PUNTO DE ENCUENTRO DE AMIGOS, FAMILIARES, DE LOS ARNÁIZ QUE NAVEGAN EN SINGLADURAS PROPICIAS MUNDO ADELANTE, Y DE TODA LA GENTE DE BONHOMÍA, QUE LO DESEE, DISPONGA DE TIEMPO, GANAS DE EVADIRSE Y BUENA VOLUNTAD. LEMBRANZAS DE FAMILIA.
Efectivamente tres hermanos nacidos en Valladolid apellidados Mengotti Arnáiz estuvieron vinculados al Club blanco, al Real Madrid.
1º- Adolfo Mengotti Arnáiz. Mediocentro. Fue el más destacado y titular indiscutible en el primer equipo durante la época de 1919 a 1925. Incluso conquistó la Medalla de Plata representando a la Confederación Helvética ( Suiza ) en los Juegos Olímpicos de París. Consta en la página 54 del Libro del Real Madrid, en donde aparece citado con su Medalla Olímpica de París.
Adolfo Mengotti Arnáiz
12/11/1901
Posición en el campo: Centrocampista Partidos jugados: 29 oficiales Palmarés: 4 Campeonatos Regionales
2º- Arturo Mengotti Arnáiz. Portero. Formó parte de la plantilla oficial del club entre 1921 y 1026. Luego fichó por el Atlético de Madrid.
3º- Francisco Mengotti Arnáiz. Delantero. Jugó de forma más ocasional durante los veranos junto a sus hermanos.
"En la página 54 del libro Del Real Madrid está Adolfo Mengotti con su medalla olímpica".
Eran 14 hermanos inicialmente, aunque murieron tempranamente cinco ( 5 ), quedando nueve ( 9 ) hermanos, contando chicos ( 6 ) y chicas ( 3 ), entre estos nueve estaba Carlos Mengotti Arnáiz padre de Miguel Arturo Mengotti ( Carlota, vecinos de La Coruña ) padre a su vez de Arturo Mengotti. Alguno inclinado más al boxeo.
ENLACES:
Adolfo Mengotti Arnáiz - Historia y palmarés | Web oficial Real Madrid C.F.:
ALFREDO MENGOTTI FIORENTINI & MATILDE ARNÁIZ DE QUIRÓS ( Casa Bernaldo de Quirós. Ver en movimiento nobiliario de 1931-1940, PDF 264 páginas a Mengotti un hijo de Alfredo M. )
Suizo protestante aunque nacido en Bolonia, convertido al catolicismo al casarse con Matilde, murió en 1925.
Matilde era hermana de Sara y de Leonor Arnáiz de Quirós ( nacida en Cuba y abuela de nuestra prima Lydia Amigó del Portillo, viuda de Spaulding recién fallecida con 90 años en Carolina del Sur. EEUU.
Lydia en Vaticano con ( San ) Juan Pablo II, Papa
Padres de Alfredo, Enrique, Paco ( 1900 ), Adolfo, Arturo, Matilde, Teresa, Carlos y Leonor ( muy destacada en la sociedad vallisoletana de los 50 ).
Representante Plenipotenciario ( Embajador ) de SUIZA en ESPAÑA y Portugal con sede en Madrid y Lisboa:
Alessandro Malaspina, el marino que lideró la mayor expedición científica española y acabó en prisión
De la gloria del Imperio al injusto cautiverio, la vida del italiano que lideró la mayor gesta científica de la Armada española en el Siglo de las Luces
La historia de España del siglo XVIII no se entiende sin sus marinos, hombres de ciencia y combate que cartografiaron el mundo y defendieron el Imperio por encima de su propio interés. Aunque poco conocido, uno de ellos fue Alessandro Malaspina, militar y científico que lideró la mayor expedición científica del siglo, fue encarcelado y acabó exiliado en su tierra natal.
El mérito que no le fue reconocido en vida bien merece contarse porque su historia es la muestra de que España todavía era una potencia marítima en el Siglo de las Luces.
