martes, 1 de noviembre de 2022

Oswald Boelcke: la historia de un piloto caído en 1916 y cuyos consejos aún se aplican hoy.

 Era todo un 'caballero del aire' y recibió incluso el homenaje de sus enemigos

En la historia de la aviación, sin duda el piloto más famoso es el

Barón Rojo, pero uno de los más importantes fue su mentor:

Oswald Boelcke.

La historia del Barón Rojo, el piloto de caza más famoso de
todos los tiempos.

Honores a los enemigos caídos: cuando la guerra no está reñida
con la caballerosidad

Nacido el 19 de mayo de 1891 en Giebichenstein, en el entonces

Reino de Prusia (la parte dominante del Imperio Alemán desde

1871), Boelcke se crió en una familia conservadora protestante.

Era un chico de estatura media y sufría asma, pero eso no le

impidió convertirse en un buen atleta. Además, era muy estudioso

tuvo una vocación militar muy temprana: a los 13 años ya

intentó que le admitieran en una escuela militar, pero su familia

se opuso. Finalmente, en 1911, cuando tenía 19 años, se alistó

en el Ejército alemán y se unió a una unidad de telégrafos.

Allí destacó por sus dotes de liderazgo y empezó a interesarse

por la entonces incipiente aviación militar.

Foto de Oswald Boelcke hecha en 1916 (Foto: Ullstein Bild).

En mayo de 1914, dos meses antes del inicio de la Primera

Guerra Mundial, Boelcke pidió su traslado al Cuerpo Aéreo,

al igual que hizo su hermano Wilhelm. Oswald aprobó su examen

de piloto 15 de agosto de 1914, una vez iniciada la guerra.

Los dos hermanos fueron asignados al Feldflieger Abteilung 13,

una unidad de reconocimiento creada ese mismo año y cuyo primer comandante fue el Capitán Alfred Streccius. Durante ese año, ambos

hermanos volaron juntos en decenas de misiones. Ya en 1915,

Oswald fue destinado al Feldflieger Abteilung 62, con base en

La Brayelle, Francia, y más tarde fue asignado al

Kampfeinsitzerkommando Douai, donde conoció a otro famoso

as de la aviación alemana: Max Immelmann. Esta unidad voló

con los primeros aviones de combate de la Luftstreitkräfte

(Fuerza Aérea Alemana): los Fokker E.I.

Boelcke logró su primer derribo de un avión enemigo el 4 de julio

de 1915. Rápidamente, Boelcke e Immelmann fueron ganando

fama como dos pilotos experimentados, convirtiéndose en los

primeros ases de la aviación alemana. Curiosamente, una de

sus primeras condecoraciones no tuvo ninguna relación con los

combates aéreos: en diciembre de 1915 le impusieron

la Medalla Prusiana de Salvamento por salvar a un niño francés

que estuvo a punto de morir ahogado en un canal cerca de la

base francesa donde operaba su unidad. Su gesto de heroísmo

recibió el aplauso de los paisanos franceses que lo contemplaron.

Representación artística del caza Fokker E.IV pilotado por Oswald Boelcke (Fuente: Pinturas aviación 1914-1918).

En enero de 1916, Boelcke recibió la medalla Pour le Mérite,

también conocida como la Blue Max: la más alta condecoración

militar alemana. Sus méritos en el servicio hicieron que el

emperador alemán hiciese con él una excepción a las normas

del Ejército alemán que impedía la promoción al rango de capitán

a los menores de 30 años. Boelcke fue ascendido a ese rango

unos días después de cumplir 25 años, convirtiéndose en el

Capitán más joven de su ejército. A mediados de 1916 resumió

lo que había aprendido en el llamado "Dicta Boelcke", un código

de ocho consejos para los pilotos de combate:

  1. Trata de asegurar tu ventaja antes de atacar. Si es posible,
  2. mantén el sol detrás de ti.
  3. Lleva siempre a término un ataque cuando lo hayas iniciado.
  4. Dispara solo a corta distancia, y solo cuando tu oponente esté correctamente en tu punto de mira.
  5. Vigila siempre a tu oponente y nunca te dejes engañar por sus artimañas.
  6. En cualquier forma de ataque es fundamental atacar a tu
  7. enemigo por la espalda.
  8. Si tu oponente te lanza sobre ti, no intentes evadir su
  9. embestida: vuela para encontrarte con él.
  10. Cuando estés sobre las líneas enemigas nunca olvides tu
  11. propia línea de retirada.
  12. Para el escuadrón: ataca en principio en grupos de cuatro
  13. o seis. Cuando el combate se divide en una serie de combates individuales, ten cuidado de que varios no vayan por el mismo
  14. oponente.

