sábado, 10 de julio de 2021

Entrevista a D. Antonio Tocornal Blanco, ganador de la XLVII edición del Certamen de Cuentos ‘Puente Zuazo’



Entrada    : Entrevista a D. Antonio Tocornal Blanco, ganador de la XLVII edición del Certamen de Cuentos ‘Puente Zuazo’
URL        : https://academiadesanromualdo.com/2021/07/04/entrevista-a-d-antonio-tocornal-blanco-ganador-de-la-xlvii-edicion-del-certamen-de-cuentos-puente-zuazo/
Publicado  : 4 de julio, 2021 a las 1:05 pm
Autor      : Real Academia de San Romualdo de Ciencias, Letras y Artes
Etiquetas  : 2021, certamen, cuentos, premio, Puente Zuazo
Categorías: Convocatorias literarias

D. Antonio Tocornal Blanco (San Fernando, 1964) ha sido el autor del relato titulado 'La parte que me falta' y con él se ha proclamado ganador de la XLVII edición del Certamen de Cuentos 'Puente Zuazo' que anualmente organiza la Real Academia de San Romualdo. Realizamos una entrevista al escritor afincado en Mallorca con el objetivo de conocer sus impresiones sobre el premio recién obtenido, el cuento que presentó a este concurso internacional al que se han presentado 245 trabajos y las obras que ha escrito a lo largo de una ya dilatada carrera como autor tanto de relatos como novelas.

-Usted posee una extensa lista de premios literarios cosechados durante años. ¿Qué ha significado ganar la última edición del 'Puente Zuazo'?

Muchas gracias por su interés en conversar conmigo. Creo que este año ha habido un punto de inflexión en el Concurso Internacional de Cuentos 'Puente Zuazo'. Después de cuarenta y seis convocatorias, La Academia de San Romualdo ha hecho un esfuerzo importante en la de este año; se ha multiplicado la dotación por dos y medio, y eso va a situarlo de forma inevitable en un nivel superior. Si se mantiene una buena dotación y una alta especialización en el jurado, a partir de ahora atraerá a escritores profesionales y por lo tanto se convertirá en un premio muy deseado y que aportará prestigio a cualquier currículum. En mi caso, es además una forma de saldar una deuda pendiente con la ciudad en la que nací; una forma de acercarme a ella después de haber estado alejado durante demasiados años. Cuando leí la convocatoria de este año, decidí enviar un cuento muy apreciado por mí, porque realmente me hacía una ilusión especial la posibilidad de ganarlo a pesar de que sabía que en esta ocasión habría de competir contra relatos de gran calidad. Uno nunca ha sido «profeta en su tierra», y esta era una buena forma de revertir esa situación. En cualquier caso, es un enorme orgullo que el jurado haya considerado que un cuento mío deba ser el primer ganador en esta nueva etapa del concurso. Espero, a partir de ahora, tener más oportunidades para participar en la vida cultural de mi ciudad natal.

-¿Qué cuenta al lector a través del relato La parte que me falta?

La parte que me falta es un trabajo de arqueología de la memoria. El hombre maduro que soy ha tenido que bucear en recuerdos muy lejanos, de hace más de cuarenta años, para determinar qué parte de mí se fue quedando por el camino o se quedó definitivamente en la infancia. Es un relato sincero y autobiográfico en el que el narrador y el autor se confunden. Digamos que en este cuento me miro en el espejo con determinación o con valentía y cuento lo que veo. A un lado del espejo está el autor en la época actual, y en el otro hay un niño de diez o doce años con toda la vida por delante.

-Decía usted en una entrevista concedida hace unos años que se encuentra muy cómodo en el relato corto. ¿Es su género preferido a pesar del éxito que ha logrado en otros como el novelístico?

No hago distinciones entre géneros. Yo nunca sé, cuando empiezo a escribir, si estoy escribiendo un relato corto, una novela, incluso un ensayo —a veces se confunden—, o si es carne de papelera. A menudo, lo que en principio creo que va a ser un cuento acaba siendo el fragmento de una novela o no llega a ser nada en absoluto. Siempre que doy un texto por acabado, de cualquier magnitud, soy el primero que se sorprende.

Del cuento he aprendido a decir lo justo o algo menos, a no dejar que se cuele ni una sola frase de relleno y a buscar que haya literatura en cada uno de sus párrafos, cosa harto difícil y agotadora, e intento aplicar esa premisa en mis novelas. En realidad estoy cómodo con cualquier cosa que escribo, porque cuando percibo que dejo de estarlo me paro y me dedico a otros asuntos más importantes como leer, pasear con mis perras o hablar con mi pareja.

Siempre que acabo un texto, por otra parte, tengo la sensación de que seré incapaz de escribir nada más; antes eso me causaba cierta desazón, pero ahora, después de varias novelas y de más de cien relatos, sospecho que tal vez será algo temporal.

-Suponemos que haber sido el ganador de la XXII edición del Premio de Novela «Vargas Llosa» en 2017 fue un punto de inflexión en su trayectoria, quizá incluso en su manera de escribir…

No. No creo que los premios hayan cambiado mi forma de escribir; habría sido lamentable si eso hubiera ocurrido. Es inevitable, sin embargo, que haya cambiado la forma de leer mis textos por parte de algunos lectores que necesitan saber que una novela ha obtenido un premio para confiar en que pueden pasar un buen rato con ella. De alguna manera, aquel premio y los que vinieron más tarde me dieron algo de visibilidad y cierta credibilidad, aunque siempre en los circuitos limitados en los que se puede mover un autor independiente que no ha entrado en la maquinaria de promoción que utilizan las grandes editoriales. No porque yo no haya querido, ojo, sino porque la edición es ante todo un negocio y enseguida vieron que no hay mucho dinero que ganar con mis libros.

