Tallada en el siglo XVI, su fama de «milagrero» suscita una enorme devoción en toda La Mancha
Es conocido como «el Cristo de La Mancha», porque la devoción que suscita desborda los límites de Urda, donde se custodia en su basílica. El camarín del retablo mayor barroco del siglo XVII en madera dorada que preside la única nave del templo alberga la venerada imagen del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, flanqueada por los arcángeles San Miguel y San Rafael.
Su historia no está exenta de calamidades y milagros. Es obra de Luis de Villoldo, y fue entregada a la Real Archicofradía de la Vera Cruz en 1596. «Representa a un Nazareno camino del Calvario, con expresión serena y resignada: rostro expresivo, mirada baja y reflexiva, hombros encorvados por el peso de la cruz, y manos finamente talladas», detallan sus estudiosos. «Luce corona de espinas con gotas de sangre, peluca natural, corona de tres potencias en oro, túnica morada de terciopelo bordada en oro con cíngulo dorado, y porta una cruz de madera en el hombro izquierdo», agregan.
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