Boelcke también fue uno de los pilotos alemanes que empezaron

a labrar la fama de los "caballeros del aire" de la Primera Guerra

Mundial. Era un hombre de honor y se portaba caballerosamente

con sus enemigos. En una ocasión, tras derribar un avión de

observación británico, aterrizó cerca del avión abatido y

descubrió que el piloto enemigo sabía hablar alemán y le conocía.

Boelcke pidió para él asistencia médica y le visitó después en el

hospital.

La noticia circuló pronto, ya que era un piloto célebre, y su

caballerosidad acabó siendo conocida a ambos lados de la línea

del frente.

Uno de los destinos más famosos de Boelcke fue el Jagdstaffel 2

(Escuadrón de Caza 2), una unidad que estuvo a su mando y para

la cual reclutó a un oficial de caballería que le acabaría superando

en fama: Manfred von Richthofen, también conocido como el

Barón Rojo. En esta unidad, Boelcke probó un nuevo avión de

combate: el biplano Albatros D.II. El 26 de octubre de 1916 obtuvo

su victoria número 40, convirtiéndose en el mayor as de la guerra

en aquel momento (Richthofen le acabó superando en abril de 1917).

La aviación alemana estaba en su mejor momento y tenía el dominio

del aire.

Maqueta a escala 1/32 del caza Albatros D.II en el que volaba Boelcke cuando fue derribado el 28 de octubre de 1916 (Foto: FineScale.com).

El 28 de octubre de 1916, Boelcke y su escuadrón salieron en una

misión.

Se toparon con un par de biplanos británicos Airco DH.2. Boelcke y

uno de sus pilotos, Erwin Böhme (que además era su mejor amigo), incumplieron la octava regla del "Dicta Boelcke" y se

dirigieron contra el mismo avión. El tren de aterrizaje del caza de

Böhme acabó tocando el ala superior del Albatros de Boelcke.

El ala se desgarró y el avión de Boelcke cayó en espiral,

estrellándose en las líneas alemanas.

Boelcke murió de una fractura de cráneo. Su funeral se celebró

en la Catedral de Cambrai, en el norte de Francia. Entre las coronas

de flores depositadas junto a su féretro había dos británicas:

una de ellas enviada por pilotos capturados por los alemanes

(entre ellos el Capitán Wilson, al que Boelcke había tratado con

sumo respeto después de derribarle, incluso recibiéndole en su

escuadrón) que decía: "Al oponente que admiramos y estimamos

tanto". La otra corona fue lanzada sobre las líneas alemanas por un

avión británico, con esta inscripción: "A la memoria del Capitán

Boelcke, nuestro valiente y caballeroso oponente".

El retrato de Oswald Boelcke y su máxima condecoración, la Blue Max, en la deriva de un caza Eurofighter Typhoon del Taktische Luftwaffengeschwader 31 "Boelcke" de la Luftwaffe (Foto: Interessengemeinschaft Deutsche Luftwaffe e.V.).

Hoy en día, Boelcke sigue siendo reconocido como uno de los

más grandes pilotos de la historia de la aviación. A pesar de

haber transcurrido más de 100 años de su muerte y de las abismales diferencias tecnológicas entre los aviones de aquella época y los actuales, algunas de sus reglas todavía se aplican en los combates

aéreos. Así mismo, la Luftwaffe alemana sigue rindiendo honores

a ese gran piloto a incluso ha bautizado un escuadrón de combate

con su nombre: el Taktische Luftwaffengeschwader 31 "Boelcke",

equipado con cazas Eurofighter.

Coincidiendo con el aniversario de su muerte, el canal Yarnhub

acaba de publicar un excelente reportaje contando la historia

de este gran "caballero del aire", señalándolo como el padre del

combate aéreo (el vídeo está en inglés, puedes activar los subtítulos

en español en la barra inferior del reproductor):


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