jueves, 21 de mayo de 2015

YO FUI EL SEGUNDO EN TU VIDA.




Una ría acorazada. FERROL.





Un paisaje de garitas, grúas, barcos, diques...
Ferrol surgió alrededor del arsenal y los astilleros: A mediados del siglo XVIII se construyó la Gran Dársena, una explanada abierta al mar tan grande como 24 campos del fútbol. De losdiques de los astilleroshan salidoacorazados, fragatas, portaaviones.
Lleva doscientos años fabricando buques de guerra y eso ha dejado su huella en el tejido urbano.

Para dar a conocer este patrimonio industrial y militar, el concello de Ferrol ha puesto en marchauna Ruta de la Construcción Naval: un itinerario guiado por los cuarteles más antiguos de España y por diques secos grandiosos como anfiteatros. Lugares que se han mantenido en secreto durante siglos.
La ruta puede hacerse en bus o en barco con ocho paradas obligadas que incluyen cinco construcciones militares, dos museos y un astillero.
El arsenal militar es la zona más antigua de la ciudad. La mayoría
de los edificios se siguen utilizando hoy en día por la Armada, y todo el recinto está cerrado y vigilado por personal militar.
Con estas visitas guiadas se puede entrar a la antigua sala de armas del Arsenal y ver sus almacenes porticados.Aquí es donde se guardaban la artillería, las armas y pertrechos para los buques de la Real Armada. Fue cuartel de instrucción de marinería.
Las F-100 están amarrados al muelle de la Gran Dársena: son las más modernas de la flota de fabricación ferrolana.

Y al otro lado de la Puerta del Dique, el barrio de la Magdalena, trazado a cordel, con calles de largas perspectivas. Diseñado en elsiglo de la Razón, tiene forma de un damero. Cada cuadra con las medidas de un cuartel.
El barrio conserva las fachadas modernistas de sus casas, la mayoría obra de Rodolfo Ucha, el arquitecto ferrolano.
Un buen lugar para descansar es laplaza de Amboage.

El paseo continúa por las entrañas de un astillero: Navantiaes un referente mundial en el diseño, construcción e integración de buques militares de alta tecnología. es la primera vez que se puede conocer su interior en visitas guiadas.
A pocos metros está el portaaviones Príncipe de Asturias qesperando a ser desguazado. El primer portaaviones de la Armada fue construido en estos astilleros. Estuvo veinticinco años operativo.
Navantia además de construir barcos de guerra, tiene fábrica de turbinas y también se dedica a reparaciones : es el tercer astillero del mundo en reparación de gaseros: para eso se necesitan diques enormes como el Dique 3:

La ruta pasa por el cuartel de Dolores, en Esteiro, el más antiguo de España. Este austero edificio, deciochesco, con su plaza de armas de doble galería, es base de las tropas de infantería de marina: el tercio Norte.

En la sala de armas se exponen todos los modelos de fusiles cetme, mauser, morteros, mochilas.

Tras el cuartel se encuentra los restos de Fontelonga, el único de los tres accesos por mar que se conserva de la antigua ciudad fortificada de Ferrol. Una garita, un arco y rampas. Antes el mar llegaba hasta aquí.

La ruta termina en el castillo de San Felipe a siete kilómetros de Ferrol, donde se conserva el anclaje de la cadena gigante con que se
cerraba la ría para que no entrara ningún barco enemigo.
  • Música

    • "Marineros por la Paz", de Banda de la Marina.

lunes, 18 de mayo de 2015

Todavía quedan algunos Solidadrios, Altruistas...

  

¿Solidaridad? ¿Amor al prójimo? ¿Altruismo?

Da igual cómo se llame con tal que se practique.

  

Durante el concierto de la banda Korn en Moscú, el público, espontáneamente, levantó la silla de ruedas de un joven y lo llevó más cerca del escenario para que pudiera ver mejor a sus ídolos. 

