domingo, 1 de noviembre de 2026

El almirante Garat reivindica la historia de la Armada y cuestiona el mito de Trafalgar. Ingreso en la Real Academia de la Mar como académico numerario electo

 


El almirante Juan Rodríguez Garat C. De Carlos

El almirante Juan Rodríguez Garat ha defendido la necesidad de revisar la interpretación tradicional de la historia naval española durante su discurso de ingreso en la Real Academia de la Mar como académico numerario electo. En su intervención, ha reivindicado la trayectoria de la Real Armada del siglo XVIII, ha destacado el papel de figuras como Blas de Lezo y el marqués de la Ensenada y ha cuestionado que la batalla de Trafalgar se haya convertido en el episodio que determina la forma de interpretar todo el pasado naval de España.


Rodríguez Garat ha planteado su discurso como una invitación a mirar más allá de la derrota de 1805 y recuperar los avances institucionales, científicos, industriales y estratégicos que hicieron posible el desarrollo de la Armada de la Ilustración. A su juicio, la derrota frente a la escuadra británica no debe ocultar los logros de una institución que, desde sus primeros años, tuvo que superar importantes carencias materiales, dificultades para formar oficiales y problemas para disponer de tripulaciones...........
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Así era la vida y función de un miembro del Cuerpo de Ministerio en siglo XVIII-XIX. Francisco Javier de Villanueva y Sota. Comisario Ordenador. Intendente Interino.

 


Don Francisco Javier de Villanueva y Sota

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Francisco Javier de Villanueva y Sota, Francisco Javier de. Anero (Cantabria), 18.II.1763 – Madrid, 10.X.1815.

Comisario ordenador, intendente interino de provincia, vocal de la Junta Superior de Santander.

Contador. Marino y Veedor.

Hijo de Antonio de Villanueva y Haza, abogado de los Reales Consejos, alcalde mayor y corregidor

de Haro, y de Teresa de la Sota y Toraya, ambos de Anero (Cantabria), de familias hidalgas con

amplia fortuna.

Ingresado muy joven en el Cuerpo del Ministerio, de la Secretaría de Estado y del Despacho de

Marina, el 11 de agosto de 1784 fue designado para desarrollar funciones como contador de navío.

Prestó sucesivamente servicios en las Contadurías Principales de La Habana, Cádiz, Cartagena y

Ferrol, realizando también viajes a México y las islas de Barlovento, desempeñando unas veces

