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miércoles, 20 de abril de 2016

"Una historia oscura de traición, cobardías y ambiciones..." por Macky Arenas.



¿Qué es lo que quemamos cuando quemamos a Judas?

Escrito en Sin categoría
¿Qué es lo que quemamos cuando quemamos a Judas?
La Fiesta del Judas es una tradición local de algunos pueblos españoles e Iberoamericanos. Alrededor del Domingo de Resurrección, hacia el final de la Semana Santa, se apedrea, lincha o quema un muñeco que representa a Judas Iscariote. Por su traición a Cristo. La popular "ceremonia" se conoce en Venezuela como "la quema de Judas" y comienza por unos muñecos -hechos de varas de madera y trapos viejos- que aparecen en las esquinas de las calles, rodeados por grupos de alborotados chamos con latas que hacen las veces de alcancías. El dinero que recogen de conductores y transeúntes se supone será empleado en "los gastos de la quema", pero en realidad se destina al licor que amenizará la jornada. Son tradiciones populares y así hay que entenderlas.

Es costumbre que Judas sea representado por personajes cuestionados de la política nacional…

Judas representó la peor parte de la trama: vendió a Cristo por 30 denarios, la moneda en vigencia para la época. Uno de los doce, llamado Judas Iscariote –según cuenta el evangelista Mateo- fue a ver a los principales sacerdotes y les dijo: "¿Cuánto me darán si lo entrego?". Hay que recordar que no existían medios de comunicación que reprodujeran la imagen de los buscados por lo que se necesitaba alguien de su entorno que los identificara. A Judas le pagaron por su información. Una especie de "patriota cooperante", pues. Jesús lo había asomado en la última reunión con sus discípulos: "Uno de ustedes me entregará". Y, sereno, se dirigió a Judas: "Lo que has de hacer, hazlo pronto". La suerte estaba echada. Es de hacer notar que Judas ya había negociado a Jesús. Jesús no lo designó para la tarea. Especulan que Judas, "con el precio de su infamia", adquirió un terreno donde habría muerto a causa de un accidente. La versión más circulada es que, presa de los remordimientos, acabó con su vida colgándose de la rama de un árbol. Igual hizo Pilato, el Procurador romano, otro que lo entregó optando por desentenderse del rollo. En criollo diríamos: "se hizo el loco". Este habría terminado sus días en las Galias "buscando la muerte antes que esta lo encontrara a él", no sabemos ni cómo. No hubo castigo para ellos: el castigo vino de sus propias conciencias. Libremente escogieron su destino.
Sin duda, una historia oscura de traición, cobardías y ambiciones. Muy cotidiana, por demás. Una vez leí de un exorcista que en ciertos episodios con posesos había emergido de las tinieblas un demonio muy particular, Judas Iscariote, quien revelaba haber dispuesto de cinco oportunidades ofrecidas por Jesús para su arrepentimiento y ninguna de ellas fue por él aprovechada. Aportó muchas luces acerca de la condenación eterna. De todo ello, lo más impresionante fue el constatar que el infierno no es una terrorífica escena del Dante sino algo peor. El "fuego" viene de la certeza de ser los responsables de nuestro propio infortunio. Sus respuestas – y las de tanto demonio que en las sesiones de liberación conversan con los exorcistas- evidencian que lo que hace "arder" nuestras entrañas sale de nosotros mismos. Que el único acompañante en esa pavorosa soledad sin fin, es una inacabable depresión por el reproche que, una y otra vez, nos hacemos por haber dispuesto de libre albedrío y no haber sabido utilizarlo. Dicen que esa tristeza, devastadora y punzante, no es comparable con nada que podamos experimentar en esta vida. Espeluznante. Básicamente, eso es el Infierno. El que muchos niegan y –no se sabe con cuales evidencias- juran que está vacío. Si bien es cierto que la misericordia de Dios es infinita, tal vez su manifestación más clara sea el dotarnos de libre voluntad…pero no para contrariar la suya, que es nuestra salvación. No se desprecia el Plan de Dios sin consecuencias.
He tenido y tengo amigos no creyentes o que profesan religiones distintas a la mía. Creo que en la amistad sincera hay un prueba fehaciente de la existencia de Dios. Y que detrás del discernimiento está la Verdad. Un querido amigo, ya fallecido, con el que sostenía interesantes conversaciones, se decía ateo pero creía muy a su manera. En varias ocasiones hablamos sobre Judas y su papel en el cumplimiento de las Escrituras. Su "defensa" del discípulo se basaba en la convicción de que era injusto cubrir a Judas con libre albedrío cuando Dios depositaba su destino en su Hijo. Pensaba que su desgracia no podría atribuirse al azar sino a que fue "seleccionado" por una razón inapelable y definitiva, lejana al error. Se asombraba con "la curiosa y premeditada conexión que une a la salvación con la traición" y aseguraba que al quemar cada año la imagen de Judas "lo que estamos viendo arder es la figura indispensable a nuestra redención".
¿Era indispensable Judas? Probablemente la madeja divina podía tener un plan B. Imposible que conozcamos los móviles de Dios. Lo que sí parece intolerable en el misterio central de la teología es que un ser que se desborda creando al hombre, ofreciéndonos su compañía y protección y enviando a su Hijo para compartir nuestra vida y vicisitudes, pueda derramar otra cosa que no sea su Amor sobre la humanidad. El mal no tiene su origen en Dios. Lo construimos nosotros, con nuestras acciones y omisiones. Ignoramos las facciones, los minutos, el íntimo resorte de la delación, pero eso no procede del plan divino. Lo que no es casual es que el barro adquirió una dimensión ética con la presencia de Jesús entre nosotros.
Un individuo que concebía el sufrimiento como una dignidad, que sabía que no hay materia comparable con la fe, que deseo y daño son lo mismo, no podía andar sobre la tierra por mucho tiempo. Esa prédica desvalorizaba las vigencias y despertaba las iras. Jesús enseñaba que vivir por la vida misma es tan absurdo como morir por la muerte misma. Todo eso le costó caro. Asumió las consecuencias. Habría muerto con o sin Judas. Estaba retando al sistema de poder más eficaz y brutal que ha conocido la Historia: Roma. Fue su opción. Dios Padre no escogió el sufrimiento para Él, pero siempre estuvo a su lado.
Tal vez todo esto sirva para revisar cuanto se inmuta nuestra conciencia ante el sufrimiento ajeno. Cuanto podemos arriesgar y nos refugiamos en nuestras frágiles seguridades. Cuantas cosas podemos decir y callamos. Cuánto daño podemos evitar y lo toleramos. Cuántas veces corremos la arruga a cambio de unas monedas. Cuanto consuelo podemos regalar y lo negamos. El poder y la gloria, el abuso y la prepotencia son bienvenidos en el infierno. Hay quien mantiene esa complicidad con empeño digno de mejores causas. Sin reparar en que el lamento puede ser eterno. Aquello del "llanto y rechinar de dientes", que no es juego, debía mover nuestro libre albedrío a conducirnos según la voluntad de Dios. Podemos negarnos pero tiene consecuencias.
Es tentador concluir que la muerte de Cristo prueba que hacer bien cuesta mucho más caro que hacer mal… aunque no sea el mal el que tenga la última palabra. Pero más duro es lo que testimonia la quema de Judas: podríamos estar vengándonos del hombre que tuvo la osadía de "exhibir" la baratura de nuestra condición. Como decía mi amigo, es hipótesis.-
Macky Arenas
-Publicado originalmente en GlobovisionWeb-
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