  

  

El mendigo de 98 años de edad llamado Abuelo Dobri (literalmente 'Bueno') a menudo está sentado frente a la Catedral de San Alexander Nevsky de Sofía, Bulgaria. En 2010, durante el rodaje de un documental sobre la iglesia, un periodista descubrió que la donación privada más generosa para la Catedral, de 40.000 euros, la hizo el propio abuelo. El mendigo no gasta ni un céntimo de la limosna que le dan y vive de su pensión de 100 euros mensuales. El Abuelo Dobri ha ayudado, además, a numerosas personas e instituciones: pagó las facturas de los servicios públicos de un orfanato, que estaba a punto de quedarse sin calefacción y sin luz. También ayuda a las personas sin hogar. Sin embargo, nunca se conocerán todas las buenas acciones del anciano porque nunca habla de ellas. 

  

  

  

El policía de Nueva York Larry Deprimo estaba patrullando por la plaza Times Square cuando vio a un hombre sin hogar sentado en la acera y descalzo frente a una tienda de zapatos. El agente habló con él y averiguó qué número de calzado usaba. Se fue y al rato volvió con botas nuevas de invierno y calcetines y ayudó al vagabundo ponérselos. 

  

  

  

Una tintorería del barrio neoyorquino del Bronx ofrece a los desempleados la limpieza gratuita de sus trajes para que puedan ir 'presentables' a sus entrevistas de trabajo. 

  

  

  

Un bombero acaba de salvar a un gato rescatándolo de un edificio en llamas en Boston, arriesgando su propia vida para ello. Le puso la máscara de oxígeno para que el animal pudiera respirar con normalidad. 

  

  

  

Los graduados de la escuela de la ciudad de Pirot, Serbia, decidieron sustituir los vestidos y trajes costosos para la fiesta de la graduación por camisetas con una inscripción: "Tus cinco minutos en traje valen por una vida de alguien", para donar el dinero ahorrado a los necesitados. Durante la actividad, los estudiantes y los profesores recogieron 310.000 dinares (3.500 dólares), que fueron transferidos a tres familias de niños gravemente enfermos. 

  

  

  

Una atleta ayuda a su rival, que se lesionó en un pie, a llegar a la meta. Ocurrió durante unas competiciones celebradas en Ohio (EE.UU.) en 2012. 

  

  

  

Alguien decidió hacer un favor a un desconocido y dejó el cambio en la máquina para comprar dulces o bebidas a su salud. 

  

  

  

Algunas de las pocas personas que disponían de electricidad después del paso del huracán Sandy por varias regiones de EE.UU. en 2012, sacaron los enchufes a la calle para que los que se quedaron sin fuentes de energía pudieran cargar sus celulares para llamar a sus familias. 

  

  

  

Trabajadores de una empresa de limpieza en Menfis, EE.UU., decidieron organizar una pequeña fiesta en el Hospital para niños Le Bonheur, enviando a un grupo de superhéroes a limpiar las ventanas del edificio. 

  

  

  

Los limpiadores se vistieron con los trajes de Superman, Spiderman, Capitán América y Batman. Según los voluntarios, a los niños les hacía muy felices que Spiderman los saludara desde el otro lado de la ventana. Los expertos dicen que este tipo de tratamiento es muy útil para los niños, porque así pueden olvidar sus enfermedades por un tiempo. 

  

  

  

Estos dos chicos noruegos estaban paseando cuando oyeron ruidos extraños y vieron a un cordero que había caído al agua. Aferrándose a la orilla del río y entrelazando firmemente las manos, arriesgaron sus propias vidas para salvar al animal. 

  

  

  

Un hombre le entrega sus sandalias a una chica sin hogar en Río de Janeiro. Al recibir el regalo la niña se echó a llorar. 

  

  


Anthony Cymerys, un barbero jubilado acude cada miércoles sin falta al parque Bushnell de Hartford, Connecticut, donde corta el cabello, bigote o barba a quien lo desee (indigentes, transeúntes, antiguos clientes, ...) cobrándoles tan solo un abrazo. "Si la riqueza fuera medida en base a amigos, abrazos y amor, ya sería un billonario" comenta.  

