PUNTO DE ENCUENTRO DE AMIGOS, FAMILIARES, DE LOS ARNÁIZ QUE NAVEGAN EN SINGLADURAS PROPICIAS MUNDO ADELANTE, Y DE TODA LA GENTE DE BONHOMÍA, QUE LO DESEE, DISPONGA DE TIEMPO, GANAS DE EVADIRSE Y BUENA VOLUNTAD. LEMBRANZAS DE FAMILIA.
sábado, 5 de noviembre de 2022
viernes, 4 de noviembre de 2022
LAS LEYES DE INDIAS son la BOMBA ATÓMICA CONTRA la LEYENDA NEGRA: ENTREVISTA...
martes, 1 de noviembre de 2022
"LAS LEYES DE INDIAS son la BOMBA ATÓMICA CONTRA la LEYENDA NEGRA: ENTREVISTA a JULIO HENCHE" en YouTube.
ENLACE:
Oswald Boelcke: la historia de un piloto caído en 1916 y cuyos consejos aún se aplican hoy.
Era todo un 'caballero del aire' y recibió incluso el homenaje de sus enemigos
En la historia de la aviación, sin duda el piloto más famoso es el
Barón Rojo, pero uno de los más importantes fue su mentor:
Oswald Boelcke.
todos los tiempos.
con la caballerosidad
Nacido el 19 de mayo de 1891 en Giebichenstein, en el entonces
Reino de Prusia (la parte dominante del Imperio Alemán desde
1871), Boelcke se crió en una familia conservadora protestante.
Era un chico de estatura media y sufría asma, pero eso no le
impidió convertirse en un buen atleta. Además, era muy estudioso
y tuvo una vocación militar muy temprana: a los 13 años ya
intentó que le admitieran en una escuela militar, pero su familia
se opuso. Finalmente, en 1911, cuando tenía 19 años, se alistó
en el Ejército alemán y se unió a una unidad de telégrafos.
Allí destacó por sus dotes de liderazgo y empezó a interesarse
por la entonces incipiente aviación militar.

En mayo de 1914, dos meses antes del inicio de la Primera
Guerra Mundial, Boelcke pidió su traslado al Cuerpo Aéreo,
al igual que hizo su hermano Wilhelm. Oswald aprobó su examen
de piloto 15 de agosto de 1914, una vez iniciada la guerra.
Los dos hermanos fueron asignados al Feldflieger Abteilung 13,
una unidad de reconocimiento creada ese mismo año y cuyo primer comandante fue el Capitán Alfred Streccius. Durante ese año, ambos
hermanos volaron juntos en decenas de misiones. Ya en 1915,
Oswald fue destinado al Feldflieger Abteilung 62, con base en
La Brayelle, Francia, y más tarde fue asignado al
Kampfeinsitzerkommando Douai, donde conoció a otro famoso
as de la aviación alemana: Max Immelmann. Esta unidad voló
con los primeros aviones de combate de la Luftstreitkräfte
(Fuerza Aérea Alemana): los Fokker E.I.
Boelcke logró su primer derribo de un avión enemigo el 4 de julio
de 1915. Rápidamente, Boelcke e Immelmann fueron ganando
fama como dos pilotos experimentados, convirtiéndose en los
primeros ases de la aviación alemana. Curiosamente, una de
sus primeras condecoraciones no tuvo ninguna relación con los
combates aéreos: en diciembre de 1915 le impusieron
la Medalla Prusiana de Salvamento por salvar a un niño francés
que estuvo a punto de morir ahogado en un canal cerca de la
base francesa donde operaba su unidad. Su gesto de heroísmo
recibió el aplauso de los paisanos franceses que lo contemplaron.

En enero de 1916, Boelcke recibió la medalla Pour le Mérite,
también conocida como la Blue Max: la más alta condecoración
militar alemana. Sus méritos en el servicio hicieron que el
emperador alemán hiciese con él una excepción a las normas
del Ejército alemán que impedía la promoción al rango de capitán
a los menores de 30 años. Boelcke fue ascendido a ese rango
unos días después de cumplir 25 años, convirtiéndose en el
Capitán más joven de su ejército. A mediados de 1916 resumió
lo que había aprendido en el llamado "Dicta Boelcke", un código
de ocho consejos para los pilotos de combate:
- Trata de asegurar tu ventaja antes de atacar. Si es posible,
- mantén el sol detrás de ti.
