PUNTO DE ENCUENTRO DE AMIGOS, FAMILIARES, DE LOS ARNÁIZ QUE NAVEGAN EN SINGLADURAS PROPICIAS MUNDO ADELANTE, Y DE TODA LA GENTE DE BONHOMÍA, QUE LO DESEE, DISPONGA DE TIEMPO, GANAS DE EVADIRSE Y BUENA VOLUNTAD. LEMBRANZAS DE FAMILIA.
martes, 15 de diciembre de 2015
martes, 8 de diciembre de 2015
El Gran Capitán,Gonzalo Fernández de Córdoba. 500 aniversario de su muerte.
La traición del viejo Rey: el trágico final del Gran Capitán lejos de la guerra y de la corte
Hace hoy 500 años, el general cordobés murió en Loja (Granada), triste y
abandonado políticamente, a causa de un brote de fiebres cuartanas,
enfermedad que había contraído en una de las guerras del Rey
A los 62 años, el Gran Capitán falleció en Loja (Granada), aislado políticamente, a causa de un brote de fiebres cuartanas, enfermedad que había contraído en una de las guerras del Rey. Semanas después de su muerte llegaron decenas de cartas de condolencia a su familia, entre ellas la del Rey Fernando, que invocaba su vieja amistad y trataba de disimular con palabras gruesas el hecho de que había incumplido todas sus promesas de recompensa, una detrás de otra; y la del joven Carlos de Gante, quién había oído desde niño la historia de su odisea italiana. Paradójicamente, Fernando El Católico moriría solo un mes después que aquel hombre al que tantas desconfianzas había destinado.
La falta de fuentes documentales del periodo hace que la mayor parte de lo que se conoce sobre Gonzalo Fernández de Córdoba proceda del clásico mito del vasallo maltratado, incluida la historia de las famosas cuentas del Gran Capitán. Así, las victorias del Gran Capitán en Ceriñola y Garellano, lejos de despertar una gratitud incondicional por parte de Fernando El Católico, vinieron acompañado de una revisión de las cuentas de sus gastos bélicos. A medio camino entre la realidad y la leyenda, la muerte de Isabel La Católica en 1504, que siempre había salido al paso de las acusaciones de corrupción lanzadas contra el cordobés, dejó las manos libres a su desconfiado marido para enviar unos contadores de la corona a investigar al virrey de Nápoles.
Investigado por corrupción
En el otoño de 1506, Fernando reclamó a Gonzalo claridad en sus cuentas nada más desembarcar en el reino italiano. «Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados; por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados; por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados; y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del Rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados», contestó supuestamente el Gran Capitán ofendido por la ingratitud del Rey.
Desde entonces, la expresión «las cuentas del Gran Capitán» y la respuesta dada por el general se utilizan para ridiculizar una relación poco pormenorizada o para negar una explicación pedida por algo a la que no se tiene derecho. La respuesta altiva achacada al Gran Capitán, en cualquier caso, nunca se ha podido demostrar y corresponde a la típica del soldado español de la época: fiel pero orgulloso, desapegado de lo material, valiente hasta la temeridad, violento y desafiante.
La muerte de Isabel La Católica dejó las manos libres a su desconfiado marido para enviar unos contadores de la corona a investigar al virrey
Lo que sí parece probable es que el Gran Capitán entregó, sin malas palabras o altivez, unas cuentas que no fueron del agrado del Monarca. Como señala el libro recientemente reeditado por EDAF «El Gran Capitán» (escrito por José María Sánchez de Toca yFernando Martínez Laínez), los interventores de la Hacienda real consideraron excesivo el dinero gastado en la Guerra de Nápoles de 1501 a 1503. En consecuencia, los episodios de tensión entre el virrey y Fernando de Aragón no dejaron de sucederse durante su estancia en Nápoles.
Una de las historias más extendidas es que, estando la flota española anclada en la bahía de Nápoles, los 1.500 vizcaínos al servicio del capitán general Juan de Lezcano escucharon el falso rumor de que Gonzalo Fernández de Córdoba, con el que habían servido durante años, había sido confinado en Castel Nuovo. Los marineros desembarcaron y se dirigieron a liberar al cordobés con insultos contra el Rey que había hecho preso «al mejor hombre del mundo». Tuvo que acudir en última instancia el propio virrey a demostrar que no lo habían apresado para que aquella horda vasca empezara a sosegarse.
A principios de 1507, Fernando prefirió alejar al Gran Capitán de Nápoles para sustituirlo por el Conde de Ribagorza, que poco después fue remplazado por el catalán Ramón de Cardona, quien protagonizaría varios reveses contra los ejércitos galos en los siguientes años. No en vano, en ese momento las relaciones entre Francia yla Corona hispánica se encontraban en el campo de la cordialidad. En junio de 1507, el Rey francés organizó un banquete al que invitó a Fernando El Católico, a Germana de Foix y a Fernández de Córdoba, donde se sinceró como un admirador del hombre que había vencido a sus ejércitos. «Mande Vuestra Señoría al Gran Capitán que se siente aquí; que quien a reyes vence con reyes merece sentarse y él es tan honrado como cualquier Rey», afirmóLuis XII según la leyenda. Aquella actitud despertó el recelo del desconfiado Rey aragonés, que vio su papel de protagonista desplazado por uno de sus vasallos.
Un pequeño cargo a cambio de Nápoles
Ambos regresaron en la misma comitiva a España, en el caso del general después de una década fuera de la península. En la Corte, el cordobés buscó sin éxito ser nombrado Maestre de la Orden de Santiago y volver a ponerse al frente de los ejércitos del Rey. El aragonés creía que el Gran Capitán ya había sido convenientemente recompensado y puso en la nevera política al militar. En vista de que el Monarca no tenía intención de entregarle el maestrazgo de la principal orden militar de España como le había prometido, el cordobés acudió a Juana La Loca, auténtica soberana de Castilla, que, a pesar de su incipiente locura, le nombró alcalde de la ciudad de Loja. Se trataba de un cargo menor, pero venía acompañado del derecho sobre las rentas del comercio de seda en Granada.
Antes de tomar posesión del cargo, el Gran Capitán debió lidiar con el amago de rebelión que el Marqués de Priego, hijo del hermano mayor de Gonzalo Fernández de Córdoba, comenzó contra la autoridad del Rey. La situación fue especialmente delicada al tratarse de un familiar sospechoso de guardar rencor al Monarca. El marqués, alcalde mayor de Córdoba, detuvo al enviado del Rey encargado de investigar precisamente si estaba hablando mal en público de Fernando. Además, asaltó la cárcel de la Inquisición, cuya actuación desproporcionada en la ciudad fue la causa de fondo en la revuelta.Fernando El Católico contestó con todo el peso de la Corona. Al frente de un ejército de 3.000 soldados y mil lanzas restableció la autoridad y, a modo de escarmiento, dejó en ruinas el Castillo de Montilla, donde el Gran Capitán había pasado su infancia.
El Rey entorpeció el matrimonio pactado entre la hija mayor del Gran Capitán, Elvira, y el condestable de Castilla
Gonzalo Fernández de Córdoba prefirió mantenerse al margen en todo momento. Incluso medió para que su sobrino no complicara todavía más las cosas. Finalmente, el arrepentimiento del Marqués de Priego, así como la influencia de su tío, logró salvarle la vida, pero no le evitó recibir una multa millonaria y ser condenado al destierro de Córdoba. Mientras tanto, el 15 de julio de 1508, el Gran Capitán tomó posesión del cargo de gobernador de Loja, donde permaneció a la espera de que el Rey quisiera volver a contar con sus servicios. Más allá de la leyenda, sí es cierto que Fernando El Católico se encargó de recordarle con desplantes que, si en Italia era un héroe militar, en España solo era uno más de los nobles que revoloteaban en torno a la Corte en busca de mercedes y recompensas.
En 1509, el Rey designó a Pedro Navarro –el capitán, corsario e ingeniero que había acompañado al Gran Capitán en sus campañas– para encabezar una expedición militar en Orán. Pese a que incluso el Cardenal Cisneros, instigador del plan, apoyaba la elección del cordobés, el Monarca prefirió a un hombre sin experiencia a la hora de manejar ejércitos de aquellas dimensiones. Era el enésimo desprecio.
A nivel familiar, el Rey entorpeció el matrimonio pactado entre la hija mayor del Gran Capitán, Elvira, y el condestable de Castilla, Bernardino Fernández de Velasco. El viejo aragonés temía que los matrimonios entre nobles con tanta influencia irían en perjuicio del poder real y trabajó para evitarlo. El matrimonio al final no pudo celebrarse, y Gonzalo falleció sin ver a su hija casada con el Conde de Cabra, cuyo enlace aseguró la continuidad de la estirpe. Su otra hija, Beatriz, falleció soltera en 1511. Quizás para compensar tantos desplantes, Fernando El Católico estuvo a punto de enviarle de nuevo al año siguiente a Italia, al conocerse la derrota de los ejércitos de Ramón de Cardona a manos francesas en la batalla de Rávena.
Tras el desastre, el Papa y Venecia, que, junto a España, conformaban una alianza antifrancesa, exigieron al aragonés que mandase al Gran Capitán. No obstante, cuando las levas ya estaban listas y el general cordobés había enviado misivas a sus viejos amigos en Italia advirtiendo su llegada, Ramón de Cardona recondujo la situación al vencer a los franceses en Novara, lo que le permitió reponer en Florencia a los Médici.
«Viviré en estos agujeros donde salí»
Mientras el Gran Capitán congregaba sus tropas en Málaga, Fernando El Católico desvió por sorpresa los recursos prometidos al cordobés para dárselos al II Duque de Alba, que el 12 de julio de 1512 atravesó la frontera y ocupó Pamplona en un movimiento casi felino. A la vista de que no iba a ser necesario enviar refuerzos a Italia, el aragonés prefirió emplear los preparativos del Gran Capitán –que desconocía los planes del Rey– como mera distracción, mientras otro ejército aprovechaba para conquistar parte deNavarra. Fernández de Córdoba licenció poco después las tropas, cuyos gastos habían corrido de su cuenta, y se marchó a Loja visiblemente dolido. «Viviré en estos agujeros donde salí, contento con lo que su alteza face...», escribió con amargura.
En el verano de 1515, la salud del Gran Capitán entró en crisis. Las fiebres cuartanas, que contrajo en la ribera del Garellano poco antes de la batalla de mismo nombre, fueron consumiendo su salud poco a poco. Su estado anímico tampoco ayudaba en su recuperación. Ya no pudo volver a montar a caballo y apenas podía caminar sin ayuda. El 2 de diciembre, el cordobés falleció en su casa de Loja rodeado de su círculo familiar y de sus deudos. El viejo Rey murió un mes después.
domingo, 6 de diciembre de 2015
miércoles, 25 de noviembre de 2015
EVOLUCIÓN DE LA ARMADA ESPAÑOLA.
EVOLUCIÓN DE LA ARMADA ESPAÑOLA (I) (1975-2015) (General de División Juan Chicharro Ortega)
En este artículo, y en los dos siguientes, emprendo una difícil síntesis de la evolución de la Armada española que yo he vivido en los últimos 40 años. Por supuesto, es una visión personal y por tanto sujeta a criterios diferentes por parte de quien la lea.
Vamos a ello.
La vida media de un buque de guerra ronda los treinta años, lustro arriba o abajo, por lo que cabria pensar que describir 40 años de la historia de nuestra Armada sería como relatar las vicisitudes de uno de sus barcos en una extensa navegación. Una navegación en la que ha habido momentos en los que ésta se ha desarrollado con buena mar y otros surcando ésta entre fuertes marejadas, cuando no temporales.
El hombre es propenso a pensar siempre que los tiempos presentes no son buenos y que tiempos pasados fueron siempre mejores. Es por eso que se hace necesario conocer y profundizar siempre en las enseñanzas de la historia y a partir de ahí situar con mayor exactitud las características de la realidad de hoy. No son momentos, hoy, en los que reine el optimismo generalizado pero si nos atenemos a hechos históricos como la crisis del 98 o a lo acaecido en el 36, por lo que la Armada se refiere, podemos deducir que la situación de entonces fue bastante más grave que la presente. Mucho más grave; y recordemos que de ellas se salió con renovadas energías. Y de esta saldremos también.
Considero necesaria esta introducción antes de analizar las vicisitudes de la Armada en los últimos 40 años por la sencilla razón de que pese a los avatares acaecidos en nuestra Patria que tanta incidencia han tenido en nuestras FAS, constato que la esencia de lo que siempre fue la Armada se mantiene incólume. A pesar de todo.
Los 40 años de la historia de nuestra Armada que se describen en este, y otros artículos que seguirán, coinciden prácticamente con mis años de servicio en la misma, por lo que cuanto yo pueda expresar aquí no será fruto del estudio histórico, sino de lo realmente vivido en primera persona; por lo tanto, y como no podía ser de otra manera, estas líneas tienen una faceta subjetiva inequívoca, si bien pretenden ser fieles a la objetividad que una obra como la presente requiere.
Parto, consecuentemente, del recuerdo de la Armada a la que yo me incorporé en el año 1969 y de la que me retiré del servicio activo en el año 2010.

La Armada constituye parte indisoluble del conjunto de las FAS y como tal se ha visto afectada por las vicisitudes a las que estas han estado sometidas en estos últimos 40 años. Esto es evidente; sin embargo La Armada tiene una personalidad propia muy acuciada derivada de las características del medio en el que se desenvuelve, que no es otro que la mar, y a su ubicación geográfica en la periferia, y más en concreto en tres localidades como Ferrol, Cádiz o Cartagena. Quiero decir con esto que la Armada carece las más de las veces de la globalidad que puede tener el Ejército de Tierra y que consecuentemente ha sido ajena a muchos de los efectos que la política en general – que no la de defensa – ha ocasionado a ese ejército en el transcurso de estos años. Así, por ejemplo, la relación de la Armada con hechos como los que se desarrollaron en torno al 23 de febrero de 1981, y a todos sus antecedentes, fue casi nula o inexistente. La participación de oficiales de la Armada en la desaparecida "Unión Militar Democrática" fue testimonial limitándose esta a apenas cuatro o cinco personas cuya pertenencia a dicha organización se debía más a frustraciones personales que a convicciones. El impacto del conocido "manifiesto de los 100 capitanes", que se publicó en 1981, no tuvo eco en la Armada; al menos que yo recuerde. Y fue así no porque los jóvenes oficiales de marina de entonces no coincidieran con sus postulados sino simplemente porque los propiciadores del mismo no contaron con ellos.
Esto son sólo ejemplos, claro está, pero que dan una idea de la lejanía – que no indiferencia – en la que se ha encontrado la Armada en todos estos años; algo que no es nuevo ciertamente en nuestra historia general. Lo que sí es cierto es que ha sido sufridora de todo cuanto ha acaecido después y no siempre para bien.
Mi propósito en este artículo, y los que le siguen, es dar una visión global del devenir de la Armada en esos últimos 40 años.
En 1975 la Armada contaba con unos 40000 hombres y disponía aún de barcos que procedían de nuestra guerra civil y de la segunda guerra mundial. Era una Armada en la que las crecientes relaciones con los EEUU propiciaban un conocimiento de los procedimientos técnicos y tácticos de la misma OTAN que más tarde serían muy beneficiosos al producirse la integración de nuestro país en la Alianza. Era una Armada en la que la colaboración con la industria naval – que siempre existió – comenzaba a dar pasos de gigante en la definición de buques que con el tiempo llegarían a ser sólo de producción nacional y con capacidad exportadora. Era una Armada en la que todo el esfuerzo de de medios e instalaciones para el apoyo a la fuerza era especifico y adaptado a las verdaderas necesidades del propio ejército. Era una Armada en la que, a pesar de que nunca fueron boyantes los medios, se atendía a las necesidades especificas de su personal para propiciar que la razón de su existencia, que no era otra que la Fuerza, fuera posible: atención hospitalaria, colegios, viviendas……etc. Nadie piense que aquello era el paraíso en este sentido, ni mucho menos, pero sí es cierto, por ejemplo, que la movilidad geográfica a la que estaba sometido su personal estaba garantizada o al menos atendida, en líneas generales, desde luego en mayor grado que ahora. Era una Armada que, si bien circunscrita a las islas Canarias, islas Baleares y a las tres bases principales antes citadas, navegaba y se hacía presente en todo el territorio nacional. No eran tiempos en los que las operaciones en el exterior – hoy habituales – se desarrollaran, pero sí eran tiempos en los que el adiestramiento en la mar era permanente y en los que finalizados los ejercicios los barcos recalaban en cualquier puerto de nuestro territorio sin las restricciones de hoy. No miento si les digo que los puertos catalanes eran habituales y por cierto los más deseados. Por ejemplo, Barcelona, donde el trato recibido era siempre exquisito.
¡Cómo no recordar la semana naval que tuvo lugar en Barcelona en los años 60 y que aquellos que lo vivieron pueden recordar como momentos imborrables del buen trato recibido!
Era una Armada en la que el espíritu y moral de sus cuadros de mando, oficiales y suboficiales, era alta. Unos porque siempre atentos a la honrada ambición aún estaban lejos del afán "carrerista" de nuestros días y otros porque veían como las disposiciones reglamentarias les propiciaban posibilidades que hoy les son negadas; no obstante muchos de ellos procedían de la propia marinería, de los inolvidables cabos especialistas que tantos buenos mandos subalternos le han dado a la Armada.
Esta era la Armada de 1975 en la que yo ingresé, y tal vez el lector piense que me dejo llevar por la nostalgia, pero intuyo que a pesar de ello no ando muy lejos de lo que en verdad era.
Abandoné el servicio activo a finales de 2010 y en estos 40 años transcurridos la Armada ha evolucionado – como lo ha hecho la sociedad en general – de forma muy acusada.
Hoy nos encontramos una Armada que cuenta con unos 20000 hombres y mujeres – muy inferior a la de 1975 – pero que cuenta con buques muy avanzados tecnológicamente, todos construidos en España, y que podía considerarse equilibrada en sus capacidades, al menos hasta hace poco. Una marina de guerra moderna y que puede considerarse, por sus características, entre las más avanzadas del mundo. Una marina de guerra que ha sabido adaptarse a los rápidos cambios acaecidos en el mundo y que hoy participa con sus aliados en numerosas operaciones internacionales con gran eficacia. Es una Armada que ha dado un salto cualitativo de gran alcance que cuenta con medios otrora impensables.
Esta es la realidad y sería injusto no reconocerlo así.
Pero es una Armada que ha dejado en el camino aspectos de sus características propias, como ejército específico, que la convierten de alguna forma en un tigre de papel. Y de ello no ha sido responsable la propia Armada sino las sucesivas normas que con afán centralizador se han impartido en estos últimos 40 años. Normas que no sólo han tenido sus efectos en el personal sino también en los procedimientos de adquisición del material.
Decía la antigua doctrina del Ejército de Tierra al definir los elementos de la acción que el terreno es el escenario donde se desarrolla la acción y que condiciona el empleo y el movimiento de las armas y los medios así como la personalidad de quienes los manejan .

Para la Armada el terreno no son ni las llanuras ni los montes sino la mar. La mar condiciona por tanto todo. Marinos e infantes de marina se ven condicionados en todo su saber por este elemento y a él se tienen que adaptar siempre; este hecho va a conformar su personalidad desde siempre. Comparten con sus compañeros de los otros ejércitos valores y virtudes militares comunes como el amor a la patria, el valor, el sacrificio, el sentimiento del honor, etc., pero lo han de ejercer en un medio generalmente hostil: la mar.
La Armada ha tratado de defender siempre con razonamientos profundos y de alcance que es consciente de la necesidad de la conjunción de esfuerzos entre ejércitos, especialmente en la administración de recursos, pero que esto no podía acarrear una simplificación de normas por lo que al personal se refiere, toda vez que la esencia del propio ejército era bien diferente a la de los otros y el resultado de esa uniformidad normativa sería negativa para la propia Armada.
Analicémoslo desde la perspectiva del personal y del material.
Decía antes que la Armada contaba hoy con buques y medios de última generación a la altura de las marinas más avanzadas del mundo. Cierto. Pero los medios sin el material humano no son nada. Es el hombre el que al hacerse cargo de ellos les da vida y el que en definitiva mediante su preparación, y sobre todo su moral, el que les da su verdadero valor. Las sucesivas normas y reorganizaciones a las que se ha visto supeditada han sido determinantes por lo que a la preparación de sus cuadros de mando se refiere, y desde luego a su moral. De una parte por el afán igualatorio con otros ejércitos al que normas centralizadoras la han obligado y de otra porque sucesivas leyes relativas al personal han influido notablemente sobre el devenir profesional de su componentes. No es soportable que en menos de una década sean tres las leyes que han incidido sobre las expectativas de carrera, tanto de oficiales como de suboficiales. Sin descartar algún que otro aspecto positivo de las mismas se da la circunstancia que no son pocos los casos en que lo único que han conseguido es romper la cohesión de sus componentes. Recuerdo bien cuando aún en el ejercicio del mando, y a propósito de la integración de escalas propiciada por la última Ley, asistía a reuniones de oficiales y suboficiales donde se formaban grupos diferenciados según las procedencias de cada uno de ellos para exponer sus inquietudes, cuando no quejas. Sin duda, la cohesión, tan importante en un ejército, se había visto afectada.
Una de las características más claras que definen a la Armada desde siempre es el hecho de constituir una gran familia. Algo absolutamente necesario cuando sus componentes se ven obligados a largas ausencias por motivo del servicio. Son momentos en los que el apoyo de todos sus componentes se manifiesta. Es imprescindible que al salir a navegar, de ejercicios o en operaciones, el marino o infante de marina sienta que su familia queda acompañada y protegida. La Armada siempre cultivó desde tiempo inmemorial esta actitud, con mayor o menor fortuna, entre todos sus componentes. Esta venía propiciada por la proximidad vecinal y por la concurrencia a un mismo centro escolar de todos los hijos que se desenvolvían en un ambiente similar, algo muy importante para la estabilidad emocional de niños sometidos más de lo habitual a la ausencia continuada del cabeza de familia.
Son aspectos sociales como la proximidad vecinal, los centros escolares "ad hoc" y la atención hospitalaria cercana a las vicisitudes de la vida del marino los que propiciaban que sin demasiados problemas el marino pudiera sobrellevar una movilidad geográfica –la más grande entre todas las instituciones del Estado– necesaria para el buen funcionamiento de la Armada y para el perfeccionamiento profesional de sus componentes. Las sucesivas leyes de personal y asistencia a éste desarrolladas durante las últimas décadas han roto de forma traumática estos condicionantes que facilitaban el buen llevar de los asuntos familiares en una organización como la Armada. Esta situación está originando que hoy en día los oficiales y suboficiales de la Armada contemplen con grandísimo temor cualquier movimiento o cambio de destino puesto que afectan gravemente a la conciliación familiar. Hoy se dan casos en los que oficiales renuncian al mando de buques con tal de no romper las familias. Algo nunca visto hasta ahora. Problemas que se agudizan cuando el traslado se produce a comunidades autónomas donde se exige la enseñanza en lenguas distintas del castellano.
Son aspectos sociales como la proximidad vecinal, los centros escolares "ad hoc" y la atención hospitalaria cercana a las vicisitudes de la vida del marino los que propiciaban que sin demasiados problemas el marino pudiera sobrellevar una movilidad geográfica –la más grande entre todas las instituciones del Estado– necesaria para el buen funcionamiento de la Armada y para el perfeccionamiento profesional de sus componentes. Las sucesivas leyes de personal y asistencia a éste desarrolladas durante las últimas décadas han roto de forma traumática estos condicionantes que facilitaban el buen llevar de los asuntos familiares en una organización como la Armada. Esta situación está originando que hoy en día los oficiales y suboficiales de la Armada contemplen con grandísimo temor cualquier movimiento o cambio de destino puesto que afectan gravemente a la conciliación familiar. Hoy se dan casos en los que oficiales renuncian al mando de buques con tal de no romper las familias. Algo nunca visto hasta ahora. Problemas que se agudizan cuando el traslado se produce a comunidades autónomas donde se exige la enseñanza en lenguas distintas del castellano.
Los componentes de la Armada son ciudadanos con los mismos derechos y deberes que el resto de la sociedad pero por las características de la vida a la que están sometidos, por servir precisamente a esa misma sociedad, deben tener unos condicionantes de vida que no son privilegios sino precisamente prestaciones necesarias para el buen servicio. Cuando alguien dijo que era necesario romper "los guetos militares" o bien no sabía bien lo que decía o por el contrario lo sabía muy bien. Si lo que se pretendía era incidir directamente sobre la moral de sus componentes influyendo negativamente sobre esta lo han conseguido. Y si alguien duda sobre esto que se lo pregunten a los mandos de la Armada sometidos a estas vicisitudes; por ejemplo, a más un oficial al que se le asigna mando de buque fuera de su localidad habitual de residencia y que se ve imposibilitado de trasladar a su familia por no conseguir centro de enseñanza para sus hijos.
Lo siento, en los años 70 del pasado siglo las condiciones sociales no eran la panacea universal pero desde luego estaban a años luz de la situación presente en el buen sentido.
No hay que menospreciar tampoco el efecto que las normativas implantadas han tenido, y tienen, sobre el aspecto vocacional de una profesión como la del militar, que si bien, no descartando nunca, en uso de la honrada ambición, las aspiraciones de alcanzar los máximos empleos, aún consciente de su dificultad, se sabía al menos que el empleo de Capitán de Navío o Coronel eran metas alcanzables; y otro tanto cabría decir de los suboficiales cuyas aspiraciones de alcanzar el ansiado empleo de oficial estaban a su alcance, posibilidad que hoy les es negada merced a las disposiciones adoptadas en los últimos años. Las consecuencias de estas medidas no son otras que la creciente desmoralización que se observa en nuestros cuadros de mando que ven mermadas sus expectativas de carrera desde el punto de vista vocacional y que está dando lugar a una visión ocupacional de sus cometidos algo que siempre fue lejano del espíritu de nuestros ejércitos y en este caso concreto de la Armada. Hoy ya es normal que las actividades en los ejércitos se ciñan a los horarios establecidos, tal que si de una oficina bancaria se tratara. Lejos están los tiempos en los que el horario no era referencia en nuestras unidades, tal y como preconizaron siempre nuestras ordenanzas cuando del servicio se trataba.
Lo expuesto, y algo más, es el efecto que las diferentes normativas que sin solución de continuidad se han ido implantando, una tras otra en los últimos 40 años, y que han conseguido establecer en nuestras Fuerzas Armadas, las más de las veces, sin que nadie constatara este hecho, al considerar que la necesidad de adaptación a las vicisitudes de una sociedad en cambio las hacían perentorias.
Me resulta difícil creer que todo responda a los dictados de una mano negra tal que si emanadas de un hipotético "club Bilderberg" se trataran. Entraríamos en unos campos de la fantasía difícil de imaginar; sin embargo si uno atiende a los efectos que están causando en nuestros cuadros de mando desde el punto de vista de la moral, y la cohesión que sostiene un ejército, a uno le entran muchas dudas.

Vayamos ahora a observar la evolución que desde el punto de vista del material ha experimentado la Armada en los últimos 40 años.
Pero eso quedará para el siguiente artículo.
General de División de Infantería de Marina (R.) Juan Chicharro Ortega
Creo que es un muy buen artículo sobre el DAESH...
https://generaldavila.wordpress.com/2015/11/16/la-hora-de-la-verdad-comandante-lucas-martin-serrano-atrocidad-general-adolfo-coloma-contreras/
Un coro formado por miles de voces conectadas "ilumina" internet.
Todo empezó, como tantas otras historias actuales, gracias a un vídeo en YouTube. Lo que pretendía ser un mensaje de agradecimiento y admiración a Eric Whitacre -uno de los músicos y compositores más conocidos de su generación- por parte de una seguidora de su trabajo, fraguó en Virtual Choir, un proyecto artístico de proporciones nunca oídas hasta entonces. Miles de solistas originarios de más de cien países juntaros sus voces para interpretar una composición del músico de Nevada. Una imagen, la de miles de cantantes, que podría invocar recuerdos de las gradas de Anfield Road, el mítico campo del Liverpool, dedicando a Steven Gerrad, su eterno capitán, el himno “You Will Never Walk Alone”. Estas voces, poco armónicas y templadas a golpe de pinta de cerveza, destilan una emoción reconocible incluso para quienes ven en el fútbol un deporte antediluviano. Emoción que necesariamente tenía que inspirar a alguien como Whitacre, puesto que afirma que “lo más apasionante de un grupo de gente que cantan juntos es la respiración, cuando en completo silencio toman aire al mismo tiempo para comenzar a cantar”. Para Whitacre esa es la representación de una pasión compartida.
Claro que, por muy apasionadas que resulten, conseguir que miles de gargantas en un campo de fútbol suenen afinadas y en un mismo tempo es misión imposible incluso para alguien con el talento de Whitacre. Pero no lo es echar mano de las ventajas que un mundo conectado pone a su alcance, para levantar un proyecto monumental como Virtual Chorus, en el que miles de cantantes unen su talento.
Whitacre es un firme convencido de que la tecnología es la herramienta perfecta para amplificar la creatividad humana y que un simple smartphone puede convertirse en un complemento inspirador incluso durante un concierto. En lugar de ordenar apagar los teléfonos y torcer el gesto cuando desde el bolsillo de algún despistado llegan señales de que sus grupos de whatsapp han entrado en ebullición, el músico norteamericano les hace participar gracias a una aplicación móvil. El resultado, según el mismo Whitacre confiesa, es como un “Carmina Burana repleto de esteroides”.
domingo, 22 de noviembre de 2015
EL PORTERO DEL PROSTIBULO. EXCELENTE REALIDAD.
Este cuento trata sobre un hombre común.Ese hombre era el portero de un prostíbulo.Esta historia es verdadera.No había en aquel pueblo un oficio peor conceptuado y peor pagado que el de portero del prostíbulo. Pero... ¿Qué otra cosa podría hacer aquel hombre?hDe hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su puesto porque su padre había sido el portero de ese prostíbulo y también antes, el padre de su padre. Durante décadas, el prostíbulo se pasaba de padres a hijos y la portería se pasaba de padres a hijos.Un día, el viejo propietario murió y se hizo cargo del prostíbulo un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El joven decidió modernizar el negocio. Modificó las habitaciones y después citó al personal para darle nuevas instrucciones.Al portero, le dijo:- A partir de hoy, usted, además de estar en la puerta, me va a preparar una planilla semanal. Allí anotará usted la cantidad de parejas que entran día por día. A una de cada cinco, le preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará esa planilla con los comentarios que usted crea convenientes.El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo pero...- Me encantaría satisfacerlo, señor - balbuceó - Pero yo... yo no sé leer ni escribir.- ¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no puedo pagar a otra persona para que haga esto y tampoco puedo esperar hasta que usted aprenda a escribir, por lo tanto...- Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida, también mi padre y mi abuelo...No lo dejó terminar.- Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Lógicamente le vamos a dar una indemnización, esto es, una cantidad de dinero para que tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, lo siento. ¡Que tenga suerte!Y sin más, se dio vuelta y se fue.El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. Llegó a su casa, por primera vez, desocupado. ¿Qué hacer?Recordó que a veces en el prostíbulo cuando se rompía una cama o se arruinaba una pata de un ropero, él, con un martillo y clavos se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo.Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, sólo tenía unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Tenía que comprar una caja de herramientas completa. Para eso usaría una parte del dinero que había recibido.En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo no había una ferretería, y que debería viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. ¿Qué más da? Pensó, y emprendió la marcha. A su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas. No había terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa. Era su vecino.- Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme.- Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar... como me quedé sin empleo...- Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano.- Está bien.A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta.- Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?- No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería está a dos días de mula.- Hagamos un trato - dijo el vecino - Yo le pagaré a usted los dos días de ida y los dos días de vuelta, más el precio del martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le parece?Realmente, esto le daba un trabajo por cuatro días... Aceptó. Volvió a montar su mula.Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.- Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?- Sí...- Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatro días de viaje y una pequeña ganancia por cada herramienta. Usted sabe, no todos podemos disponer de cuatro días para nuestras compras.El ex-portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue.No todos disponen de cuatro días para hacer compras, recordaba. Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara a traer herramientas.En el siguiente viaje decidió que arriesgaría un poco del dinero de la indemnización, trayendo más herramientas que las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo en viajes.La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje. Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes.Pronto entendió que si pudiera encontrar un lugar donde almacenar las herramientas, podría ahorrar más viajes y ganar más dinero. Alquiló un galpón. Luego le hizo una entrada más cómoda y algunas semanas después con una vidriera, el galpón se transformó en la primera ferretería del pueblo. Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, de la ferretería del pueblo vecino le enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente. Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más lejanos preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha.Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las cabezas de los martillos. Y luego, ¿por qué no? las tenazas y las pinzas y los cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos.Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se transformó con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas. El empresario más poderoso de la región. Tan poderoso era, que un año para la fecha de comienzo de las clases, decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñarían además de lectoescritura, las artes y los oficios más prácticos de la época.El intendente y el alcalde organizaron una gran fiesta de inauguración de la escuela y una importante cena de agasajo para su fundador. A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad y el intendente lo abrazó y le dijo:- Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas de la nueva escuela.- El honor sería para mí - dijo el hombre - Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir. Yo soy analfabeto.- ¿Usted? - dijo el intendente, que no alcanzaba a creerlo - ¿Usted no sabe leer ni escribir? ¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto ¿Qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir?- Yo se lo puedo contestar - respondió el hombre con calma - ¡Si yo hubiera sabido leer y escribir... ¡Sería portero del prostíbulo!Esta historia es verdadera, y se refiere a un gran industrial llamado Valentín Tramontina, fundador de Industrias Tramontina, que hoy cuenta con más de 10 fábricas, miles de empleados, y produce millones de unidades de más 18.000 ítems de productos al mes y exporta bajo su propia marca a más de 120 países - es la única empresa brasileña en esta condición. La ciudad que se menciona es Carlos Barbosa, y está en el interior de Rio Grande do Sul.Por lo general, las oportunidades son vistas como adversidades.Las adversidades pueden ser bendiciones.Las crisis están llenas de oportunidades.Si alguien le bloquea la puerta, no gaste energía en la confrontación, busque las ventanas.Recuerde la sabiduría del agua: "El agua nunca discute con sus obstáculos, sino que los rodea".Que su vida sea llena de victorias, no importa si son grandes o pequeñas, lo importante es celebrar cada una de ellas.
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