respiremos aliviados, que celebremos el
acontecimiento, que depongamos la actitud crítica contra los poderes y
nos prometerán que, poco a poco, volverá la tranquilidad a nuestras
vidas.
 
Un buen día del año 2014, la crisis habrá terminado oficialmente y se
nos quedará cara de bobos agradecidos, nos reprocharán nuestra
desconfianza, darán por buenas las políticas de ajuste y volverán a
dar cuerda al carrusel de la economía. Por supuesto, la crisis
ecológica, la crisis del reparto desigual, la crisis de la
imposibilidad de crecimiento infinito permanecerá intacta pero esa
amenaza nunca ha sido publicada ni difundida y los que de verdad
dominan el mundo habrán puesto punto final a esta crisis estafa -mitad
realidad, mitad ficción-, cuyo origen es difícil de descifrar pero
cuyos objetivos han sido claros y contundentes: hacernos retroceder 30
años en derechos y en salarios.
 
Un buen día del año 2014, cuando los salarios se hayan abaratado hasta
límites tercermundistas; cuando el trabajo sea tan barato que deje de
ser el factor determinante del producto; cuando hayan arrodillado a
todas las profesiones para que sus saberes quepan en una nómina
escuálida; cuando hayan amaestrado a la juventud en el arte de
trabajar casi gratis; cuando dispongan de una reserva de millones de
personas paradas dispuestas a ser polivalentes, desplazables y
amoldables con tal de huir del infierno de la desesperación, entonces
la crisis habrá terminado.
 
Un buen día del año 2014, cuando los alumnos se hacinen en las aulas y
se haya conseguido expulsar del sistema educativo a un 30% de los
estudiantes sin dejar rastro visible de la hazaña; cuando la salud se
compre y no se ofrezca; cuando nuestro estado de salud se parezca al
de nuestra cuenta bancaria; cuando nos cobren por cada servicio, por
cada derecho, por cada prestación; cuando las pensiones sean tardías y
rácanas, cuando nos convenzan de que necesitamos seguros privados para
garantizar nuestras vidas, entonces se habrá acabado la crisis.
 
Un buen día del año 2014, cuando hayan conseguido una nivelación a la
baja de toda la estructura social y todos -excepto la cúpula puesta
cuidadosamente a salvo en cada sector-, pisemos los charcos de la
escasez o sintamos el aliento del miedo en nuestra espalda; cuando nos
hayamos cansado de confrontarnos unos con otros y se hayan roto todos
los puentes de la solidaridad, entonces nos anunciarán que la crisis
ha terminado.
 
Nunca en tan poco tiempo se habrá conseguido tanto. Tan solo cinco
años le han bastado para reducir a cenizas derechos que tardaron
siglos en conquistarse y extenderse. Una devastación tan brutal del
paisaje social solo se había conseguido en Europa a través de la
guerra. Aunque, bien pensado, también en este caso ha sido el enemigo
el que ha dictado las normas, la duración de los combates, la
estrategia a seguir y las condiciones del armisticio.
 
Por eso, no solo me preocupa cuándo saldremos de la crisis, sino
 cómo saldremos de ella. Su gran triunfo será no sólo hacernos más pobres y
desiguales, sino también más cobardes y resignados ya que sin estos
últimos ingredientes el terreno que tan fácilmente han ganado entraría
nuevamente en disputa.
 
 
De momento han dado marcha atrás al reloj de la historia y le han
ganado 30 años a sus intereses. Ahora quedan los últimos retoques al
nuevo marco social: un poco más de privatizaciones por aquí, un poco
menos de gasto público por allá y voilà: su obra estará concluida.
Cuando el calendario marque cualquier día del año 2014, pero nuestras
vidas hayan retrocedido hasta finales de los años setenta, decretarán
el fin de la crisis y escucharemos por la radio las últimas
condiciones de nuestra rendición.
 
Juan José Millás

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