- Lleva siempre a término un ataque cuando lo hayas iniciado.
- Dispara solo a corta distancia, y solo cuando tu oponente esté correctamente en tu punto de mira.
- Vigila siempre a tu oponente y nunca te dejes engañar por sus artimañas.
- En cualquier forma de ataque es fundamental atacar a tu
- enemigo por la espalda.
- Si tu oponente te lanza sobre ti, no intentes evadir su
- embestida: vuela para encontrarte con él.
- Cuando estés sobre las líneas enemigas nunca olvides tu
- propia línea de retirada.
- Para el escuadrón: ataca en principio en grupos de cuatro
- o seis. Cuando el combate se divide en una serie de combates individuales, ten cuidado de que varios no vayan por el mismo
- oponente.
Boelcke también fue uno de los pilotos alemanes que empezaron
a labrar la fama de los "caballeros del aire" de la Primera Guerra
Mundial. Era un hombre de honor y se portaba caballerosamente
con sus enemigos. En una ocasión, tras derribar un avión de
observación británico, aterrizó cerca del avión abatido y
descubrió que el piloto enemigo sabía hablar alemán y le conocía.
Boelcke pidió para él asistencia médica y le visitó después en el
hospital.
La noticia circuló pronto, ya que era un piloto célebre, y su
caballerosidad acabó siendo conocida a ambos lados de la línea
del frente.
Uno de los destinos más famosos de Boelcke fue el Jagdstaffel 2
(Escuadrón de Caza 2), una unidad que estuvo a su mando y para
la cual reclutó a un oficial de caballería que le acabaría superando
en fama: Manfred von Richthofen, también conocido como el
Barón Rojo. En esta unidad, Boelcke probó un nuevo avión de
combate: el biplano Albatros D.II. El 26 de octubre de 1916 obtuvo
su victoria número 40, convirtiéndose en el mayor as de la guerra
en aquel momento (Richthofen le acabó superando en abril de 1917).
La aviación alemana estaba en su mejor momento y tenía el dominio
del aire.

El 28 de octubre de 1916, Boelcke y su escuadrón salieron en una
misión.
Se toparon con un par de biplanos británicos Airco DH.2. Boelcke y
uno de sus pilotos, Erwin Böhme (que además era su mejor amigo), incumplieron la octava regla del "Dicta Boelcke" y se
dirigieron contra el mismo avión. El tren de aterrizaje del caza de
Böhme acabó tocando el ala superior del Albatros de Boelcke.
El ala se desgarró y el avión de Boelcke cayó en espiral,
estrellándose en las líneas alemanas.
Boelcke murió de una fractura de cráneo. Su funeral se celebró
en la Catedral de Cambrai, en el norte de Francia. Entre las coronas
de flores depositadas junto a su féretro había dos británicas:
una de ellas enviada por pilotos capturados por los alemanes
(entre ellos el Capitán Wilson, al que Boelcke había tratado con
sumo respeto después de derribarle, incluso recibiéndole en su
escuadrón) que decía: "Al oponente que admiramos y estimamos
tanto". La otra corona fue lanzada sobre las líneas alemanas por un
avión británico, con esta inscripción: "A la memoria del Capitán
Boelcke, nuestro valiente y caballeroso oponente".

Hoy en día, Boelcke sigue siendo reconocido como uno de los
más grandes pilotos de la historia de la aviación. A pesar de
haber transcurrido más de 100 años de su muerte y de las abismales diferencias tecnológicas entre los aviones de aquella época y los actuales, algunas de sus reglas todavía se aplican en los combates
aéreos. Así mismo, la Luftwaffe alemana sigue rindiendo honores
a ese gran piloto a incluso ha bautizado un escuadrón de combate
con su nombre: el Taktische Luftwaffengeschwader 31 "Boelcke",
equipado con cazas Eurofighter.
Coincidiendo con el aniversario de su muerte, el canal Yarnhub
acaba de publicar un excelente reportaje contando la historia
de este gran "caballero del aire", señalándolo como el padre del
combate aéreo (el vídeo está en inglés, puedes activar los subtítulos
en español en la barra inferior del reproductor):
NADA POR LO QUE PEDIR PERDÓN.Javier Sanz.