  

  

   

Finalmente, la bondad de uno de nuestros hermanos animales agradecido: la perra de la imagen, preñada, fue salvada de las llamas por el bombero que, tras su acción, recibe los besos de la madre aún quemada. Ocurrió en Charlotte (Carolina del Norte). 

  

  

En nuestro caminar, valoremos y ejercitemos los simples actos de amor, de bondad, esos que se hacen en el anonimato desde el corazón,  cuando te regalan una sonrisa, palabras amables, o cuando una mirada te dice "aqui estoy"...un simple mensaje...como estas? o un Gracias!!! y tantos gestos mas... 
Cuantas veces se nos pasa porque estamos dormidos en la rutina y no nos deja ver mas allá? 
Que estas imágenes maravillosas nos inspiren a caminar cada día con actos de bondad... 
Estos actos tan simples, mágicos, silenciosos y anónimos, reflejan para mi, la verdadera grandeza del ser. 
lo magnificencia de cada gesto desde el corazón es ver cómo genera una reacción en la otra persona,  cómo un acto tan simple puede regalarte tantas emociones y que quizás puede cambiar el día o la vida de alguien. 
Seamos  GRANDES anónimos de bondad en servicio. 
En tu pensamiento ya creaste tu próximo acto de bondad? 

                                                                                                  

 

 

 

Fotos de época. Ultramarinos El Rápido. ( Orígenes y Una de las historias de D. Emilio).