Nacido en 1754 en la localidad de Mulazzo, en la región de la Toscana, en el seno de una familia noble de la que todavía hoy se conserva el castillo, Malaspina dejó la comodidad de su hogar a los veinte años. En 1773, viajó a la isla de Malta para ingresar como caballero en la prestigiosa Orden de Malta. Después se trasladó a España para ingresar en la Academia de Guardiamarinas, donde se formó como oficial de la Armada española.
Participó en el socorro de Melilla de 1775 y en la batalla del cabo de Santa María en 1780, al mismo tiempo que completaba su formación científica. Siguiendo el legado de Jorge Juan, Malaspina mostró grandes cualidades en asignaturas técnicas, al igual que como marino destacó por mandar la fragata Astrea en una navegación hacia Filipinas.
De la expedición Malaspina a la cárcel.
La mayor misión de su vida no empezó hasta 1788, cuando Malaspina y José Bustamante presentaron a Carlos IV un proyecto inmenso de exploración científica y diplomática. El 30 de julio de 1789 partieron de Cádiz las corbetas Descubierta y Atrevida, con 204 hombres a bordo: marinos, carpinteros, médicos, pero también hidrógrafos, botánicos, pintores y astrónomos.
Durante cinco años, Malaspina y ambas dotaciones recalaron en 35 puertos, pasando desde el Cabo de Hornos y Montevideo hasta las remotas costas de Alaska, que España se disputaba con Gran Bretaña y Rusia. Hoy, un glaciar de unos 4.000 kilómetros cuadrados lleva el nombre de Malaspina.
Litografía de la corbeta 'Atrevida' durante su exploración de Alaska el 28 de enero 1794Biblioteca Virtual de Defensa
El objetivo fue científico y diplomático: catalogaron más de 500 especies animales y 14.000 plantas, además de actualizar la cartografía de los territorios bajo soberanía española. Detrás de esa faceta científica existía una misión secreta. El marino portaba instrucciones reservadas para evaluar la seguridad de los puertos de la Hispanidad y reconocer los asentamientos ingleses y portugueses que encontraran en su ruta.
En esencia, fue un esfuerzo enorme por preservar la integridad de los dominios de Ultramar. Tras su regreso a España, Malaspina fue ascendido a brigadier y recibido como un héroe. Sin embargo, aquel reconocimiento no duraría mucho. El marino se ganó, por defender sus ideas, la enemistad de Manuel Godoy, valido de Carlos IV.
ENTREVISTA AUTOR DE EXPEDICIONES CIENTÍFICAS ESPAÑOLAS DEL SIGLO XIII
En noviembre de 1795, Malaspina fue detenido en su casa de Madrid y acusado falsamente de conspirar contra Godoy. Sin pruebas fehacientes, el marino terminó condenado a diez años y un día de prisión, que cumplió en el castillo de San Antón, en La Coruña.
Siete años después le conmutaron la pena a cambio del exilio. Recibió ofertas de Napoleón para que sirviera a Francia, pero Malaspina las rechazó todas. Regresó a Italia, donde se dedicó a la política hasta su fallecimiento el 9 de abril de 1810. Su vida, aunque bastante desconocida, supone un ejemplo de lo que era la Armada científica del siglo XVIII y desmiente la visión de una España decadente.
¿Cómo es posible que la Armada Española haya olvidado el nombre de uno de sus mayores héroes en la mar?
Hoy queremos lanzar una reflexión obligatoria sobre la memoria histórica de nuestra náutica militar. Hablamos de Pedro Mesía de la Cerda, el legendario capitán que en 1747 comandaba el navío El Glorioso. Para los que no conozcan su hazaña, Mesía de la Cerda firmó una de las mayores gestas navales de todos los tiempos: cruzó el Atlántico en solitario cargado con tesoros, repelió y humilló hasta a cuatro escuadras británicas distintas en tres combates brutales (en las Azores y Finisterre), desembarcó el tesoro intacto en Corcubión y solo rindió su barco cuando se quedó literalmente sin una sola bala que disparar. Impresionados por su valor, los propios ingleses lo recibieron a él y a su tripulación con honores militares.