Desde hace un tiempo, no sabría precisar desde cuándo, el 12 de octubre, el otrora llamado Día de la Hispanidad, ahora es el día de Nada que celebrar, ya que ese día, para los defensores de esta corriente, representa el expolio y el genocidio de los pueblos indígenas, así como la imposición de la religión católica. Cada pueblo elige a sus héroes y a sus villanos, sus días de celebración y sus días de protesta, y cada uno de nosotros, libre e independientemente, decide qué y a quién creer. Eso sí, lo que siempre he pedido es que para poder decidir con rigor se «escuche» a las dos partes y se «examinen» las pruebas de unos y de otros. Aunque ya expuestas, reitero mis «pruebas» que me posicionan en el lado de los que defienden que no hubo tal genocidio:
- ¿Por qué se acusa a los españoles de haber cometido genocidio en el continente americano?
- ¿Por qué no había gérmenes letales en América esperando a los españoles?
- Rara vez han conquistado tierras nuevas los mansos y delicados
- Los brutales grabados que ayudaron a crear la Leyenda Negra
- La Brevísima, la biblia del buen creyente de la Leyenda Negra
En esta ocasión os traigo la entrevista a Marcelo Gullo Omodeo, doctor en Ciencia Política por la Universidad del Salvador (Buenos Aires), autor del libro Nada por lo que pedir perdón, en el que pone en valor poniendo el legado del imperio español frente al ‘imperialismo’ anglosajón y preguntándose quiénes son los que mueven los hilos de la furia iconoclasta que afecta a su continente.
Después de que España fuera derrotada por Inglaterra y las potencias protestantes, ya no hubo más imperios, solo hubo imperialismo: el anglosajón, el holandés y el estadounidense, que fue el que le robó a España Filipinas e impuso una dictadura feroz que cambió la lengua y la cultura
¿A qué atribuye la atención que están recibiendo sus libros en España?
Mira, acá ha habido una dictadura de lo políticamente correcto que ha tenido como núcleo central la leyenda negra de España. Esa falsa historia sobre violaciones, genocidios y masacres en América está destinada a amputarle a España su identidad cultural. Este proceso ha avanzado durante años sin ninguna resistencia, menospreciando no solo la historia de España, sino a los habitantes del país. Ese ataque, al fin, ha causado una reacción. La gente ha dicho basta. El libro llega en ese contexto que desmiente que España fuera a robar, a matar y a asesinar a América. Hay que recordar las 30 y pico universidades, cientos de colegios, hospitales y las ciudades creadas en el interior del continente. Una obra que es totalmente distinta a la realizada por otras potencias europeas como Inglaterra, Holanda o Alemania.
¿Cuál es el estado de la cuestión hoy en América?
Desde México hasta la Argentina reina la dictadura de lo políticamente correcto, de la leyenda negra. Cualquiera que sea parte del discurso fuera de la leyenda negra es automáticamente excluido del mundo académico, periodístico y del supuesto mundo pensante. Esto es así en todas las universidades con excepción, tal vez, de las católicas, que se callan y no dicen nada para no estar a contracorriente. Es una cosa realmente vergonzosa.
¿Le ha pasado a usted factura esta postura en Argentina?
Sí, ha supuesto un problema a nivel personal porque esta dictadura es más eficiente que la Gestapo y que la KGB. Poco a poco, incluso legalmente, van apartándote de los círculos de influencia y de tu trabajo. Eso sin hablar de la ola de insultos sin ninguna crítica profunda y seria.
¿Quiénes son los que están detrás de esa dictadura?
Cuando cayó la Unión Soviética, una gigantesca mano de obra del Partido Comunista quedó desocupada. El marxismo cultural partió de esa situación. Este movimiento ha sido después financiado y fomentado por algunos supuestos filántropos del mundo, lo que yo denomino la oligarquía financiera mundial y que el Papa en una encíclica llamó ‘el imperialismo internacional del dinero’. Gente como el señor Evo Morales en Bolivia, el señor Petro en Chile o López Obrador en México, que fomentan el odio a España porque dicen que antes de la llegada de España había en América un paraíso, son idiotas útiles que están ayudando a fragmentar sus repúblicas, convirtiéndolas en segmentos indiferenciados del mercado mundial y sin ninguna fuerza para oponerse a nada ni para construir nada. Estos supuestos antiimperialista son la obra más barata que jamás tuvo el imperialismo internacional del dinero y el imperialismo anglosajón. Porque esa idea del paraíso es absolutamente falsa. Lo que reinaba en América antes de la llegada de los españoles no era un paraíso, sino un infierno. Reinaba el canibalismo y un machismo embrutecedor.