Plaza de Amboage
Escalera a la calle Real
El Ferrol
***

Ultramarinos El Rápido
D. Emilio Luaces, este ferrolano regentaba, desde 1922 en que fuera traspasada, una tienda de ultramarinos en la céntrica Rúa Magdalena que había abierto sus puertas en 1850. El nuevo nombre que le pondría sería una referencia a un mote que se ganó en Argentina.
En la capital del país, en Buenos Aires, entre la calle Talcahuano y la Avenida Rivadavia, este inmigrante – llegado con una primera ola de europeos tras la I Guerra Mundial – montó un pequeño negocio de comida. La situación era estratégica, pues se encontraba junto a un cruce de tranvías, una estación de tránsito donde se cambiaba de una línea a otra y también de turno de los empleados.
Pasajeros y ferroviarios tenían el tiempo justo para comerse un tentempié y por eso las órdenes llegaban con urgencia en la voz y el discurso, con acento local, “Ché, un bifé ¡pero rápido!”. Cuando D. Emilio volvió a la madre patria fue su madre natural la que le pidió que no se fuera más y este accedió. Pronto vislumbró una oportunidad de negocio en el traspaso de una tienda situada en otra zona estratégica de Ferrol, entre el puerto y al comienzo del Ensanche, a la que rebautizó como “Ultramarinos El Rápido”.
Los paladares más exigentes (como los de los señores de Ferrol que mandaban a las muchachas a hacer la compra, o de los pudientes de zonas rurales que enviaban a las mandaderas a la ciudad) encontraban aquí vinos finos de Oporto, Tío Pepe y similares. Para las mujeres que acababan de dar a luz, las energías se recuperaban regalando chocolate y vino quinado (productos ambos a la venta en la tienda).
De carburo a patatas, de arroz a bacalao seco, las tiendas de ultramarinos ofrecían también productos locales y de consumo diario. Los huevos, patatas, gallinas o conejos procedían del entorno rural y sus minifundios, las pequeñas explotaciones casi de monocultivo que rodeaban Ferrol a ambos lados de la ría. Cuando algo sobraba, aprovechando los viajes desde parroquias como Mugardos o Perlio a la ciudad, se vendía.
La vuelta, sin embargo, solía hacerse con las manos vacías. El temor a que les robaran en el viaje de regreso (cuando los ladrones sabían que llevaban encima dinero), llevó a muchos campesinos a optar por dejar su dinero bajo la custodia de las tiendas de confianza. Eso explica que en “El Rápido”, bien empotrada en la pared, se conserve aún una antigua caja fuerte. Y también que las primeras libretas de ahorro fueran las libretas de las tiendas, donde se apuntaba quién depositaba dinero y cómo se descontaba de ahí el importe de lo que iban comprando.
Cuando D. Emilio se retire serán dos sobrinos suyos los que se hagan cargo del negocio. Hasta entonces, si pasas por Ferrol no dejes de ir a comprar a “Ultramarinos El Rápido” y te llevarás también una conversación cargada de pequeñas historias de medio siglo atendiendo clientes.
Foto de época
Ultramarinos El Rápido
(Una de las historias de D. Emilio)
D. Emilio sintió curiosidad por lo que aquel matrimonio, clientes suyos, depositaron respetuosamente en el mostrador de su tienda. Ante su atenta mirada, procedieron entre lágrimas a desenvolver del papel de estraza que lo protegía, otro tipo de papel de mayor valor. La exclamación del comerciante, al ver casi el futuro de esa humilde familia en sus manos, fue sincera y expresiva, "Pero…¿esto qué es?".
No es que D. Emilio no hubiera visto cosas extrañas en su vida. Lo que envolvía el papel de estraza era un billete de 1.000 pesetas, casi irreconocible pues había sido metódicamente devorado por los ratones. Habían optado por esconderlo en la parte baja de la casa, donde se guardaban los animales, detrás de un cuadro de San Antonio, junto a una viga. No habían contado con que la viga era vía de paso para otros habitantes de la casa, los ratones. Cuando estos detectaron un olor que no les era familiar procedieron a investigarlo y eso, traducido a su idioma, consistió en roerlo por todos lados. Cuando San Antonio empezó a mostrar señales de que se lo estaban comiendo, la familia le dio la vuelta al cuadro y se descubrió la tragedia económica.
Pero si alguien podía solucionar aquello, ese era D. Emilio y a él acudieron.
La buena fortuna, las casualidades o la necesaria relación entre comercio y economía hizo que un amigo íntimo de D. Emilio fuera Pepe Iglesias, un hombre enorme y de buen apetito que con frecuencia se sentaba a la mesa con el tendero en casa de la madre de este. Más allá de la afición por la comida, lo interesante de Pepe era su profesión, pues era el cajero del Banco de España en La Coruña.
Cuando D. Emilio le enseñó lo que quedaba del billete, después de la estupefacción inicial, Pepe soltó un resolutivo "Déjalo en mis manos" y abrió un expediente sobre el caso. Al cabo de un tiempo, el Banco de España le mandó desde Madrid un sobre que contenía una carta en el que costaba la anulación del billete mutilado…y un billete nuevo de 1.000 pesetas.
La alegría de la pareja mayor de campesinos cuando se les mandó llamar y vieron aquel billete inmaculado, una fortuna, fue indescriptible. Insistieron repetidamente en que D. Emilio se quedara una parte pero este lo rechazó tajantemente aunque se le ocurrió que como agradecimiento, y sabiendo del buen comer de este, a Pepe le regalaran un jamón cuando hicieran matanza.
Cualquier día del año, cualquier ocasión, es un buen momento para que, como D. Emilio, le demos una alegría a alguien.

De Eva Crespo del grupo Lembranzas de Ferrol del feis.
¡¡¡GRACIAS EVA!!!



Aportada por Rosana Fraga Romero.

Teoría sobre el infierno. Sencillamente magistral.

  
DEMOSTRACIÓN DE IMAGINACIÓN DE UN ALUMNO,  QUE ADEMÁS DE SORPRENDER CON SU INGENIOSA CONSTRUCCIÓN DE PENSAMIENTO, ES POSEEDOR DE UN HUMOR IMPLACABLE.
 
Teoría del Infierno.
 
La siguiente pregunta fue hecha en un examen trimestral de química en la Universidad de Toledo. La respuesta de uno de los estudiantes fue tan "profunda" que el profesor quiso compartirla con sus colegas, vía Internet, razón por la cual  podemos todos disfrutar de ella.
 
Pregunta: ¿Es el Infierno exotérmico (desprende calor) o endotérmico (lo absorbe)?
 