El incomprensible olvido de la Armada.
La Corona española lo ascendió a Teniente General y más tarde llegó a ser Virrey de Nueva Granada. Sin embargo, ocurre algo insólito e inexplicable en la historia de nuestra Marina:
La Armada Española NUNCA ha bautizado a ningún buque con el nombre de Pedro Mesía de la Cerda. Mientras otras naciones cuidan, veneran y repiten los nombres de sus almirantes y capitanes ilustres en sus fragatas, destructores o buques escuela, en España parece que hemos dejado en un rincón polvoriento al hombre que demostró la máxima templanza, audacia y valor defendiendo nuestro pabellón.
.Se homenajeó al barco botando otro llamado Glorioso en 1755, pero el nombre de su comandante sigue borrado de las proas de nuestros buques modernos.
¿Acaso no merece una de las futuras fragatas F-110 llevar su nombre?
Es hora de reivindicar a nuestros marinos.
¡La historia no solo se escribe en los libros, se debe navegar!
¿Qué opinas?
¿Crees que la Armada debería saldar esta deuda histórica con el capitán del Glorioso? Te leemos en los comentarios.
Heroica gesta del San Ignacio de Loyola, apodado el Glorioso, el navío español que humilló a una docena de barcos británicos en 1747.
.Angel Luis de Santos ( Autor. La Razón ).
El buque, de 70 cañones, transportaba a España un tesoro que valdría hoy 4.000 millones de euros y que consiguió desembarcar en Corcubión. Al final, tras cinco ataques, tuvo que rendirse.
En su viaje hacia España consiguió repeler dos ataques ingleses, uno a unos doscientos kilómetros al norte de las Azores y otro más frente al cabo de Finisterre antes de desembarcar su carga en el puerto.
Primer combate:
En su trayecto, cerca de las Azores, se cruzó con un convoy inglés escoltado por tres barcos de guerra, el navío de línea “Warwick”, de 60 cañones; la fragata “Lark”, de 40 y el paquebote “Montagu” de 16; además del transporte de tropas armado con 20 cañones, “Beaufort”.
De la Cerda ordenó prepararse para el combate y continuó navegando hacia el noreste en dirección a Ferrol, manteniendo el barlovento. John Crookshanks, jefe del convoy, tras divisar al navío español ordenó su persecución. Con el paso de las horas y comprobando que se alejaba de la ruta marcada, ordenó al capitán del Beaufort que permaneciera junto al resto de los transportes para protegerles, e inició la caza del solitario buque.
Tras varias escaramuzas que duraron toda la noche, a la mañana siguiente los otros dos barcos de guerra británicos se encontraban ya cerca del buque español y siguieron tras él hasta que cayó la oscuridad de nuevo. En esta situación, Pedro Mesía, viendo que los tres bajeles enemigos se le venían encima, tomó la iniciativa. Arribó de improviso sobre el Montagu, que lo tenía pegado a su aleta de estribor, y le disparó algunos cañonazos. La maniobra había situado al Glorioso al costado de babor de la Lark, contra la que disparó todos los cañones de la banda de estribor tumbando uno de sus mástiles. Tras un cañoneo que duró, según los testigos, poco más de cinco minutos, John Crookshanks ordenó separarse del Glorioso. Ya no regresaría.
Pero Pedro Mesía, en lugar de huir, viró su barco en redondo y se dirigió hacia el “Warwick”, manteniendo el barlovento, contra el que disparó todos sus cañones de la banda de babor primero y todos los de estribor después, consiguiendo ponerlo en fuga.
Las bajas españolas fueron cinco muertos (entre ellos dos civiles) y 42 heridos, de los cuales siete lo fueron de gravedad. En los días siguientes fallecerían cinco de ellos. En cuanto a los daños materiales, el buque sufrió cuatro impactos de bala de cañón en su casco a la altura de la primera batería y daños considerables en el aparejo. La mayor parte de ellos serían reparados en pocos días.