¿Pedir perdón sirve de algo?
El perdón tiene una utilidad cuando se encuentran dos personas de buena voluntad y se disculpan porque uno, o los dos, se han equivocado. Pero acá no hay nada por lo que pedir perdón. No porque España no haya pecado, porque pecar se pecó mucho, sino porque las obras buenas de España superan en mucho a las malas. Lo que se busca con estas peticiones de perdón no es la reconciliación de los pueblos, sino la humillación de España. Quieren una España de rodillas y amputarla su identidad cultural. Por eso ahora no quieren que los niños estudien más historia que antes de 1812. No quieren que los jóvenes sepan la verdadera historia. Ni de la Reconquista de España, ni de la Conquista de América, que en realidad fue liberación. Porque eso mostraría un tipo de español que fue generoso, valiente e incorruptible.
Usted se muestra muy crítico en su libro con Bartolomé de las Casas.
Miente Bartolomé de las Casas como el más grande mentiroso de la historia. La autocrítica y la defensa real de los indios ante los abusos de algunos encomenderos la hicieron, en realidad, hombres santos como Fray Toribio, que vivía con los indios, los amaba, aprendió su lengua, y también denunció a los españoles que cometían abusos, pero dando nombres y apellidos no como el mentiroso de Bartolomé de las Casas, que lanzó acusaciones en abstracto. El fraile se vino a Europa, cobró un sueldo magnífico y vivió como un señor. Fray Toribio, en una carta muy importante al Emperador, dice algo tan terrible sobre él como que es un mercenario, una acusación que algún día tendremos que investigar. Hasta ahora hemos creído que se trataba de un hombre de buena voluntad y no es cierto.
¿Por qué los españoles tienen esa predisposición de creerse todas estas cosas tan negativas sobre ellos?
Es una pregunta más que para un científico político para un psiquiatra, porque yo nunca he visto un caso como el español. Los españoles han hecho una historia masoquista de su pasado, acusándose entre ellos de los crímenes más atroces de la humanidad, creyendo la historia que sus enemigos les contaron. No me imagino a ningún antiguo romano creyéndose una historia contada por Cartago, ni a ningún francés en 1916 asumiendo la historia de Francia contada por Alemania. Sin embargo, acá sí. Se dice que España violó, mató, asesinó y que los otros son ejemplos de tolerancia, y los españoles se lo creen.
¿Cómo se derroca al tribunal de la historia, a los países que usted dice que escriben la historia de Occidente?
Empieza como hemos empezado muchos en esto. La pionera fue María Elvira Roca Barea en lo de tratar de derrumbar la leyenda negra. Yo he hecho mi aporte; José Luis López Linares con su documental también. Esto es una guerra cultural que el progresismo, el marxismo cultural financiado por estos supuestos filántropos del mundo, ha iniciado contra la Hispanidad a través de libros y películas, y nosotros tenemos que responder de la misma manera contando la verdad. La Europa mediterránea se ha creído que porque Dinamarca, Suecia o Alemania se han desarrollado más industrialmente ellos son Occidente, pero en realidad son occidentales tardíos. Son pueblos que tardíamente llegaron al Occidente y que con la Reforma protestante comenzaron a apartarse del verdadero Occidente, porque el Occidente es la suma de la colina de Jerusalén, de Roma y de Atenas. Cuando hicieron la Reforma Protestante y las sectas empezaron a establecer un principio completamente distinto del cristianismo. Se sublevaron contra el verdadero mensaje cristiano.

El rey Fernando el Católico aprobó en 1514 una real cédula que validaba matrimonio entre varones castellanos y mujeres indígenas, lo que aseguraba la absoluta legitimidad e igualdad de la descendencia que surgiera de los matrimonios mixtos comparados con los matrimonios de Castilla
En uno de sus últimos discursos, Putin se situó del lado de las naciones oprimidas por el colonialismo. ¿Por qué incluso a él le pesa el pasado imperial?
En mis libros hago una diferencia entre imperio e imperialismo. Imperio fue Roma y España, porque se van reproduciendo a sí mismos y llevan su cultura, su fe, construyen escuelas, hospitales, calzadas… Y luego está el imperialismo inglés, que cuando llega a un lugar dice este territorio es nuestro y por lo tanto todos los que están acá deben ser asesinados. El mejor indio es el indio muerto. Y si no pueden asesinarlos a todos, como en Norteamérica o en Australia, crean sociedades de apartheid para robar lo máximo posible e irse cuando los echen.
¿Es posible volver a los tiempos en los que el hispanismo era apreciado en América?
No solo es posible, sino que es absolutamente necesario para la supervivencia. Al asumir la leyenda negra, los países hispanoamericanos aceptan la existencia de un supuesto paraíso antes de la llegada de los españoles y, por tanto, se tiende a restaurar ese paraíso. Eso quiere decir restaurar 700 o 800 tribus e ir hacia la fragmentación territorial, a ser un segmento insignificante en el mundo. Creerse que España es la peor basura del mundo justifica a los nacionalismos locos periféricos a querer separarse de España. Vamos a una inevitable separación, disgregación, balcanización, como lo queramos llamar, si no destruimos y detenemos esta ola negrolegendaria.
El libro termina con un epílogo dedicado al Papa cuando pensaba, allá en los años setenta, de que no había nada por lo que pedir perdón. ¿Qué ha pasado al Papa desde entonces para que haya cambiado su discurso?
Eso no lo sé. Me he limitado a publicar un discurso inédito que jamás se había publicado donde el Papa dice que la obra de España en América fue una misión. Una misión hecha por la mujer más maravillosa de la historia que fue Isabel La Católica. Y en un proceso, dice él, donde España dejó en América su cultura y su fe, lo mejor que tenía, donde los conquistadores, sin miedo, sin racismo, se mezclaron con la población local para hacer un pueblo nuevo. Se construyó un pueblo nuevo mejor que el que estaba.
Y como guinda, las palabras del escritor mexicano Carlos Fuentes…
Pintaron España como brutal, sanguinaria y sádica, empeñada en torturar y asesinar a sus súbditos coloniales, en tácito contraste, sin duda, con la pureza inmaculada de los colonialistas franceses, ingleses y holandeses.
La Piedra de Rosetta, la voz del antiguo Egipto.
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La Piedra de Rosetta, la voz del antiguo Egipto | |||
Allí estaba. En la estantería, junto a sus compañeros de colección. Alargué el brazo (yo era pequeña y me costaba llegar) y lo cogí. Miré la tapa con ilusión y me dispuse a abrirlo para pasar sus páginas y descubrir los secretos que se escondían en su interior. En aquella época no existía internet, y la televisión y los libros eran prácticamente la única manera de aprender y conocer otros mundos y otras culturas. El volumen que llamó mi atención hace ya tanto tiempo estaba dedicado al antiguo Egipto. Entre pirámides y tumbas me fijé en un fragmento de estela repleto de inscripciones. ¿Qué era aquello? El texto se refería a esa singular pieza como piedra de Rosetta. Fue la primera vez que me topé con el fragmento de estela que se convertiría en fundamental para que el erudito francés Jean-François Champollion descifrase los jeroglíficos egipcios y devolviese a la vida a una de las civilizaciones más importantes que ha visto nuestro mundo, una aventura fascinante de la que este mes de septiembre se cumplen 200 años. Años después volví a toparme con la piedra de Rosetta. Esta vez en persona. Tenía 16 años y viajé con mis padres y mi hermana a Londres (un larguísimo viaje en coche desde Barcelona, cruzando el canal de la Mancha en ferry). La visita al Museo Británico fue un punto de inflexión para la adolescente que era entonces. Entre tesoros griegos, asirios y egipcios contemplé en su vitrina, impertérrito, el fragmento del decreto de