El batiscafo Trieste, la embarcación que llegó al fondo de la fosa de las Marianas
La exploración del fondo del mar siempre es un reto muy complicado debido a la presión que ejerce el agua a grandes profundidades.
Los submarinos militares suelen operar, como mucho, a profundidades de unos 300 metros (en el caso de los que llevan propulsión nuclear). Este tipo de embarcaciones rara vez bajan de los 600 para evitar sufrir daños debido a la presión. Sin embargo, la depresión más profunda de la Tierra, la fosa de las Marianas, en el océano Pacífico, llega hasta casi 11.000 metros de profundidad, en el conocido como abismo Challenger.
Para poder descender a esa profundidad era necesario un tipo de submarino muy resistente. El inventor y explorador suizo Auguste Piccard empezó a trabajar en un proyecto de descenso a la fosa de las Marianas en 1937, pero sus planes quedaron aplazados a causa de la Segunda Guerra Mundial. El trabajo fue retomado en 1945 en colaboración con el gobierno francés. Finalmente, en 1952 la construcción de un batisfaco para bajar a esa fosa se inició en el Territorio Libre de Trieste, una ciudad-estado independiente que existió en el norte del Mar Adriático entre 1947 y 1954, quedando su territorio después repartido entre Italia y Yugoslavia.
Alemania, Italia y Suiza aportaron los instrumentos científicos para el batiscafo, que fue bautizado con el nombre del pequeño y efímero país en el que fue construido. La primera esfera del batiscafo fue fabricada en Nápoles. Fue puesto a flote por primera vez el 26 de agosto de 1953. Tras una serie de pruebas en el mar Mediterráneo, finalmente en 1958 la Marina de Estados Unidos adquirió la embarcación y la trasladó al puerto de San Diego, siendo equipada allí con una esfera más resistente, fabricada por la empresa alemana Krupp Iron Works, según recuerda el Mando de Historia y Patrimonio Naval de la Marina de EEUU.
Una vez listo, el batiscafo Trieste fue llevado a la isla de Guam a bordo del barco de carga Santa María, con el fin de llevar a cabo la hazaña para la que había sido proyectado. Por fin, el 23 de enero de 1960 el Trieste, tripulado por Auguste Piccard y por el Teniente Don Walsh de la Marina de EEUU, alcanzó su objetivo, descendiendo hasta el abismo Challenger y batiendo un récord mundial, pues alcanzó una profundidad de 10.916 metros. El descensó duró 4 horas y 47 minutos y el Trieste pasó 20 minutos en el fondo de la fosa. En aquel inhóspito lugar, Piccard y Walsh afirmaron haber observado varios peces con cuerpos muy planos. El batiscafo fue dado de baja en 1966 y en 1980 fue transportado al Museo Nacional de la Marina de los Estados Unidos en Washington DC, donde está expuesto en la actualidad.
En octubre del año pasado, el canal Deconstructed publicó un interesante vídeo analizando cómo era el batiscafo Trieste por fuera y por dentro y la enorme presión que tuvo que soportar durante su descanso a la fora de las Marianas (el vídeo está en inglés pero dispone de pista de audio en español, puedes activarla en la barra inferior del reproductor):
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Imagen principal: Deconstructed.




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