«Los muertos que he tenido durante la funcion han sido tres Hombres de mar y dos Pasajeros, llamados Don Pedro ygnacio de Urquina y juan Perez Veas. Heridos levemente, primero y segundo Condestable, y un Artillero de Brigada. ynfanteria 10. solo uno de mucho cuidado, los demás levemente. Artilleros, Marineros, y Grumetes 29. seis gravemente de los quales, en los días despues, murieron quatro, y el Soldado también. Sean disparado 406. Cañonazos del Calibre de á 24: 420. de a 18: 180 de a 8: 4.400 Cartuchos de fusil», escribió el capitán en su diario de a bordo.
Cuando el Almirantazgo británico tuvo noticia de este enfrentamiento, el capitán Crookshanks fue sometido a un consejo de guerra por denegación de auxilio y negligencia en combate. Declarado culpable, fue expulsado de la Royal Navy.
Segundo combate
Seguiría tras este enfrentamiento el Glorioso navegando hacia España hasta que un par de semanas después, el 14 de agosto, ya en las proximidades del cabo de Finisterre, en Galicia, volvió a encontrarse con naves enemigas. Según las fuentes inglesas se trataba del navío de línea Oxford, de 50 cañones; la fragata Shoreham, de 24 y la balandra Falcon, de 14.
Pedro Mesía, al comprobar que el navío más grande mareaba su trinquete para venir sobre él, tomó la iniciativa virando y dirigiéndose hacia el buque inglés de mayor porte. Al igualarse con los barcos contrarios, ambas bandas dispararon todos sus cañones sobre ellos, aunque el capitán de El Glorioso, viendo que le había entrado mucha agua por las portas de su primera batería, consiguió dejar a los tres barcos enemigos, evitando volver a combatir entre dos fuegos.
El capitán Smith Callis, comandante del Oxford, nunca quiso presentar todo el costado de su buque y, tras dos andanadas, salió del fuego, huyendo del combate. El duelo había durado casi tres horas y fue una victoria táctica del capitán español. De hecho, pese a la inferioridad numérica, el “Glorioso” apenas sufrió cinco heridos leves y escasos daños.
El capitán Callis también fue sometido a un consejo de guerra, aunque en su caso fue absuelto y restituido con honor.
Dos días después, el Glorioso llegaba a la ría de Corcubión, quedando fondeado en la bocana, hasta que el 18 de agosto por la noche llegó a puerto comenzando a desembarcar su cargamento a la mañana siguiente.
Ría de Corcubión
La Razón
Por cierto que, como relata Agustín Ramón Rodríguez González, del Círculo Naval, “el cargamento real era muy diferente del declarado oficialmente. A este respecto, pocos gallegos sabrán que durante unos días del verano de 1747 los muros de algunas de sus iglesias rurales y de los edificios históricos de sus ciudades más emblemáticas albergaron un tesoro que en la actualidad estaría valorado en más de 4.000 millones de euros. Otro de los aspectos a ponderar en este episodio es la eficiencia del espionaje británico, que había tejido un complejo entramado de agentes secretos que permitía conocer a las autoridades inglesas todos los movimientos españoles en la zona. También merecen ser referidas las causas por las que una compañía de granaderos de una unidad de infantería perteneciente al Ejército, el Regimiento de Lisboa, fue embarcada en el Glorioso. Su actuación durante los últimos combates sostenidos por el navío vale por sí sola para rescatar del olvido su pequeña cuota de protagonismo en esta historia. Por último, es necesario precisar en este epígrafe que Pedro Messía de la Zerda fue ascendido a jefe de escuadra a los pocos días de llegar a Corcubión. El marqués de la Ensenada le comunicó dicha promoción por carta fechada en Madrid el 22 de agosto de 1747. De la misma hemos extraído el siguiente párrafo: