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viernes, 7 de agosto de 2026

Pantalla de los Reyes de la Catedral de York.


Capilla Hospital Infantil Niño Jesús


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Pantalla de los Reyes de la Catedral de York
URL        : https://musicaybellasartes.wordpress.com/2026/08/06/pantalla-de-los-reyes-de-la-catedral-de-york/
Publicado  : 6 agosto, 2026.
Autor      : Mayte Delgado
Etiquetas  : #chirimia, #gaita, #trompa marina, Arpa, arte medieval, ángeles músicos, órgano portativo, Catedral de York, clavicimbalum, escultura gótica, iconografía musical, instrumentos medievales, Kings Screen, laud, música medieval, organología, Pantalla de los Reyes, pulpitum, symphonie
Categorías: Música

https://musicaybellasartes.wordpress.com/wp-content/uploads/2026/08/ccb37c7f-436f-401b-be40-75ef1f47ba4c.png?w=1024
La Catedral de York, una de las grandes joyas del gótico europeo, conserva un extraordinario patrimonio escultórico y musical.

Entre las numerosas obras maestras que conserva la Catedral de York, pocas resultan tan sorprendentes para el historiador de la música como la Pantalla de los Reyes (Kings Screen), una de las galerías de instrumentos musicales medievales más extraordinarias conservadas en Europa.

https://musicaybellasartes.wordpress.com/wp-content/uploads/2026/08/img_4547.jpg?w=682 Pantalla del coro o pulpitum de la Catedral de York, conocida como Pantalla de los Reyes por las estatuas de los monarcas ingleses que flanquean su gran arco central.

Se trata de la monumental pantalla del coro o pulpitum, tallada entre 1473 y 1500, que separa la nave del coro de la catedral. Recibe el nombre de Pantalla de los Reyes por las estatuas de los monarcas ingleses que alberga. Más allá de su extraordinaria belleza arquitectónica, este conjunto escultórico constituye uno de los testimonios iconográficos más importantes de la música europea de finales de la Edad Media. Sus cincuenta y seis representaciones de instrumentos musicales forman una auténtica «enciclopedia en piedra» de la organología del siglo XV y ofrecen una fuente excepcional para conocer los instrumentos, los intérpretes y la práctica musical de su tiempo.

https://musicaybellasartes.wordpress.com/wp-content/uploads/2026/08/img_4545.jpg?w=1024 Pantalla de los Reyes de la Catedral de York

Constituye uno de los mejores ejemplos conservados de escultura tardomedieval y reúne veinte tipos diferentes de instrumentos medievales y renacentistas, junto con las estatuas de los reyes de Inglaterra, desde Guillermo I el Conquistador hasta Enrique VI.

Instrumentos representados

La Pantalla de los Reyes ofrece una imagen excepcional de la práctica musical de finales de la Edad Media. Entre sus 56 tallas aparecen instrumentos pertenecientes a todas las grandes familias.

Detalles de músicos e instrumentos tallados en la Pantalla de los Reyes.

Instrumentos de viento: chirimías, gaitas, trompetas, flautas traveseras, flautas de pico y flautas dobles.

Instrumentos de cuerda: laúdes, arpas con bray (o arpas de clavijas vibrantes), guiternas, rotas, vihuelas de arco o fídulas, zanfonas (symphonies o hurdy-gurdies) y trompas marinas.

Instrumentos de teclado: órganos portativos, órganos positivos y clavicimbalum, antiguo instrumento de teclado y cuerda.

Percusión y canto: címbalos, instrumentos de percusión propios del bufón, triángulos, nácaras (pequeños timbales) y cantores.

Contexto histórico y artístico

La pantalla se encuentra en el interior de la Catedral de York, separando la nave del coro, y constituye uno de los elementos escultóricos más sobresalientes del templo.

Interior de la Catedral de York. La Pantalla de los Reyes se alza bajo la gran vidriera oriental, integrándose en la monumental arquitectura gótica del templo y marcando la separación entre la nave y el coro.

Sobre los músicos se alzan las estatuas de los reyes ingleses, interpretadas por los historiadores como una manifestación de propaganda política de la Casa de Lancaster, destinada a exaltar la autoridad real y la continuidad de la dinastía durante el convulso período de la Guerra de las Dos Rosas.

Detalle de la Pantalla de los Reyes. La rica decoración del gran arco combina ángeles, escudos heráldicos, figuras humanas y motivos vegetales, anticipando el extraordinario programa escultórico y musical que se desarrolla sobre el pulpitum.

Además de su extraordinario valor artístico, la Pantalla de los Reyes es una fuente de primer orden para el estudio de la iconografía musical medieval. Conserva representaciones muy detalladas de instrumentos de finales del siglo XV pertenecientes a todas las grandes familias organológicas: viento, cuerda frotada, cuerda pulsada, teclado y percusión.

Para facilitar su estudio, la iconografía musical del pulpitum puede dividirse en cuatro conjuntos, identificados según su ubicación en la pantalla.

Galería de ángeles músicos

La galería superior reúne cuarenta y dos ángeles músicos distribuidos a ambos lados de la pantalla. Sus instrumentos, catalogados de izquierda a derecha, ofrecen una extraordinaria panorámica de la práctica musical de finales del siglo XV. Algunos aparecen una sola vez, mientras que otros, como las chirimías, se repiten en varias figuras.

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Lado izquierdo de la galería: figuras 1–20

https://musicaybellasartes.wordpress.com/wp-content/uploads/2026/08/b294e712-74ff-46db-bc52-9289aac04bc6.png?w=682
Lado derecho de la galería: figuras 21–42

Músicos  de la torre central

Banda de cuerda de la torre central de la Catedral de York, situada sobre la cornisa del gran arco.

Músicos de la banda de cuerda de la torre central de la Catedral de York. El conjunto reúne instrumentos de cuerda frotada y pulsada, acompañados por pequeños timbales o nakers. Fotografías © Ian Pittaway.

Restauraciones y añadidos posteriores

La Pantalla de los Reyes también conserva figuras incorporadas durante restauraciones posteriores. Entre ellas se encuentran siete músicos tallados por Francis Bernasconi entre 1803 y 1805. Aunque imitan el aspecto general de la decoración antigua, los instrumentos de cuerda que sostienen son creaciones imaginarias y no se corresponden con modelos medievales ni renacentistas.

Siete músicos con instrumentos de cuerda imaginarios, añadidos al pulpitum por Francis Bernasconi entre 1803 y 1805. Estas figuras no representan instrumentos históricos medievales o renacentistas. Fotografías © Ian Pittaway.

Las restauraciones también introdujeron otras figuras de carácter más expresivo y fantasioso, alejadas de la precisión organológica de las tallas medievales.

Ángel músico y figura grotesca con instrumentos de cuerda, incorporados durante las restauraciones del pulpitum. Fotografías © Ian Pittaway.

Placa conmemorativa y violinista tallado hacia 1820 en el pasillo meridional del coro de la Catedral de York. Testimonio de las incorporaciones posteriores que enriquecieron la decoración musical del templo. Fotografías © Ian Pittaway.

El rey David con el arpa y Miriam con el pandero, esculturas neogóticas instaladas en la Catedral de York a comienzos del siglo XX. Ambas figuras prolongan, varios siglos después, la tradición iconográfica de los músicos bíblicos. Fotografía © Ian Pittaway.

San Juan Evangelista y santa Cecilia, representada con un órgano portativo, en la Catedral de York. Esculturas neogóticas realizadas a comienzos del siglo XX. Fotografía © Ian Pittaway.

La extraordinaria riqueza musical de la Catedral de York no puede abarcarse en una sola mirada. Desde los ángeles músicos medievales de la Pantalla de los Reyes hasta las esculturas incorporadas siglos después, sus muros conservan un excepcional recorrido por la historia de los instrumentos y de su representación artística.

Este artículo constituye únicamente una primera aproximación a la Pantalla de los Reyes. En futuras publicaciones iremos deteniéndonos en algunos de sus músicos e instrumentos más singulares, para descubrir qué aspecto tenían, cómo se tocaban y qué nos revelan sobre la música de finales del siglo XV.

Para consultar

https://youtu.be/vt8x8v-EUMw?is=0V-skfWIsHHrjh5q

https://earlymusicmuse.com/yorkminster2/

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NOTA personal: Mayte Delgado Oviedo (Familia Arnáiz, vía materna ) me dijo:

La realidad es que yo empecé buscando a un antiguo propietario de la finca La Berlandina, en Burgos, que yo conocí en mi infancia como Finca Puertas Verdes, en el camino de la Cartuja. En esa búsqueda apareció como propietario Francisco Javier Arnáiz.

El interés venía de que Rosario Arnáiz Bohigas, tía de mi abuela Sofía de Quevedo Arnáiz, estuvo casada con César Gallardo Oviedo, director del Hotel París de Burgos. A principios del siglo pasado, la finca La Berlandina era de su propiedad, y yo intentaba entender cuál había sido la conexión familiar o cómo había pasado después a la familia Oviedo.

Además, al hablarme de Álvaro Fontanals, recordé a Rafael Fontanals, a su mujer Carmen, y a sus hijas Carmen, M.ª Fernanda y Mari Paz, con quienes jugué mucho precisamente en la Finca Puertas Verdes. Incluso creo recordar que dormí una vez en su casa de Valladolid, cuando fui allí a examinarme de piano en el Conservatorio, porque en Burgos todavía no había.

Todo esto me ha hecho recuperar muchos recuerdos familiares que tenía bastante dispersos. Por eso te agradezco mucho cualquier pista que pueda ayudar a ordenar esta historia.

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miércoles, 5 de agosto de 2026

La Feria de Sevilla nació gracias a un vasco y un catalán: así surgió la gran fiesta de abril.

 

  La Feria de Sevilla nació gracias a un vasco y un catalán: así surgió la gran fiesta de abril


De mercado de ganado a icono mundial: la historia (y las anécdotas) de cómo Ybarra y Bonaplata encendieron la mecha de la Feria de Abril.


Sarah Romero.

Enlace:


feria ganado

La feria nació originalmente como un evento mercantil de ganado.


Actualmente, la Feria de Abril de Sevilla, parece una ciudad dentro de la misma ciudad; pero su origen no es, ni mucho menos, el de un evento concebido como fiesta. La feria nació con un objetivo práctico y muy del siglo XIX: la compraventa de ganado. Y, paradójicamente, su chispa inicial la encendieron dos 'sevillanos de adopción'. Por un lado, un vasco, José María de Ybarra, y por otro, un catalán, Narciso Bonaplata.

La feria surge cuando Ybarra y Bonaplata solicitan al ayuntamiento de Sevilla la recuperación de las ferias de Sevilla, una en abril y otra en septiembre. Lo de 'recuperar' no era una palabra al azar, ya que en 1254, Alfonso X el Sabio había otorgado el permiso para celebrar esas ferias, apenas seis años después de que su padre conquistara Sevilla. 


La Sevilla del XIX, sin embargo, necesitaba activar su economía y su vida comercial con una cita anual consistente. Y ahí entra la propuesta de una feria de tres días en el mes de abril, pensada para ser un gran punto de encuentro de ganaderos, agricultores y tratantes de ganado en general. La iniciativa cuajó rápido. El Ayuntamiento aprobó la petición en septiembre de 1846 y la feria se autorizó por decreto de Isabel II en 1847.

INAUGURACIÓN DE LA FERIA DE SEVILLA EN 1847: 19 CASETAS Y ÉXITO INMEDIATO

La primera feria se inauguró el 18 de abril de 1847 en el Prado de San Sebastián, con 19 casetas, y fue un éxito tan rotundo que, al año siguiente, los organizadores pedían más presencia de autoridad porque 'los sevillanos y sevillanas, con sus cantes y sus bailes, dificultaban la realización de los tratos'. La frase, recogida por el Ayuntamiento de Sevilla es tremendamente reveladora porque desde el principio, la feria mercantil llevaba dentro un alma festiva que terminaría imponiéndose sobre todas las cosas.


Como curiosidad, a aquella primera e histórica feria acudieron alrededor de 25.000 visitantes, una cifra enorme para un evento que acababa de nacer. En ella tuvieron lugar exposición de ganados, premios, pastos gratuitos en Tablada y el Prado, abrevaderos, juzgado especial, puestos de juguetes, frutas y dulces, buñolerías y tabernas…


feria sevilla

La feria ha ido ganando popularidad con el paso de los años hasta convertirse en un reclamo internacional.


UNA FERIA QUE EMPEZÓ SIENDO DE GANADO

Durante sus primeros años, la Feria tuvo un carácter campestre marcado por la venta de ganado, pero a medida que Sevilla crecía, la cita fue ganando un aire más urbano y menos rural. En la edición de 1849, apenas un par de años después, se pusieron caminos en el recinto y se empezaron a expedir licencias para tabernas y quioscos.

La transformación de mercado a fiesta se acelera con el tiempo: durante la segunda mitad del siglo XIX, otras exposiciones y ferias comerciales le restan exclusividad mercantil; y ya en el siglo XX, la Feria se centra cada vez más en el festejo, dejando por completo de lado su componente mercantil a mediados del siglo XX. Dicho de otra forma: lo que empezó para vender ganado terminó como un gran mecanismo de identidad colectiva, transformándose en una expresión singular de color y alegría (y ganando días con ello). Hoy se celebra durante seis días cada año.


LA ESTÉTICA DE LA FERIA TAMBIÉN CAMBIÓ

Hay un momento clave en la construcción visual de la Feria moderna: la portada. Si bien en 1896 se instaló la Pasarela, por ejemplo, una estructura de hierro al final de la calle San Fernando, con iluminación (y focos eléctricos desde 1906), acabó desmontándose en 1921, pero dejó la idea de que la Feria necesitaba un 'umbral', un símbolo importante de entrada. Desde entonces, comenzó a levantarse anualmente una portada, y en 1949 se colocó la primera de gran envergadura.

Otro hito esencial llega en 1973, cuando el recinto se traslada desde el Prado de San Sebastián al barrio de Los Remedios. La mudanza permitió ampliar el número de casetas a más de seiscientas y, con el tiempo, el Real crecería hasta albergar más de mil casetas. Y es que si hay un elemento que define la Feria -más que el albero o los farolillos-, son las casetas.

En los primeros tiempos, las casetas eran más bien establos pero con los años se convirtió en un espacio social, gastronómico y musical y con su propia sociología con la aparición de casetas de familias, de hermandades, de partidos, de distritos… y casetas públicas o de entidades con entrada libre.


La Feria de Abril nació de una necesidad económica que acabó creando un espacio común donde la ciudad se encuentra consigo misma y, casi dos siglos después, el Real sigue funcionando como una promesa anual donde durante una semana, la vida se muda a un lugar efímero donde solo reina la alegría y la música.




Escuelas de Marina San Carlos III y Casa Micolta. San Fernando. Isla de León.


Historia - Escuelas de la Armada - Armada - Ministerio de Defensa - Gobierno de España https://share.google/BqSkbyhbUNTS4Tu8r

SAN FERNANDO. Ayer y hoy...y otras historias.: ESCUELA DE SUBOFICIALES https://share.google/zF1ZTgFXeGbwXR4E9

Una gran historia para San Fernando https://share.google/ZQ73DauBSreHX6RkJ

Casa Micolta

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FOTOS: CASA MICOLTA ( Isla de León ). C/ Real de San Fernando.

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Blog Historia Urbana de Madrid: Galdós, el joven periodista desde la veleta de Santa Cruz. Madrid, 1865. Casa Arnáiz. Barbarita Arnaiz.

 


Enlace:

Historia Urbana de Madrid: Galdós, el joven periodista desde la veleta de Santa Cruz. Madrid, 1865. Casa Arnáiz. Barbarita Arnaiz. 

lunes, 17 de febrero de 2020

Galdós, el joven periodista desde la veleta de Santa Cruz. Madrid, 1865

El 3 de febrero de 1865 Benito Pérez Galdós publicará su primer artículo en el diario progresista La Nación. Ya conocía Madrid al detalle; mentidero seccionado en barrios, fuente inagotable de información y de recursos literarios que, para el gran observador y ahora periodista, habían representado su mayor aprendizaje.

Meses más tarde, el domingo 29 de octubre, en el habitual espacio que ocupaba su Revista de la Semana, Galdós recomendará a los novelistas modernos elevarse a las torres más altas. Él lo hará, con el sugerente título de «Desde la veleta» como introducción a los temas de la semana. Tan conocedor del paisaje madrileño, se le antojará imaginarse veleta en el campanario de la iglesia de Santa Cruz.


La Plaza Mayor desde la Torre de Santa Cruz.
Parcerisa Boada, Francisco Javier.
Biblioteca digital memoriademadrid. Núm Inventario: Inv. 2491.
Descripción: "CASTILLA LA NUEVA. / Dibº. del nat. y litª por F. J. Parcerisa -- Lit. de J. Donon.
MADRID: PLAZA MAYOR. / desde la torre de Sta. Cruz". Litografía. 21 x 29,2 cm


La iglesia de Santa Cruz
Don Ramón de Mesonero Romanos, aquel curioso parlante que fue su amigo, contará en 1861 la historia de la iglesia parroquial que daba nombre al arrabal de Santa Cruz. La primitiva ya no existía. Su torre, aunque muy antigua, tampoco era la original. Había sido derribada en 1632 por su estado ruinoso y reconstruida a costa del Ayuntamiento y los vecinos de la parroquia. De planta cuadrada y sin ornato, por sus 144 pies de altura (43,89 metros) predominaba en una de las zonas más elevadas del antiguo Madrid, lo que la hacía digna de ser llamada «la atalaya de la corte».

Se dice que la veleta de Santa Cruz estaba en línea recta con el cerrojo de la puerta de Santa Bárbara.

La iglesia, después de varios incendios tuvo que ser reedificada en 1767 y en ocasiones restaurada durante el siglo XIX hasta su completa desaparición.

La Correspondencia de España del día 11 de junio de 1860 publicaba un premonitorio artículo en la columna Diario de las familias. Emulando el diálogo con un parroquiano, decía que se había cerrado la iglesia «para derribar su media naranja porque está desplomada. Esto quiere decir que se van a gastar 25,000 duros en renovarla para que dentro de dos o tres años la piqueta deshaga esta obra como todo el templo». Además, se insinuaba que Santa Cruz debía ubicarse en el templo de Santo Tomás, que estaba en frente, sobre la calle de Atocha…, y así ocurriría años más tarde.

El 22 de marzo de 1861 el mismo periódico anunciaba que ya había finalizado la construcción de la cúpula y que probablemente en unos meses terminarían «las obras de reparación, ornato y restauración de este templo».

Tal como había anunciado La Correspondencia de España en 1860, la iglesia será trasladada a Santo Tomás y derribada en 1869. Sólo se conserva el muro lateral, sobre la calle de la Bolsa (antigua plazuela de la Leña), donde estuvo la capilla de los Ajusticiados.

El joven Benito conocerá este templo y verá el trasiego de gente que acudía a sus oficios; oirá sus campanas, y quizá presencie la salida de los cortejos fúnebres, especialmente los más suntuosos, como el de Antonio María del Valle, exministro de Hacienda y primer subgobernador del Banco de España.


La Correspondencia de España. 16 de mayo de 1863

A la plaza homónima, vecina de la de Provincia, concurría la sociedad madrileña en Navidad por su mercado y el Domingo de Ramos por la presencia de la comitiva del Ayuntamiento. Lejos había quedado la costumbre de poner en la esquina de la plaza un altar con el crucifijo que acompañaría al suplicio a los reos sentenciados.

Y en aquel escenario de arrabal medieval y de los Austrias, el joven Galdós trazará años más tarde un mapa detallado del Madrid que identificamos como galdosiano.


Parroquia de Santa Cruz
Carlos MÚGICA y PÉREZ
Biblioteca digital memoriademadrid. Núm Inventario: Inv. 1965.
Descripcion: "MADRID ARTISTICO. / Mujica litº. PARROQUIA DE STA. CRUZ Litogª de Perez Bº "
Litografía. 17,2 X 22,6 cm


Pero hasta aquí llegamos con esta historia, porque nos ocuparemos ahora de la de dos casadas, con nuestro interés puesto en la iglesia que hasta el año 1869 estuvo en la plaza homónima.

Muchos años pasarán, además de unas cuantas exitosas novelas y dos series de los Episodios Nacionales, hasta que Galdós vuelva a ser veleta sobre la torre de la iglesia para introducirnos en Fortunata y Jacinta.

Barbarita y Baldomero
Barbarita Arnaiz había nacido en la calle de Postas, esquina con el callejón de San Cristóbal. Por su parte, Baldomero I Santa Cruz tenía una tienda de paños del Reino en la calle de la sal.

Fue en tiempos de la regencia de María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, el 3 de mayo de 1835, cuando Barbarita Arnaiz y Baldomero II Santa Cruz contrajeron matrimonio en la iglesia de Santa Cruz. Vivirán primero en la casa de Baldomero, que estaba en la plazuela de la Leña y más tarde en la plaza de Pontejos. De la unión nacerá diez años más tarde su único hijo, Juanito, el Delfín. Será en septiembre de 1845, reinando Isabel II.

Plácido Estupiñá
Citado Mesonero Romanos, es propio mencionar, porque así lo refiere Galdós, que Plácido Estupiñá había nacido en 1803 y «se llamaba hermano de fecha de Mesonero Romanos, por haber nacido como éste, el 19 de julio del citado año».

Personaje peculiar, Estupiñá era fiel servidor de los Arnaiz desde su juventud, y más tarde de Barbarita. No era hombre de misa diaria, sino de varias misas al día; además de hermano de la Paz y la Caridad, cofradías que junto con la de las Ánimas y la de Confiteros, formaban las de la parroquia de Santa Cruz. Vivía, como todos sabemos, en los altos de la Plaza Mayor, a tiro de piedra de varios templos.

Era gran madrugador, y por la mañanita con la fresca se iba a Santa Cruz, luego a Santo Tomás y por fin a San Ginés. Después de oír varias misas en cada una de estas iglesias, calado el gorro hasta las orejas, y de echar un parrafito con beatos o sacristanes, iba de capilla en capilla rezando diferentes oraciones. Al despedirse, saludaba con la mano a las imágenes, como se saluda a un amigo que está en el balcón, y luego tomaba su agua bendita, fuera gorro, y a la calle.

Cuando Santa Cruz y su torre desaparecieron bajo los escombros, Plácido y Barbarita lo pasaron muy mal. Y no mejor cuando se levantó una casa sobre el santo solar.

Por aquello de ser hombre no lloraba. Barbarita, que se había criado a la sombra de la venerable torre, si no lloraba al ver tan sacrílego espectáculo era porque estaba volada, y la ira no le permitía derramar lágrimas (…) Cuando el templo desapareció; cuando fue arrasado el suelo, y andando los años se edificó una casa en el sagrado solar, Estupiñá no se dio a partido. No era de estos caracteres acomodaticios que reconocen los hechos consumados. Para él la iglesia estaba siempre allí, y toda vez que mi hombre pasaba por el punto exacto que correspondía al lugar de la puerta, se persignaba y se quitaba el sombrero.

PLANO DE SITUACIÓN
Historia urbana de Madrid - ISSN 2444-1325



Galdós, desde la veleta
Transcribimos a continuación parte del texto publicado en el faldón de La Nación aquel día de octubre de 1865. Omitimos el contenido de los títulos Carta a la Academia de la Lengua - Teatros - Il Saltimbanco - La señora States y el tenor Fancelli - El barítono señor Merly; muy interesantes todos ellos.



Veintidós años tenía Benito Pérez Galdós cuando su mente creadora le llevó a encaramarse en lo más alto de la villa y corte, desde atalaya donde poder contemplar vidas anónimas, las mismas que más tarde plagarían de realidad sus novelas, sus cuentos y la historia de una España empequeñecida desde la veleta.




En tanto que las miradas no se apartan de las veletas que giran en los campanarios, las interrupciones que había sufrido la vida orgánica y política de la corte de España van desapareciendo, y pronto las funciones que caracterizan su existencia volverán a aparecer con los mismos determinados síntomas. Si las veletas, que son ahora el objeto que más atraen nuestra vista pudieran contemplar desde su altura el aspecto de la población y medir en su imperturbable círculo el movimiento de la multitud, ¡con cuánto placer olvidarían su tarea de señalar el caprichoso correteo de Eolo para fijar en la tierra su aguja inflexible como un dedo acusador; para escudriñar con veleidosa atención las posiciones que el viento de tierra hace tomar a los individuos que andan por esas calles sometidos a su versátil influencia!

Es preciso confesar que el nido de la cigüeña es una magnífica tribuna donde más de un orador pudiera anatematizar la corrupción de la villa, y sería el más feliz de los mortales aquel que pudiera asirse a la campana como el buen Quasimodo, y contemplar dando volteletas en el aire el inmenso panorama que se extiende bajo el horizonte que describe la veleta en su incesante movimiento. Imaginemos una escursion a vista de pájaro; y ya que no podemos como el diablo Cojuelo levantar los tejados para registrar con nuestra mirada las interioridades de las habitaciones, ya encontraríamos asunto para divertirnos en la simple contemplación de las calles y de los dramas, sainetes y comedias que desenvuelven su complicada acción en más de una esquina.

Qué magnífico sería abarcar en un solo momento toda la perspectiva de las calles de Madrid; ver el que entra, en que sale, el que ronda, el que aguarda, el que acecha; ver el camino de este, el encuentro, la sorpresa del otro; seguir al simón que es bruscamente alquilado para dar cabida a una amable pareja; verle divagar como quien no va a ninguna parte; verle parar depositando sus tórtolos allí donde un ojo celoso no se oculte entre el gentío; ver el carruaje del ministro, pedestal ambulante de dos escarapelas rojas, dirigirse a la oficina o a Palacio, procurando llegar antes que el coche del nuncio; mirar hacía la Castellana y ver la vanidad arrastrada por elegantes cuadrúpedos, midiendo el reducido paseo, como si el premio de una regata se prometiera al que da más vueltas; sorprender las maquinaciones amorosas que en aquel laberinto de ruedas se fraguan durante el momentáneo encuentro de dos vehículos; ver al marido y a la mujer arrastrados en dirección contraria, rodando el uno hacia el naciente y la otra hacia el poniente, permitiéndose, si se encuentran, el cambio de un frío saludo; ver la gente pedestre en el paseo de la izquierda contemplando con envidia la suntuosidad del centro; seguir el paso incierto del tahur que encamina al garito; ver descender la noche sobre la villa y proteger en su casta oscuridad la pesca nocturna que hacen en las calles más céntricas las estucadas ninfas de la Calle de Gitanos; oír la serenata que suena junto al balcón y contemplar la rendija de luz que indica la afición musical de la beldad que vela en aquella alcoba; esperar el día y ver la escuálida figura del jugador que tiritando y soñoliento entra en el café a confortarse con un trasnochado chocolate; ver los mercados abriendo al público sus pestíferos armarios; ver al sacristán moviendo el pesado cerrojo de la puerta santa y contar las primeras mogigatas que suben las sucias escaleras del templo; ver de quién es el primer cuarto que recoge el ciego en su mano petrificada; ver salir de una puerta un ataúd gallegamente conducido, y saber dónde ha muerto un hombre; ver salir al comadrón y saber dónde ha nacido un hombre; ver… pero a dónde vamos a parar.

¡Cuántas cosas veríamos de una vez si el natural aplomo y la gravedad de nuestra humanidad nos permitieran ensartarnos a manera de veleta en el campanario de Santa Cruz que tiene fama de ser el más elevado de esta campanuda villa del oso! ¡Cuántas cómicas o lamentables escenas se desarrollarían bajo nosotros! ¡Qué magnífico punto de vista es una veleta para el que tome la perspectiva de la capital de España!

Recomendamos a los novelistas que tan a saber explotan la literatura moderna el uso de este elevadísimo asiento, donde sus ojos podían ver de un sólo golpe lo que jamás pudieron ver ojos madrileños; donde sus plumas podrán tomar, oportunamente remojadas, toda la hiel que parece necesaria a sazonar el amargo condimento de la novela moderna. Suban a las torres, y allí colocados a horcajadas en el cuadrante, con un pie en el Ocaso y otro en el Oriente, podrán crear un género literario remontadísimo, que desde hoy nos atrevemos a bautizar con el nombre de literatura de veleta.
B. PÉREZ GALDÓS


Así describió Galdós la vida madrileña desde una supuesta altura. Suave crítica, delicado humor e ironía en este texto más semejante a una obrita o cuento que a un artículo de prensa.

Aquella «literatura de veleta» será para el escritor y dramaturgo la auténtica renovación de la novela española; la fotografía de una sociedad; el mapa exacto del Madrid decimonónico; la crónica e historias de la urbe y sus gentes; la historia de una España no tan diferente, de la que todo cuanto Galdós dijo continúa vigente.


El presente artículo, donde se muestra a Galdós como un joven periodista, es el fruto de la conversación mantenida con D. Germán Gullón hace unos días. A él se lo dedico.

Eduardo Valero García

Identifican dos sermones inéditos de San Agustín sobre uno de los pasajes bíblicos más inquietantes.

 


San Agustín de Hipona

La Biblioteca Diocesana de Pelplin, en la región de Pomerania, al norte de Polonia, custodiaba sin saberlo un auténtico tesoro.

Situada junto a la imponente catedral gótica, heredera de siglos de oración cisterciense, este santuario del saber conservaba un manuscrito medieval cuya relevancia ha salido a la luz.

En 2024, Paul Alexander Nebauer, investigador independiente especializado en la historia medieval del antiguo monasterio cisterciense de Bad Doberan (Alemania), contactó con Christian Tornau, profesor de Filología Clásica (Latinística) en la Universidad de Würzburg para proponerle una misión: había localizado un códice medieval que contenía varios sermones atribuidos a San Agustín y necesitaba ayuda para identificarlos y traducirlos.

Las estanterías de la Biblioteca Diocesana de Pelplin (Polonia) donde se conservaban los manuscritos. Crédito: Biblioteca Diocesana de Pelplin

Tornau, considerado uno de los mayores especialistas alemanes en la obra de San Agustín de Hipona y en la literatura cristiana de la antigüedad tardía, aceptó el reto.

Para un observador no especializado, el manuscrito podría parecer poco más que un conjunto de páginas envejecidas, de tonos amarillentos y olor a documento antiguo.

Sin embargo, la exhaustiva investigación filológica llevada a cabo por Tornau, junto con Clemens Weidmann, investigador del Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum (CSEL) de Viena (Austria), y un equipo de jóvenes académicos, acabó revelando un hallazgo de enorme importancia.

El manuscrito fue copiado en el monasterio de Doberan durante el siglo XII y pudo haber sido transcrito a partir de un códice más antiguo procedente de Amelungsborn, histórico monasterio cisterciense situado en el actual estado alemán de Baja Sajonia.

De los cuatro sermones analizados, dos ya eran conocidos por los especialistas: uno reconocido como auténticamente agustiniano y otro clasificado como pseudoagustiniano. Los otros dos, en cambio, no pudieron ser identificados de inmediato.

El profesor Christian Tornau, profesor de latín en la Universidad de Würzburg, en Alemania, leyendo el manuscrito en la pantalla. Crédito: Cortesía Prof. Tornau

“Transcribimos los nuevos textos y empezamos a analizarlos con vistas a una futura edición. Estábamos fascinados, por supuesto, por la idea de haber encontrado nuevos sermones de San Agustín, pero pronto nos volvimos escépticos porque en algunos lugares los sermones no parecían escritos por Agustín”, explica Tornau a ACI Prensa.

Dos años de investigaciones para verificar la autenticidad

Sin dejarse llevar por el fogonazo de la emoción, los investigadores quisieron someter el descubrimiento a las máximas exigencias académicas antes de darlo por válido. “Nuestro veredicto final de que son auténticos es el resultado de un trabajo filológico continuo durante casi dos años”, señala el académico alemán.

Parte de ese trabajo se desarrolló en el marco de una escuela de verano organizada por el CSEL en Viena en 2025, en la que participaron doctorandos y jóvenes investigadores especializados en literatura cristiana antigua. Tras un análisis minucioso de los textos y de su transmisión manuscrita, el equipo concluyó que no existían objeciones serias para poder atribuirlos a San Agustín.

Según el investigador, aunque entre la época de San Agustín, en el siglo V, y el manuscrito conservado median varios siglos de transmisión textual, el documento ofrece una versión sorprendentemente fiable.

El académico Christian Tornau acreditó junto a una veintena de especialistas la autoría de San Agustín en los dos sermones. Crédito: Cedida por el Prof. Tornau.

“Hay varios siglos entre Agustín y este escriba del siglo XII, por lo que es fácil imaginar que se produjeron errores durante la transmisión. Sin embargo, disponemos de un texto bastante bueno y, con algunas correcciones críticas, podemos reconstruir en gran medida lo que San Agustín dijo”, explica.

Entre los argumentos más sólidos figura la datación de los sermones en la Antigüedad tardía, entre los siglos V y VII, así como la descripción de prácticas litúrgicas que, en palabras de Tornau, “no sería imaginable en la Edad Media”.

Además, según el investigador, “el trasfondo es norteafricano, como queda claro por la oración conclusiva del primer sermón, que sólo está atestiguada en el África de la Antigüedad tardía”.

Los especialistas también comprobaron que el autor poseía un conocimiento profundo del pensamiento agustiniano, aunque sin limitarse a reproducirlo mecánicamente.

“El predicador está familiarizado con el pensamiento y las obras de San Agustín, pero no las copia simplemente, lo que podría constituir una señal de no autenticidad”, explica.

Asimismo, añade que “los sermones no contienen nada que no pudiera haber sido dicho por Agustín, ya sea desde el punto de vista lingüístico o exegético y teológico”.

Tras contrastar expresiones, argumentos y rasgos textuales con el conjunto de la obra agustiniana conservada, los investigadores llegaron a una conclusión firme.

“Como el predicador resulta indistinguible de San Agustín, consideramos metodológicamente seguro aceptar la autoría de San Agustín en lugar de inventar un ‘discípulo’ o ‘seguidor’ anónimo”, afirma Tornau.

Un pasaje bíblico que planteaba un gran problema teológico

Los dos sermones giran en torno a uno de los episodios más complejos del Antiguo Testamento: la consulta del rey Saúl a la adivina —o “bruja”— de Endor, narrada en el capítulo 28 del Primer Libro de Samuel.

la primera página de uno de los dos nuevos sermones. Crédito: Pelplin, Ms. 114 (195), fol. 14r (Copyright: Biblioteca Diocesana de Pelplin)
la primera página de uno de los dos nuevos sermones. Crédito: Pelplin, Ms. 114 (195), fol. 14r (Copyright: Biblioteca Diocesana de Pelplin)

Según el relato bíblico, abandonado por Dios y desesperado ante la amenaza de los filisteos, Saúl recurre a una nigromante para invocar al profeta Samuel. El profeta aparece y le anuncia su muerte inminente.

“Esta narración fue un problema para la exégesis cristiana antigua. ¿Cómo puede una nigromante ejercer un poder mágico, diabólico, sobre Samuel, un santo de Dios? ¿Es Dios incapaz o no está dispuesto a impedirlo? Evidentemente, esto plantea la cuestión de la teodicea”, explica Tornau.

Antes de San Agustín predominaban dos interpretaciones principales. La primera sostenía que Samuel había aparecido realmente, aunque por voluntad o permiso divino y no como resultado de la magia. La segunda defendía que la aparición era, en realidad, un espíritu maligno que adoptaba la apariencia del profeta para engañar a Saúl.

La novedad es que ahora aparecen dos sermones específicos en los que el obispo de Hipona aborda el asunto ante sus fieles y no descarta ninguna de las dos posibilidades.

“En los nuevos sermones, San Agustín discute ambas posibilidades, con sus ventajas e inconvenientes, y concluye que las dos son aceptables porque ninguna contradice la fe cristiana”, señala el profesor.

Para Tornau, esta postura refleja un rasgo distintivo del obispo de Hipona. “Esta apertura a interpretaciones divergentes de la Escritura es característica de Agustín en general”, afirma.

Según el especialista, el doctor de la Iglesia y una de las inteligencias más relevantes y decisivas de la Filosofía universal, adopta una actitud mucho más dialogante que la de otros autores antiguos, que tendían a polemizar con dureza contra las opiniones opuestas.

La gran sorpresa: una posible salvación de Saúl

El aspecto más llamativo de los nuevos textos es una hipótesis inédita en la tradición agustiniana conocida hasta ahora.

“El elemento más notable de los nuevos sermones es la idea de que Saúl, después de escuchar la profecía de Samuel, pudo haberse arrepentido y haber sido redimido”, explica Tornau.

La primera página de uno de los dos nuevos sermones. Crédito: Pelplin, Ms. 114 (195), fol. 18v (Copyright: Biblioteca Diocesana de Pelplin)
La primera página de uno de los dos nuevos sermones. Crédito: Pelplin, Ms. 114 (195), fol. 18v (Copyright: Biblioteca Diocesana de Pelplin)

Según el investigador, esta interpretación no tiene paralelos ni en las obras conocidas del obispo de Hipona ni en la exégesis cristiana antigua, donde la figura de Saúl suele presentarse de manera decididamente negativa.

En estos sermones, San Agustín parece sugerir que incluso un personaje tan controvertido como el primer rey de Israel pudo haberse abierto finalmente a la gracia divina.

“La idea puede ser una invención puntual de Agustín o quizá tuvo acceso, de forma directa o indirecta, a la exégesis judía rabínica, mucho más positiva respecto a Saúl”, apunta el especialista.

Sea como fuere, Tornau considera que esta interpretación arroja luz sobre un aspecto fundamental del pensamiento agustiniano.

“Su independencia intelectual y su disposición a considerar que cualquiera, incluso quienes parecen más malvados, es capaz de alcanzar la salvación mediante la gracia de Dios”, asegura.

Para el experto, esta intuición refleja con precisión la personalidad del gran Padre de la Iglesia que murió en el año 430 y cuya obra ha marcado durante siglos la teología, la filosofía, la espiritualidad y la cultura europea: “Esto combina honestidad intelectual y humildad episcopal de un modo notable y muy agustiniano”.

El siguiente paso es elaborar una edición crítica del texto latino con traducción alemana y una introducción sustancial que explicará la historia del descubrimiento, describirá el manuscrito, su contenido y datación, y ofrecerá un contexto de los nuevos sermones dentro de la obra de San Agustín y de la historia de la exégesis cristiana. La publicación podría ver la luz a comienzos del 2027.

El descubrimiento ya ha suscitado numerosas reacciones en ambientes académicos y eclesiales. “Quizá también porque el Papa es agustino, lo que ha aumentado el interés por San Agustín”, comenta Tornau que espera poder entregarle a León XIV en mano la futura edición crítica.






martes, 4 de agosto de 2026

Francisco Pizarro. Relación con Diego de Almagro, El Viejo.



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                                                                     PIZARRO

Orígenes y juventud
Francisco Pizarro nació en Trujillo (Extremadura), hijo ilegítimo de Gonzalo Pizarro “El Largo” y Francisca González, una mujer humilde. Su infancia transcurrió en la pobreza, aunque sin llegar a la miseria. Se cree que trabajó cuidando cerdos antes de marchar a Sevilla hacia 1493, atraído por el auge del descubrimiento del Nuevo Mundo.

En 1502 se embarcó con Nicolás de Ovando rumbo a la Isla Española, iniciando su vida militar y colonial. Participó en campañas de pacificación y fundación de villas, destacando por su prudencia y resistencia.

Primeras expediciones y formación como conquistador
Entre 1509 y 1513, sirvió bajo las órdenes de Alonso de Ojeda y luego de Vasco Núñez de Balboa, participando en la fundación de Santa María la Antigua del Darién y en el descubrimiento del Mar del Sur (Océano Pacífico).
Su experiencia lo convirtió en un “baqueano”, un conocedor de las Indias.

En 1518, Pedrarias Dávila le ordenó arrestar a Balboa, lo que cumplió fielmente, ganando su confianza. Fue nombrado regidor y alcalde de Panamá, consolidando su posición social y económica. En 1522, recibió encomiendas de indios y tierras, lo que lo convirtió en un hombre acomodado.

Sociedad con Almagro y Luque
En 1523, tras las noticias de las riquezas del Perú, Pizarro formó una sociedad con Diego de Almagro y el clérigo Hernando de Luque.
Los tres reunieron fondos y organizaron expediciones hacia el sur para explorar las tierras del Pirú o Virú.

Primer viaje (1524–1525)
Partió con 112 hombres en la carabela Santiago. La expedición fue un fracaso: hambre, enfermedades y ataques indígenas. Pizarro fue herido y muchos desertaron.

Segundo viaje (1526–1527)
Con dos carabelas (Santiago y San Cristóbal), exploraron el río San Juan y descubrieron la balsa tumbesina, evidencia del desarrollo del Imperio inca.
En la Isla del Gallo, Pizarro protagonizó el célebre episodio de los Trece de la Fama, cuando trazó una línea en la arena y solo trece hombres decidieron seguirlo.

Capitulación de Toledo (1529)
Pizarro viajó a España para obtener autorización real. El 26 de julio de 1529, firmó la Capitulación de Toledo, que lo nombraba:

Gobernador, adelantado y alguacil mayor del Perú (Nueva Castilla).
Almagro fue designado alcalde de Tumbes.
Luque, obispo y protector de los indios.
Los Trece de la Fama recibieron hidalguías.

Regresó a Trujillo, reclutó a sus hermanos Hernando, Juan y Gonzalo, y partió nuevamente hacia América con cuatro navíos en 1530.

Conquista del Imperio Inca
Tercer viaje (1531–1533)
Tras fundar San Miguel de Tangarará (1532), Pizarro marchó hacia Cajamarca para encontrarse con el inca Atahualpa, quien acababa de vencer a su hermano Huáscar en una guerra civil.

El 15 de noviembre de 1532, Pizarro emboscó al ejército inca en Cajamarca. Con apenas 160 hombres, logró capturar a Atahualpa, aprovechando el factor sorpresa y la superioridad táctica.

El rescate de Atahualpa
El inca ofreció llenar una habitación de oro y dos de plata para obtener su libertad. Pizarro aceptó, pero las tensiones entre los españoles llevaron a su ejecución el 26 de julio de 1533, tras un juicio político y religioso.
Aunque Pizarro no apoyó abiertamente la muerte del inca, tampoco la impidió.

Fundaciones y gobierno
Tras la ejecución, los españoles eligieron a Túpac Huallpa como nuevo inca, subordinado a Pizarro.
El 14 de noviembre de 1533, entraron en Cuzco, y el 23 de marzo de 1534, Pizarro fundó oficialmente la ciudad bajo dominio español.

En 1535, fundó Lima (Ciudad de los Reyes), futura capital del Perú, tras explorar el valle del Rímac. También fundó Trujillo y consolidó su poder político y económico.

Conflictos con Almagro
La amistad con Diego de Almagro se deterioró por los límites entre las gobernaciones de Nueva Castilla (Pizarro) y Nueva Toledo (Almagro).
Almagro regresó enfermo de su expedición a Chile y reclamó el Cuzco, lo que provocó enfrentamientos armados.
En 1537, ambos se reunieron en Mala para intentar reconciliarse, pero la desconfianza persistió.
Hernando Pizarro, liberado por Almagro, organizó un ejército para enfrentarlo, iniciando una guerra civil entre conquistadores.

Vida personal
Tuvo varios hijos con mujeres indígenas, entre ellos:

Francisca Pizarro Yupanqui, hija de Inés Huaylas Ñusta, descendiente del inca Huayna Capac.
Gonzalo Pizarro Yupanqui, nacido en Lima en 1535.

Legado y carácter
Francisco Pizarro fue un hombre iletrado pero astuto, ambicioso y perseverante, capaz de imponerse en circunstancias extremas.
Su conquista del Perú transformó radicalmente el continente, aunque estuvo marcada por la violencia, la traición y la rivalidad entre los propios conquistadores.

La vida de Pizarro resume el espíritu contradictorio de la conquista:

Audacia y crueldad,
Fe y ambición,
Genio militar y pragmatismo político.

De origen humilde, llegó a ser uno de los hombres más poderosos del Nuevo Mundo, fundador del virreinato más rico de América y protagonista de una de las epopeyas más decisivas de la historia universal.
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Nota:
Lo contenido en este "post" es una síntesis desarrollada por IA de la biografía de Francisco Pizarro que está publicada en la web de la Real Academia de la Historia. El enlace a esa biografía estará publicado en el primer comentario.
La imagen ha sido desarrollada por IA para documentar este post. Las imágenes no tienen como objetivo el reflejar la realidad, antes al contrario, lo que pretendemos es no publicar nada que pueda violentar los derechos de autor que imágenes reales pudieran tener.

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NOTA personal:
Mi hijo Fer & Mª del Mar de Almagro y Rodríguez de Trujillo son los padres de mi nieta Mar de Arnáiz y de Almagro.
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