funciones de contador y otras de interventor.Tras unos años en Cuba, durante los que el 28 de febrero de 1789 fue nombrado oficial segundo de su cuerpo, en 1791 regresó a Cádiz, desarrollando servicios en la Contaduría de Algeciras y, al mismo tiempo, funciones de tesorero en la escuadra de Antonio Barceló y en la de Francisco Javier Morales.Nombrado oficial primero el 29 de julio de 1792, al declarar la Convención francesa la guerra a España el 7 de marzo de 1793, pasó a formar parte de la escuadra de Juan de Lángara, luego a las órdenes de José de Mazarredo. En esta escuadra del Mediterráneo estuvo embarcado en los navíos Salvador del Mundo, Ángel de la Guarda, Conde de Regla y San Juan Nepomuceno. Se encontró en la defensa y abandono del puerto de Tolón, bloqueo de la escuadra francesa en la playa de Santa Margarita, defensa del puerto de Rosas y en el combate que el Ángel libró contra las baterías enemigas dentro del puerto de L’Ciotat, al oeste de Tolón.Firmada la Paz de Basilea el 22 de julio de 1795, Villanueva desembarcó y pasó otra vez a Cuba, aunque por poco tiempo, porque en 1797 estaba destinado en la Contaduría de Cartagena. En 1798 fue destinado a Madrid para trabajar en la reforma de la Ordenanza Económica de la Marina, desarrollando una labor eficaz que fue reconocida expresamente al serle concedido el grado de comisario de provincia.En 1801 fue objeto de nuevo destino, esta vez a la Contaduría del departamento de Cádiz y, al año siguiente, a la de Ferrol. En 1803 marchó a Asturias para trabajar a las órdenes del brigadier Cayetano Valdés en la inspección de las minas de hulla del Principado y de las obras de canalización del río Nalón.El 26 de octubre de 1803 fue ascendido al empleo de comisario de guerra graduado de Marina con doce mil reales de sueldo. Mientras desempeñaba funciones de veedor de Marina en Ferrol, se produjo, en diciembre de 1804, la ruptura de las hostilidades entre España y Gran Bretaña, lo que llevó a Villanueva a embarcarse en la escuadra española de Gravina como ministro principal de Hacienda interino, por ausencia de su propietario Antonio de Cincunegui. Regresado éste, Villanueva permaneció, sin embargo, embarcado por orden de Gravina, agregado a la plana mayor, y realizando funciones de contador principal de la escuadra.En funciones de 2.º ministro de la escuadra y a bordo del Santa Ana, navío de ciento doce cañones que ostentaba la insignia del teniente general Álava, asistió el 21 de octubre de 1805 al combate de Trafalgar formando parte de la vanguardia de la escuadra de choque, siendo hecho prisionero cuando el navío, desarbolado y heridos graves sus principales jefes tras un furioso combate con los cinco navíos de la columna de Collingwood, hubo de rendirse. Sin embargo, aprovechando un temporal, lograron zafarse de los ingleses y arribar a Cádiz. Su singular mérito en aquella jornada fue premiado al año siguiente con un incremento de su sueldo a dieciocho mil reales y siéndole concedido el empleo en propiedad.El 28 de julio de 1807 fue destinado a Santander como ministro principal de la Real Hacienda en las fábricas de artillería de Liérganes y La Cavada, y juez conservador de los montes y caminos de las mismas fábricas. Apenas había comenzado a ejercer su cargo, diseñando nuevos caminos para el acceso a las fábricas de los minerales, leñas y carbones que consumían, cuando, tras los sucesos del 2 de mayo de 1808, comenzó la guerra contra los franceses. Aunque Santander fue uno de los primeros pueblos en levantarse contra Napoleón, pronto la Montaña quedó bajo el control de las tropas francesas.Estos acontecimientos pusieron a Villanueva en una situación dificilísima, sobre todo cuando el gobernador de Santander exigió, en febrero de 1809, un expreso juramento de fidelidad a José Bonaparte. Los dos directores de las fábricas y Francisco Javier Villanueva se ausentaron para no tener que prestarlo, pero éste regresó al cabo de un tiempo y de hecho se convirtió en jefe de las mismas como oficial de más rango, dada la desaparición de los directores.Durante este período, que duró desde el 22 de febrero de 1809 hasta el 28 de marzo de 1811, disimuló su apoyo a los patriotas levantados contra el Gobierno de José Bonaparte, manteniendo una aparente postura de sumisión al Gobierno de este último, al tiempo que hacía enterrar o esconder los cañones, cureñas y municiones que temía pudieran caer en manos de los franceses, y suministraba estas armas a los guerrilleros, como hizo con ocasión de la toma de Santander en 1809 por Ballesteros, Díaz Porlier y O’Donnell, y al año siguiente auxiliando a las fuerzas del guerrillero Juan López Campillo.Esta ambigua situación se hizo cada vez más peligrosa para él, hasta el punto de que el 28 de marzo de 1811 hubo de abandonar las Reales Fábricas y, dejando a su esposa y dos hijas, se incorporó en Potes a las tropas de los guerrilleros. Previamente, el 4 de febrero, había sido nombrado vocal de la Junta Superior de Armamento y Defensa de la provincia de Santander constituida por decreto de las Cortes Generales de 25 de enero anterior. Al mismo tiempo, Díaz Porlier lo nombró intendente interino del VII ejército y su demarcación, pero desavenencias con este jefe y un anónimo que lo acusaba de afrancesado lo hicieron cesar en este último cargo. Sin embargo, la Junta, donde permanecía como vocal, ponderó siempre su acreditado patriotismo, hasta el punto de nombrarle el 18 de julio de 1811 ministro de Hacienda con funciones de intendente en su territorio, cargo que fue confirmado por la Regencia del Reino en resolución de 25 de noviembre de 1811.A poco de tomar posesión del cargo fue de nuevo acusado por alguno de falta de patriotismo por haber permanecido a cargo de las Reales Fábricas, pero todos cuantos testificaron en el expediente abierto lo hicieron en términos sumamente favorables, y finalmente su conducta patriótica quedó acreditada.Un nuevo problema surgió para él cuando el intendente de la provincia de Burgos designó como subdelegado de rentas en la provincia de Santander al gobernador militar de dicha plaza, el brigadier Francisco Manglano. Éste, que ya había tenido desavenencias con la Diputación provincial, pretendió que Villanueva le entregara su cargo y los papeles de la Intendencia, a lo que éste se negó apoyándose en los nombramientos que había recibido de la Diputación y de la Regencia.El conflicto entre la autoridad militar y la civil, por otro lado no infrecuente en aquellos años de guerra, derivó en una demostración de fuerza de Manglano, que llegó a sacar sus tropas a la calle y a arrestar oficialmente a Villanueva. La Diputación y el jefe político de la provincia dieron cuenta del asunto a la Regencia, lo mismo que hizo el propio Villanueva exponiendo en un escrito de 7 de marzo de 1813 los hechos acaecidos. El 24 del mismo mes el Congreso General de la provincia de Santander mostró por unanimidad su apoyo a Villanueva, a quién, finalmente, también dieron la razón la Regencia y el secretario de Estado de Hacienda. Fue este conflicto de competencias entre un mando militar y un comisario de guerra en funciones de intendente, uno de los primeros en los que se empleó como argumento el que una de las partes —en este caso Manglano— había “atropellado la Constitución, las Leyes y los derechos de un ciudadano español, y ministro público por añadidura”.Por Real Despacho de 19 de agosto de 1815 Fernando VII ascendió a Villanueva al empleo de comisario ordenador en propiedad, destinándolo al departamento de Cádiz, pero no llegó a ejercer su nuevo cargo porque falleció repentinamente en Madrid el 10 de octubre del mismo año. Póstumamente le fue concedida la cruz de distinción creada para condecorar a todos los individuos de las Juntas Superiores Provinciales que habían prestado servicios a la causa del rey Borbón.El 25 de noviembre de 1807 había casado con Catalina de la Sota y Alfonso, con la que tuvo cuatro hijos.