Ptolomeo II que ha permitido a la humanidad atisbar a través de las puertas que ocultaban un mundo perdido desde hacía milenios. Comprendí la emoción del joven Champollion cuando en septiembre de 1822, tras días y días de arduo trabajo de investigación, se dio cuenta de que había hallado por fin la clave del misterio. Emocionado fue corriendo a comunicarle la noticia a su hermano y mentor, Jacques-Joseph, que trabajaba en el Instituto de Francia, en París, y mientras gritaba "¡Lo tengo!", cayó desmayado, vencido por la emoción y el agotamiento. Pocos días después, el 27 de septiembre, Champollion presentaba los resultados de sus investigaciones en la Academia de Inscripciones de París. Ahora celebramos aquel feliz acontecimiento, que tuvo su génesis unos años antes, el 15 de julio de 1799, cuando un destacamento militar francés del ejército de Napoleón dio casualmente con esta piedra de 760 kilos en Rosetta (la actual Rashid), en la desembocadura del Nilo. Tras varios rifirrafes entre Francia y Gran Bretaña, la piedra acabaría en Londres, donde fue llevada como botín de guerra en 1801, y en la capital británica empezaría a ser objeto de estudio por parte de eruditos de toda Europa, que, decepcionados, no lograban dar con la tecla que les permitiese revelar todos sus secretos. Hasta que llegó el joven Champollion. Y lo logró. La piedra de Rosetta, en el Museo Británico de Londres. Mide 1,12 m de alto, 75 cm de ancho y 28 cm de fondo. Así, tras presentar sus conclusiones, Champollion pudo cumplir el sueño de su vida: viajar a Egipto. No lo hizo solo. En Italia, país adonde había viajado en 1825 para visitar sus importantes colecciones egipcias, el erudito francés había conocido al joven Ippolito Rosellini, que se convertiría en su discípulo más devoto. Ambos formarían parte en 1828 de la ambiciosa expedición franco-prusiana, que partió de Toulon el 31 de mazo en la fragata Eglé rumbo al país del Nilo para documentar exhaustivamente sus monumentos y copiar miles de inscripciones jeroglíficas. Resultado de este viaje (en el que los toscanos se llevaron unos 900 objetos que acabarían constituyendo el germen de la colección egipcia del Museo de Florencia) fue la realización por parte de Champollion de la obra de su vida, Los monumentos de Egipto y Nubia, un trabajo en diez volúmenes en el que él y Rosellini llevaron a cabo una ingente labor de recopilación sobre la fauna, la flora, las gentes, los paisajes y los monumentos de Egipto. Tras su regreso a Francia, Champollion siguió estudiando los jeroglíficos, intentando escuchar lo que aquellos textos e inscripciones, hasta entonces solamente bellos, tenían que decir. Pero no pudo saborear por mucho tiempo su éxito, ni tampoco profundizar tanto como le hubiese gustado en la historia milenaria de aquel país que tanto amó. La muerte llamó a su puerta el 4 de marzo de 1832, cuando tan solo tenía 41 años. A pesar de su temprana desaparición, la cultura siempre estará en deuda con el estudioso francés. Y es que aunque hubo algunas controversias sobre el proceso de desciframiento y la rivalidad que se estableció entre Champollion y el estudioso británico Thomas Young, existe actualmente un amplio consenso entre los historiadores sobre a quién debe atribuirse la autoría del desciframiento de los jeroglíficos egipcios, sin dejar de lado, por otra parte, la inestimable contribución de muchos otros investigadores en esta titánica tarea. Existe un soneto compuesto en 1818 por Percy Shelley, uno de los más importantes poetas en lengua inglesa, titulado Ozymandias. En él hace referencia a la brevedad de la gloria y al olvido en el que caen los grandes imperios que en el mundo han sido: "Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes: ¡Contemplad mis obras, poderosos, y desesperad! Nada queda a su lado. Alrededor de la decadencia de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas". Sí, todo parecía caer irremisiblemente en el olvido, tal como declaraba el poeta con tristeza. Aunque, afortunadamente, en el caso de Egipto no iba a ser para siempre. Hubo alguien capaz de devolver la voz a una civilización que estaba muda. Ese es el gran mérito de Champollion. Y eso es lo que celebramos este mes de septiembre. Si te ha gustado esta newsletter, también te interesarán los siguientes reportajes: |
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