-Reside en Mallorca pero nació en San Fernando. Aunque visita su ciudad de origen regularmente y puede comprobar los lógicos cambios provocados por el paso del tiempo, ¿qué recuerda de aquel San Fernando de cuando era joven y decidió marcharse y de la cultura de entonces?

Gracias por recordarme que la juventud me queda tan lejos; a veces se me olvida y eso no es sano. Tengo que advertir que me marché muy pronto; con diecisiete años, y que mis intereses a esa edad se limitaban a comerme el mundo y a conocer chicas. Franco acababa de morir y a Camarón le quedaba aún una década de vida. Eran los primeros años ochenta y el ansia de cultura bullía en toda España. El recuerdo que tengo, y puede que esté falseado por el tiempo y por las ansias de aventuras que tenía entonces, es que la cultura en San Fernando estaba anquilosada por el peso de las tradiciones. De hecho, mi primera parada, antes de irme a vivir a París, fue en Sevilla, donde cursé estudios de Bellas Artes, y siendo aquella Sevilla pre-92 muy tradicional, ya se apreciaba una enorme diferencia con San Fernando. Incluso escribí un capítulo entero sobre esas sensaciones en la novela La noche en que pude haber visto tocar a Dizzy Gillespie.

Me alegro de que el interés por la cultura se haya ido abriendo camino y de que ahora haya en San Fernando tantas actividades culturales y tantos creadores. Tras la globalización, era una cuestión de tiempo.

-¿Qué momento están viviendo en España el relato corto y los certámenes literarios que se convocan? ¿Gozan de buena salud? ¿Qué tipo de lector cree que tienen los cuentos con respecto al seguidor de la novela o de la poesía?

En España hay muchos y muy buenos cuentistas, una buena cantidad de lectores de relatos, y algunas editoriales especializadas como Candaya o Páginas de Espuma que además están publicando a excelentes autores de cuentos de Sudamérica, donde el género nunca ha sido considerado, como aquí, un hermano menor de la novela.

Creo que el cuento en España nunca ha tenido mejor salud que la que tiene en estos momentos en los que la brevedad es siempre un aliciente —cuando no un imperativo— en cualquier campo.

En cuanto a los certámenes literarios de cuentos, hay muchísimos y de todos los niveles. Si bien no es cierto que abran puertas o aporten visibilidad salvo en raras excepciones —los circuitos editoriales y los certámenes literarios honestos jamás se cruzan—, es una forma bonita de ampliar los contactos y, por qué no decirlo, de ayudar a ciertos autores a llegar a fin de mes.

-Usted tiene una activa presencia en internet y en redes sociales, donde cuelga sus obras y artículos. ¿Cree que para la difusión de la escritura y la cultura en general, así como para la promoción de las creaciones personales, es crucial el uso de de las nuevas tecnologías?

Yo vivo bastante apartado. Vivo en el campo, en las afueras de un pueblo pequeño en la isla de Mallorca. Para mí, las redes sociales son necesarias porque es la única forma que tengo de comunicarme con alguien que no sea mi mujer —con quien por fortuna es imposible aburrirse—. Si uno elige mal sus contactos, las redes sociales pueden terminar siendo un reñidero, pero si uno los elige bien, una red social se puede convertir en una especie de ateneo cultural o en una tertulia de la que sacar a menudo lecciones de provecho además de una excelente fuente de información muy especializada. Yo tengo el privilegio de tener contactos muy sabios a los que puedo llamar «amigos» sin comillas —ya que no son solo amigos virtuales—, con los que siempre es un placer charlar y de los que a menudo aprendo algo. Ese es el uso que le doy a las redes, o mejor dicho a la red, porque solo soy activo en Facebook. Tengo cuentas en Twitter y en Instagram pero no las uso en absoluto; no me siento cómodo con la inmediatez. Los escritores, o al menos yo, somos más de pensar un poco las cosas antes de decirlas. Aparte de eso, intento mantener mi web personal actualizada y publico reseñas literarias y entrevistas a otros escritores en alguna revista digital.

TRAYECTORIA DE D. ANTONIO TOCORNAL BLANCO

Antonio Tocornal nació en San Fernando el día del libro de 1964. Cursó estudios de Bellas Artes en Sevilla y, tras siete años en París (1984-1991), se instaló definitivamente en Mallorca.

Sus cuentos cortos han sido premiados en más de sesenta certámenes, entre los que se encuentran algunos de los más prestigiosos en castellano como el «Gabriel Aresti», el «Ignacio Aldecoa», el «Gerald Brenan», el «José Calderón Escalada» o el «Ciudad de Mula»; y ahora, el «Puente Zuazo».

Actualmente compagina su trabajo de escritor con formación personalizada de escritura creativa y trabajos de asesoramiento, y con corrección de estilo e informes de lectura para narradores y editoriales. También escribe reseñas literarias en diversos medios.

Su primera novela publicada fue La ley de los similares en 2013.

Con su novela La noche en que pude haber visto tocar a Dizzy Gillespie (Aguaclara, 2018) ganó en 2017 el XXII Premio de Novela «Vargas Llosa».

Con su novela Bajamares (Insólitas, 2020) ganó en 2018 el XIX Premio de Novela Corta «Diputación de Córdoba».

Con su novela Pájaros en un cielo de estaño (Versátil, 2020) ganó en 2020 el Premio «València» de Narrativa en Castellano Alfons el Magnànim.

Más información sobre premios, publicaciones, entrevistas, reseñas, etc., en su página de autor: www.antoniotocornal.com ( http://www.antoniotocornal.com )

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