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La filóloga Dña. Pilar Recio Arancón invitó a seguir la estela de los «peregrinos de la belleza» románticos que arribaron a Italia, Grecia y Cádiz



La filóloga Dña. Pilar Recio Arancón invitó a seguir la estela de los «peregrinos de la belleza» románticos que arribaron a Italia, Grecia y Cádiz
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Publicado  : 31 octubre, 2026.
Autor      : Real Academia de San Romualdo de Ciencias, Letras y Artes
Etiquetas  : clásico, conferencia, conocimiento, Cultura, Grecia, Italia, romanticismo, viajes
Categorías: Conferencia

La Real Academia de San Romualdo de Ciencias, Letras y Artes celebró el pasado martes una nueva sesión de su curso académico 2026-2027, con la conferencia titulada «Gran Tour: los viajeros románticos llegan a Italia, Grecia y Cádiz», que corrió a cargo de la doctora Dña. Pilar Recio Arancón, licenciada en filología clásica y reconocida docente vinculada profundamente a la ciudad de San Fernando.

El acto dio comienzo con las palabras de apertura del presidente de la Academia, D. Juan Manuel García Cubillana de la Cruz, y la lectura del acta correspondiente por parte de la secretaria general, Dña. Adelaida Bordés Benítez. A continuación, tomó la palabra Dña. Sandra Inés Ramos Maldonado, vocal de letras de la Junta de Gobierno de la corporación, para realizar la presentación oficial de la conferenciante.

En su intervención inaugural, Dña. Sandra Inés Ramos destacó la profunda matriz intelectual e identitaria que comparte con la ponente: la filología clásica. Reivindicó con firmeza la plena vigencia de los estudios clásicos en una época contemporánea caracterizada por la prisa y la premura, «de indecorosa precipitación», recordando las palabras del filósofo Friedrich Nietzsche sobre el arte de la lectura pausada y profunda. Asimismo, citó el reciente reconocimiento de la escritora canadiense Ann Carson con el Premio Nobel de Literatura —quien se define a sí misma como una mujer dedicada a enseñar griego antiguo— como prueba elocuente de que «los clásicos no son fósiles de un pasado remoto, sino savia viva que alimenta el pensamiento y la vanguardia cultural de nuestro tiempo».

La vocal de letras trazó un detallado perfil biográfico de Dña. Pilar Recio Arancón, nacida en Sevilla y con raíces en Soria, destacando su vocación pedagógica forjada durante casi cuatro décadas en las aulas de la enseñanza secundaria —con especial huella en el Instituto Wenceslao Benítez de San Fernando—, donde ejerció como sembradora de entusiasmo y defensora infatigable de la educación pública y los valores de igualdad. Subrayó también su incansable faceta viajera, su especialización en el mundo heleno cursada en la Universidad Aristóteles de Tesalónica, su compromiso con lo público y su entrega en el ámbito social humanitario con personas mayores e inmigrantes colaborando con entidades como Cruz Roja. Concluyó alabando su profundo conocimiento del mundo clásico y su capacidad para guiar al auditorio a través del fascinante periplo del Grand Tour que expondría la conferenciante a continuación.

Tomando la palabra concedida por el presidente de la Academia ante un auditorio prácticamente completo, Dña. Pilar Recio estructuró su exposición analizando el fenómeno histórico, cultural y estético del Grand Tour y su evolución hacia la sensibilidad romántica.

La conferenciante introdujo el concepto fundacional de esta tradición apoyándose en la obra «Peregrinos de la belleza» de María Belmonte. Explicó que el Grand Tour consistía en el viaje educativo y de prestigio social que emprendían los jóvenes aristócratas europeos —especialmente británicos— hacia los centros de la antigüedad clásica (Italia, Grecia y el Mediterráneo) para contemplar la belleza y asimilarla como parte indispensable de su formación. En este tránsito, los tradicionales peregrinos medievales que buscaban reliquias santas mutaron en «peregrinos de la belleza», coleccionistas de antigüedades, grabados y vivencias estéticas.

Recio Arancón recordó los precedentes romanos —como las expediciones de jóvenes patricios a Grecia bajo la máxima de Horacio de que «la Grecia capturada conquistó a su fiero vencedor»— y situó la consolidación del término en 1690 de la mano del sacerdote católico Richard Lassels. El siglo XVIII constituyó el gran periodo de esplendor del tour, impulsado por los tiempos de paz y el fervor por las antigüedades, atrayendo a miles de visitantes a Roma y a la Magna Grecia (sur de Italia).

El itinerario clásico

La ponente describió paso a paso el recorrido tipo, que solía partir de Londres hacia Calais, París (con sus animados salones literarios y su ambiente cultural), Lyon y el cruce iniciático de los Alpes. Una vez en suelo italiano, la ruta serpenteaba por Milán, Verona, Vicenza (patria de Paladio), Padua, Bolonia (donde los viajeros podían ser recibidos por el célebre castrato Farinelli), Venecia, Florencia, Siena, los Estados Pontificios, Roma y el sur dinástico de Nápoles —presidido por el Vesubio y la corte de los embajadores británicos Lord y Emma Hamilton—, culminando para los más atrevidos en la agreste y fascinante Sicilia.

Transformación decimonónica

Con la llegada del siglo XIX, la irrupción de las guerras napoleónicas, el desarrollo industrial, las guías de viaje (como las de Bradshaw) y la fundación de las primeras agencias turísticas modernas por Thomas Cook democratizaron los desplazamientos, dando paso progresivamente al turismo de masas y diluyendo el carácter elitista del viaje iniciático.

El episodio de la fragata Westminster (Westland)

Uno de los pasajes más celebrados de la conferencia fue el análisis del apresamiento de la barca mercante británica Westland en 1779 por fragatas francesas frente al Cabo de Gata, cuya valiosa carga —compuesta por estatuas, mármoles fragmentados, grabados y altares— fue posteriormente adquirida por la Corona española y destinada a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Recio Arancón destacó cómo este episodio proporciona hoy en día un testimonio inestimable para estudiar los gustos, preferencias y motivaciones coleccionistas de los viajeros de la época.

La impronta del Romanticismo: Goethe y Lord Byron

En la segunda parte de su intervención, la ponente profundizó en la aportación del Romanticismo al viaje clásico. A diferencia del neoclasicismo, centrado en la simetría, la pureza de las líneas y la reconstrucción idealizada de los monumentos, el movimiento romántico introdujo la subjetividad del «yo», la fascinación por la naturaleza desbordante, el culto a la ruina por sí misma y la búsqueda de emociones viscerales.

Respecto a Goethe, la conferenciante explicó que su viaje a Italia (1786-1788), guiado inicialmente por el rigor neoclásico de Winckelmann, derivó progresivamente hacia una vivencia profundamente sensorial, vital y geológica, culminando en la revelación emocional que experimentó en Sicilia.

Lord Byron, Figura indiscutible del romanticismo viajero, fue también protagonista de la oradora, que detalló su periplo de 1809 a 1811 y que incluyó su paso por Portugal y su estancia en España (Sevilla, Jerez —donde se alojó en el palacio de sus parientes Gordon y saboreó los caldos locales— y Cádiz). De Cádiz destacó su belleza luminosa, que le evocaba la patria de Afrodita, así como su posterior viaje a Grecia, su fascinación ambivalente por el mundo turco y su mítica travesía a nado del Helesponto (recreando el mito de Hero y Leandro). Byron transformó el viaje en una búsqueda de libertad personal que le llevaría finalmente a comprometerse con la causa de la independencia helena.

Con una selección de proyecciones iconográficas basadas en mapas, grabados de Piranesi, vistas de Canaletto y referencias literarias, la doctora Recio Arancón concluyó recordando que viajar sigue siendo un ejercicio de transformación interior, invitando al público a mantener viva la llama como herencia de aquellos «peregrinos de la belleza».

El acto institucional concluyó con las palabras de agradecimiento del presidente de la Real Academia de San Romualdo, quien alabó la brillantez, amenidad y erudición de la conferencia impartida por Dña. Pilar Recio.

El presidente reflexionó sobre la naturaleza irremplazable del viaje frente a la era digital, secundando la idea de que la sed de viaje es síntoma de inteligencia y recordando que la televisión permite ver y oír, pero solo el desplazamiento físico permite «tocar, oler y saborear la gastronomía y las especias de otras tierras». Asimismo, destacó, alentado por su condición de profesional de la medicina, la mención de la conferenciante a figuras históricas como Lady Mary Wortley Montagu y su contribución a la salud pública, así como el magistral recorrido por las vivencias de Goethe y Lord Byron.

Para clausurar la sesión, la Academia hizo entrega de los tradicionales obsequios y carteles conmemorativos a la conferenciante y a la presentadora.

En el vídeo siguiente, alojado en el canal oficial de la Academia en YouTube, puede visionarse el acto completo. Tras la ventana de acceso se ofrece también una galería fotográfica.

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Marcial Gamboa Sánchez-Barcáiztegui. Descendiente del CA Víctoriano Sánchez-Barcáiztegui héroe de El Callao bajo el mando del TG Armada D. Casto Méndez Núñez.



Marcial Sánchez-Barcáiztegui
Almirante y Senador
1906 - 1986
El Ferrol
***


CA Víctoriano Sánchez-Barcáiztegui
Con estatua en Cantón del Marqués de Molins en El Ferrol
"Hoy no es día de mojar la pólvora"
***

MARCIAL GAMBOA SÁNCHEZ-BARCÁIZTEGUI (1906-1986)

Efemérides del día 11 de octubre.

GrandesMarinosEspañoles 🇪🇸⚓

En tal día como hoy, 11 de octubre, pero del año 1906, nacía en El Ferrol, A Coruña, don Marcial Gamboa Sánchez-Barcáiztegui, Almirante de la Armada Española y Senador de España (1977-1979).

Nació en el seno de una familia marinera, su abuelo fue el militar e ingeniero Victoriano Sánchez Barcáiztegui, y aunque nació en Ferrol, pasó la infancia en el colegio de huérfanos de la Armada en Madrid, donde cursó sus estudios de bachillerato.

A los catorce años ingresa en la Escuela Naval de San Fernando, Cádiz, de donde sale en 1925.

Ese mismo año, y con el empleo de Alférez de Fragata, participó como voluntario en el Desembarco de Alhucemas al mando de la barcaza “K-19”, por lo que recibió, entre otras condecoraciones, la Cruz Naval de María Cristina y la Medalla Naval. Ese mismo año ascendió al empleo de Alférez de Navío.

Realizó el curso de especialidad en submarinos.

En 1929 fue ascendido al grado de Teniente de Navío.

En 1930 se casó en Santa Cruz de Tenerife con Alicia Ballester Suárez, de cuyo matrimonio nacieron siete hijos.

Durante la guerra civil española apoya el bando franquista, y tras un breve paréntesis en el Acorazado “España” y en el Crucero “Canarias”, volvió a submarinos, concretamente al “General Mola”, donde acabó la guerra.

En 1939 ascendió a Capitán de Corbeta y en 1943 tomó el mando del Minador “Vulcano”.

Posteriormente fue destinado a la Escuela Naval Militar de Marín, donde escribió la obra “Nociones de Arquitectura Naval, Teoría del buque” (1944), que durante muchos años fue libro de texto en la escuela Naval Militar y posteriormente muy consultado por los alumnos de las Escuelas Superiores de Ingenieros Navales, de cuyo centro en Madrid, con el tiempo, también sería profesor.

En 1944 ascendió al grado de Capitán de Fragata, y en 1945 tomó el mando del Minador “Marte”.

En 1946 fue destinado a Las Palmas de Gran Canaria como jefe de la Base Naval de Canarias y Jefe del Estado Mayor de la Comandancia General de dicha base naval.

En 1950 fue destinado a la Escuela Naval Militar en Marín como subdirector.

Con el ascenso a Capitán de Navío, fue destinado a la Jefatura de Instrucción en el Ministerio de Marina desde donde contribuyó, en una intensa labor, a la modernización de la Armada bajo el paraguas del Tratado de Amistad y Cooperación con los Estados Unidos.

En 1955 presidió una comisión hispano-norteamericana para el estudio de la reorganización de la instrucción en la Armada, por lo que viajó a Estados Unidos para trabajar en el Pentágono y otros centros en los detalles de tal organización. El fruto de esos trabajos se plasmó de forma efectiva en una real puesta al día de la Armada española en su conjunto incluyendo, por supuesto, sus buques, cuyas características a lo largo de los años cuarenta no habían avanzado.

Entre 1957 y 1958 mandó el Crucero “Méndez Núñez” con el que participó en la guerra de Ifni, y a continuación tomó el mando de la 31ª Flotilla de Destructores para volver destinado a la Jefatura de Instrucción a principios de 1959. 

En 1964 ascendido al grado de Contralmirante y nombrado Jefe de la Agrupación Naval de Instrucción, con base en Cartagena.

En 1965 tomó el mando como Comandante General del Arsenal Militar de Cartagena en cuyo destino ascendió, en 1966, al empleo de Vicealmirante, hasta que fue nombrado Almirante Jefe del Servicio de Personal de la Armada, redactando, poniendo en vigor e impulsando la Ley de Ascensos que supuso una novedosa norma para los ascensos, no sólo en la Marina sino, más adelante, en el conjunto de las Fuerzas Armadas.

En 1968 alcanzó el grado de Almirante y fue nombrado Jefe de la Jurisdicción Central de Marina, además de secretario general del Ministerio. 

Desde 1969 ejerció el cargo de Capitán General del Departamento Marítimo de Cartagena, puesto en el que permaneció hasta 1972, en que se retira de la vida militar. En este período creó e impulsó dos instituciones que fueron muy bien acogidas en la Armada, los Clubes Navales y las Oficinas de Información Naval.

En 1976 pasó a la situación de reserva por cumplir los setenta años de edad.

Después de su jubilación perteneció a los consejos de administración del Patronato de Casas de la Armada, que presidió, y al de la Empresa Nacional Santa Bárbara, dedicada a la producción de armamento.

En 1977 fue designado  por SM el Rey, don Juan Carlos I, para integrar al Senado de España durante la legislatura constituyente. Como independiente, se integró en el grupo mixto. 

Fue miembro de la Junta de portavoces y participó en la comisión correspondiente para el dictamen del proyecto de la Constitución, como representante del Grupo Mixto. Su actividad como tal fue muy intensa. Presentó enmiendas, entre las que destacan la supresión del término “nacionalidades”, las relativas a la unidad de la patria, el reconocimiento de la Bandera Nacional como símbolo de la unidad y soberanía de la patria, la misión de las Fuerzas Armadas y organización de la defensa nacional, la defensa de la familia y de la libertad de educación y enseñanza y, por último, el reconocimiento de poderes más amplios al Rey. 

Al disolverse las Cortes el 29 de diciembre de 1979, cesó como senador real y continuó en la situación de reserva hasta su fallecimiento en 1986.

Fue merecedor de numerosas condecoraciones entre las que cabe destacar: la Gran Cruz de la Orden de San Hermenegildo (1964), la Gran Cruz del Mérito Aeronáutico con distintivo blanco (1966) la Gran Cruz del Mérito Naval con distintivo blanco (1966) y la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil (1971), la de Caballero Comendador de la Orden Más Noble de la Corona de Tailandia, y la de San Benito de Avis. También perteneció a la Real Hermandad de Infanzones de Nuestra Señora de la Caridad de la Villa de Illescas.

Don Marcial Gamboa Sánchez-Barcáiztegui fallecía a los 79 años, en Madrid, el 5 de junio de 1986, y sus restos mortales fueron enterrados en el cementerio de la  Sacramental de Santa María de Madrid.

⚓  ¡¡Honor y Gloria!! ⚓
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Foto en las redes: Almirante don Marcial Gamboa Sánchez-Barcáiztegui. Archivo de su nieto Luis Gutierrez-Jodra Gamboa.
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Links:
Marcial Gamboa Sánchez-Barcáiztegui (1906-1986)

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El Cristo de la Vera Cruz de Urda o de La Mancha. Álex Navajas ( El Debate ). Tragedia del Accidente Trenes en URDA. TOLEDO.


El Cristo de Urda, milagroso.

El Cristo de la Vera Cruz de Urda

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Tallada en el siglo XVI, su fama de «milagrero» suscita una enorme devoción en toda La Mancha

Es conocido como «el Cristo de La Mancha», porque la devoción que suscita desborda los límites de Urda, donde se custodia en su basílica. El camarín del retablo mayor barroco del siglo XVII en madera dorada que preside la única nave del templo alberga la venerada imagen del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, flanqueada por los arcángeles San Miguel y San Rafael.

Su historia no está exenta de calamidades y milagros. Es obra de Luis de Villoldo, y fue entregada a la Real Archicofradía de la Vera Cruz en 1596. «Representa a un Nazareno camino del Calvario, con expresión serena y resignada: rostro expresivo, mirada baja y reflexiva, hombros encorvados por el peso de la cruz, y manos finamente talladas», detallan sus estudiosos. «Luce corona de espinas con gotas de sangre, peluca natural, corona de tres potencias en oro, túnica morada de terciopelo bordada en oro con cíngulo dorado, y porta una cruz de madera en el hombro izquierdo», agregan.


Dos guerras estuvieron a punto de propiciar su desaparición: en la de la Independencia, en 1808, permaneció oculta y se salvó. Sin embargo, durante la Guerra Civil (1936) fue derribada de su camarín por milicianos fanáticos y sus restos arrojados a una cantera. «Un cantero local y un mecánico apodado 'el Alemán' los rescataron en secreto y los escondieron hasta 1939, cuando los devolvieron», explican desde la Archicofradía. La imagen fue restaurada en Valencia y devuelta a su camarín el 18 de agosto de 1939, donde sigue siendo venerada.

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