La mayoría de estudiantes escribieron sus comentarios sobre la Ley de Boyle (el gas se enfría cuando se expande y se calienta cuando se comprime).
 
Un estudiante, sin embargo, escribió lo siguiente:
 
"En primer lugar, necesitamos saber en qué medida la masa del Infierno varía con el tiempo. Para ello hemos de saber a qué ritmo entran las almas en el Infierno y a qué ritmo salen.
Tengo sin embargo entendido que, una vez dentro del Infierno, las almas ya no salen de él. Por lo tanto, no se producen salidas.
En cuanto a cuántas almas entran, veamos lo que dicen las diferentes religiones: la mayoría de ellas declaran que si no perteneces a ellas, irás al Infierno. Dado que hay más de una religión que así se expresa y dado que la gente no pertenece a más de una, podemos concluir que todas las almas van al Infierno. Con las tasas de nacimientos y muertes existentes, podemos deducir que el número de almas en el Infierno crece de forma exponencial.
Veamos ahora cómo varía el volumen del Infierno. Según la Ley de Boyle, para que la temperatura y la presión del Infierno se mantengan estables, el volumen debe expandirse en proporción a la entrada de almas. Hay, por lo tanto, dos posibilidades:
1ª - Si el Infierno se expande a una velocidad menor que la de entrada de almas, la temperatura y la presión en el Infierno se incrementarán hasta que éste se desintegre.
2ª - Si el Infierno se expande a una velocidad mayor que la de la entrada de almas, la temperatura y la presión disminuirán hasta que el Infierno se congele.
¿Qué posibilidad es la verdadera?. Si aceptamos lo que me dijo Teresa en mi primer año de carrera (hará frío en el Infierno antes de que me acueste contigo) y, teniendo en cuenta que ayer noche me acosté con ella, la posibilidad número 2 es la verdadera. Doy por tanto como cierto que el Infierno es exotérmico y que ya está congelado.
 
El corolario de esta teoría es que, dado que el Infierno ya está congelado, ya no acepta más almas y está, por tanto, extinguido ... dejando al Cielo como única prueba de la existencia de un ser divino y amoroso. Lo que explica por qué, anoche, Teresa no paraba de gritar: ¡Oh Dios mío! 
 
Dicho estudiante fue el único que sacó 'sobresaliente'. Sencillamente ¡¡¡ magistral !!!
 
 





 

domingo, 17 de mayo de 2015

Regreso al coto de Conchita y Ángeles.

Diario de Cádiz: Regreso al coto



Conchita salió de su choza, en el corazón de Doñana, un día hace más de 70 años, se embarcó para atravesar el Guadalquivir y nunca más volvió. Fue cuando se casó, con 23, y se fue a vivir a Chipiona con su marido. Entonces abandonó para siempre la que había sido su casa familiar desde niña. Bastante tiempo después, su hermana Ángeles, con 32, hizo el mismo camino con su hombre para establecerse en Sanlúcar. El Coto, ahora parque nacional en manos del Estado, hacía entonces honor a su nombre y era todavía un lugar cerrado y privado, propiedad de condes y marqueses, en el que además habitaba una considerable cantidad de familias repartidas en chozas levantadas con materiales vegetales muy perecederos, recogidos del entorno que les proveía de trabajo y sustento.

La familia de Conchita y Ángeles fue de las últimas en vivir en esos ranchos, abandonados por la vida moderna al final de los ochenta del pasado siglo. Hoy sólo quedan algunas chozas reconstruidas y rehabilitadas por el Parque en la zona conocida como La Plancha, frente a la zona sanluqueña de La Algaida, al otro lado del río que parece dar paso a otro mundo. El poblado ficticio permite a los numerosos visitantes hacerse una ligera idea de aquel otro mundo, que reunía todos los méritos para recibir el nombre de ancestral. Hace unos días, ya con 94 y 91 cumplidos, las dos hermanas volvieron con Diario de Cádiz, y gracias ala colaboración del buque Real Fernando y del Centro de Recepción del parque al Coto, por primera vez desde aquellos lejanos días de su infancia y primera juventud, sin luz eléctrica ni colegio. Bueno, Ángeles había hecho una cortísima visita hace "seis o siete años", cuando la llevó su hijo Ramón en un viaje al pasado.

Pero para Conchita es como un descubrimiento, ahora casi no reconoce nada, todo lo contrario de su hermana, charlatana y viva con sus 91 brillantes primaveras, que grita "¡Este es mi pueblo, este es mi pueblo!" en cuanto el buque Real Fernando dirigido por el capitán Juan Manuel nos deja en la otra orilla y pisamos la arena, y apuntala su expresión con una jaculatoria especial: "Esto lo ha hecho el Señor, que yo pueda volver a ver mi pueblo después de tantísimos años". "¿Será posible que yo no me acuerde de casi nada de como era esto?", se lamenta Conchita, consolada inmediatamente por su dispuesta hermana: "¡Ahora mismo te lo digo yo todo!", y la disculpa ante el periodista en un susurro: "Es que ella es mayor que yo". Y le señala donde estaba su choza, y las de los vecinos, y discute con ella sobre si ese pozo era el suyo o no, y hasta sobre el nombre de los borricos que tenían.

Ya en el barco ambas habían empezado a desgranar la ristra de escenas de una vida dura y que sin embargo recuerdan como casi idílica cuando la describen hoy. "Yo no salí del Coto hasta que no cumplí los ocho años -cuenta Ángeles-, cuando acompañé a Sanlúcar a mi madre, que venía a dar a luz a mi hermano. Y me acuerdo de que yo iba andando por la calle asustá, mira tú, con las casas, las campanas... me acuerdo de que había una obra en la carretera y me caí con los escombros y que yo llevaba un canasto con huevos y se me rompieron unos cuantos... fíjate de lo que me acuerdo. Pero aunque a lo mejor cruzábamos dos veces o tres el río al día, porque mi padre venía a traer leña con la canoa, nunca salíamos del Coto".

Concha cuenta que ella, como era mayor, iba a trabajar con su padre. No se pone de acuerdo con su hermana en los recuerdos, puesto que una dice que vivían en dos chozas y la otra que eran tres. "No, mujer, pero es que una era la candela", que era como decían a la estancia donde se cocinaba. Ramón, que así se llamaba el padre, "tenía un tajo, vamos que trabajaba en un sitio con los pinos, talándolos, recogiendo la chamiza (las ramas cortas), recogiendo las piñas, haciendo carbón..." ¿Y con eso daba para vivir? "Sí, hombre, se vivía, era lo que se llamaba la tercera, un modo de trabajo por el que el capataz se quedaba con una parte y mi padre con dos, bueno como mucha gente".

Mientras Concha iba a trabajar con su padre, Ángeles, más pequeña, se quedaba a ayudarle a su madre. "El trabajo era duro, engavillábamos la chamiza, la acarreábamos, cargábamos los haces en las bestias y después cruzábamos por los pinos hasta la playa, a lo mejor hacíamos entre la ida y vuelta más de 20 kilómetros al día". Eso siempre, pero por los menos dos veces al año hacían el carbón. "Se hacían dos cochuras -recuerda Ángeles-, una para las Pascuas y otra en verano, las hacía mi padre, claro, pero nosotras le ayudábamos a rodear los hornos, que se hacían con montones de leña. El carbón tardaba ocho o diez días en hacerse".

"Nosotras vivíamos bien" asegura Ángeles, que rememora unos tiempos que dibujan en su memoria unos niños "felices como patos en el agua", y viviendo en unas chozas que ellas recuerdan hasta bonitas, sobre todo si las comparan con las recreaciones fabricadas para los visitantes: "Estas son muy oscuras -comentan al entrar en una de ellas-, las nuestras estaban blanqueadas por dentro, más bonitas", y señala casi de corrido, como una experta, Ángeles las partes del armazón: "Mira las berlingas, esa es la riostra, la madre, las latas, anda que no he hecho yo latas o ayudao a coser ramas..." ¿Pero las chozas las hacían ustedes? "No, hombre, las hacía el chocero, pero nosotros le ayudábamos, y además había que arreglarlas..."

"No había colegio, esa era la pena, sobre todo para mi madre. En algunas épocas del año venían las hijas del marqués para darnos el catecismo y preparar la primera comunión, allí en Las Marismillas... pero habría sido mejor más colegios y menos catecismo" reivindica a su manera Ángeles. Ambas, no obstante, reconocen la suerte que tuvieron entre todos los niños del poblado, porque la madre de seis hijos se había educado "en un buen colegio, en la Huerta Grande de Sanlúcar, y sabía leer, escribir, las cuentas...". Por las tardes, después de la dura jornada y antes de acostarse, la madre se preocupaba de que sus hijos aprendieran casi como en una escuela, y a eso deben tener al menos las mínimas nociones de alfabetización.

La escena descrita era esta: una mujer leyendo cuentos a sus hijos en una choza, en el corazón de lo más parecido que había a una selva en la España de aquellos tiempos. "Nos leía de todo, la Biblia -dice Ángeles, con un brillo momentáneo en los ojos-, a mí me encantaba la Historia de José, cómo interpretaba los sueños del faraón... y un cuento que me aprendí de memoria, me acuerdo que se llamaba El perro fiel...". Esta afición lectora le trajo más de una pelea a aquella mujer con su marido. "Claro, porque ella estaba leyendo y llegaba mi padre con mi hermano, y le reprochaba que no estuviera preparando la comida para ellos que venían de trabajar"

Casi todo lo que necesitaban salía de los alrededores, del propio Coto. Recuerdan que con las piñas encendían la candela para hacer la comida, y también servían para calentarse. "De paso nos hartábamos de piñones" -ríe Concha-, que también recuerda los pollitos tomateros que se comían, las gallinas que criaban y esos huevos "tan buenos con papas". Otros animales, como los cerdos, no podían tenerlos, porque se comían los piñones y no dejaban crecer los pinos. Tampoco les dejaban tener un huerto: "Eso, los guardas".

El autoabastecimiento llegaba incluso a la ropa: "Mi madre también sabía coser, ella nos hacía toda la ropa con su máquina, los chalecos, los pantalones, "hasta las bragas, que las hacía con una muselina muy buena que mandaba a comprar a mi padre a Sanlúcar". "Era muy buena mi madre -habla Ángeles- pero muy recta. Aquí en el Coto todo el mundo tenía un mote, había uno ¿cómo se llamaba? que era el que le ponía mote a todos: el Pitillo, Palenque, Moquiqui... pero mi madre no consentía, nos decía que como ella se enterara de que nos lo ponían y respondíamos a él nos íbamos a enterar"

La vida era dura, pero tenía sus alivios. Contra el calor, enormes sombreros de paja; contra los abundantes mosquitos, esos mismos sombreros con velos por toda la cara, y en la choza, quemar madera de sabina y hacer mucho humo hasta que se fueran. "Nos bañábamos con unos bañadores que nos hacía mi madre con un vestido cosido por abajo, y los niños con pantalones viejos". En aquellas circunstancias de aislamiento, encontrar novio no era tan fácil. "Había muchos primos hermanos que se casaban, nosotras no, nosotras encontramos novio que no eran familia". Como queda dicho, Concha se fue del Coto en cuanto se casó, pero Ángeles aún vivió de casada muchos años allí. "Hasta los 32 años, que mi hermana me recomendó para un puesto de servicio en el Juzgado de Sanlúcar. Yo me puse loca de contenta, porque el carbón y la leña ya no daban trabajo cuando empezaron a llegar todos los adelantos, y le dije a mi marido: nos venimos y te buscas algo en El Puerto, y así hicimos, y un 19 de marzo de 1954 nos montamos en la canoa, cruzamos el río... y hasta ahora". Sus padres casi murieron en el Coto.



viernes, 15 de mayo de 2015

Cuando el humor rima con la cultura.



 14 de mayo de 2015
Para: Fernando.
de: Carolina.




 
Cuando el humor rima con la cultura
A un almirante británico que afirmaba: "¡Vosotros los Franceses lucháis por el dinero, nosotros los Ingleses por nuestro honor !",
Robert Surcouf, célebre corsario nativo de St. Malo, replicó: «¡Señor, cada uno lucha por lo que no tiene!".
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  Durante un intercambio entre los dos rivales políticos del siglo 18, John Montagu, Conde de Sandwich y el reformista John Wilkes,
Montagu dice a Wilkes: « Señor, no sé si moriréis en el patíbulo o de sífilis.
A lo que Wilkes contesta: « Eso depende, Señor si abrazo sus principios o a su querida.».
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Lady Astor increpó un día a Winston Churchill: « ¡Señor Churchill, Ud. es un borracho! ».
Churchill contestó de inmediato: « Y Ud. Señora, es fea...pero yo, mañana, estaré sobrio! ».
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Cindy Crawford a Amanda Lear durante un cóctel: « Gracias por enviarme su libro, me ha encantado. Pero dígame, ¿quién se lo ha escrito? »
Amanda respondió con sonrisa vitriólica: « Me complace enormemente que haya apreciado mi libro. Pero dígame, ¿quién se lo ha leído? ».
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La fealdad del Príncipe de Conti era notoria, debido a esto su mujer le engañaba sin vergüenza alguna.
Un día al irse de viaje el Príncipe de Conti le dijo a su esposa: « Señora, le recomiendo que no me engañe durante mi ausencia ».
Y su esposa le susurró: « Señor, puede irse tranquilo: sólo tengo ganas de engañarle cuando le veo ».
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Churchill un día, "pinchando" a George Bernard Shaw, que estaba muy delgado entonces: 
« Al verle, todo el mundo podría pensar que la hambruna reina en Inglaterra ».
A lo cual Bernard Shaw replicó: « Sin embargo al verle a Ud., todo el mundo podría pensar que es Ud. la causa ».
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Durante una visita al palacio de Blenheim, casa ancestral de la familia Churchill, Lady Astor, el icono feminista debatía los derechos de las mujeres con Winston, al cual se le conocía por su desafección total a esta causa.
En el punto álgido de su desacuerdo, Lady Astor exclamó: « ¡Winston, Si fuese su esposa, pondría veneno en su vaso! ».
A lo cual Churchill reaccionó: « Pues yo, Nancy, si fuese su marido, me lo bebería! ».
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En el Conservatorio Nacional de Arte Dramático, Louis Jouvet, profesor, a François Périer, jóven alumno:
« Si Molière viese cómo interpretas a su Don Juan, regresaría a su tumba ».
Y Périer, en el mismo tono le contesta: « Como Ud. ya lo ha interpretado antes que yo,esto lo volverá a su posición inicial. ».
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Anna Tyskiewicz, futura condesa Potocka, disimulaba cuidadosamente un estrabismo divergente.
Pero Talleyrand, el patizambo más célebre de la Historia, conocía esta discapacidad de la condesa.
Ésta un día le preguntó: « ¿Cómo le va, Príncipe? ».
« Cómo Ud. puede verme, Señora », le respondió Talleyrand.
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« Señora va a echar mucho en falta al mariscal…» le aseguraron a la viuda del Mariscal de Boufflers durante su funeral.
« Seguramente, pero por lo menos sabré dónde pasa sus noches » suspiró..
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«Señor de Rivarol,¿cuántos años me echa?» le pregunta una vieja coqueta al hombre célebre.
« ¿Porqué tendría que echarle años Señora? ¿No tiene Ud. ya los suficientes? ».
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Al final de una cena organizada por Winston Churchill, su mayordomo ofrece la caja de puros a los invitados.
Uno de ellos, sin el menor escrúpulo, coge cinco puros y se los mete en su bolsillo, murmurando:
«Son para el regreso.»
  « Gracias por haber venido de tan lejos » le contestó Churchill . »