La ciudad toscana es mucho más que su torre inclinada. Los 90.000 pisanos conviven a diario con miles de visitantes y con la savia joven que aporta la comunidad estudiantil. Fundada según la leyenda por troyanos exiliados, Pisa vivió su apogeo entre los siglos XI y XIII como potencia naval, rival de Génova y Venecia, tanto que parte del mármol de sus monumentos proviene de botines conquistados en el mar.
El punto de partida para descubrir la ciudad es la plaza de los Milagros (dei Miracoli), Patrimonio Mundial desde 1987. Aquí se reúnen los cuatro grandes tesoros del románico pisano: la Catedral de Santa Maria Assunta, el Baptisterio de San Giovanni, el Camposanto Monumental y, por supuesto, la Torre. Todos se construyeron en el siglo XII, en plena época de esplendor. Para levantar los 56 m, ocho plantas y 294 escalones de la torre hicieron falta dos siglos, pues el hundimiento comenzó durante su propia construcción, debido al terreno inestable.
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