lunes, 16 de noviembre de 2015

El Xallas, precipitado. Galicia siempre nos asombra.







Una reserva marina, el cabo más occidental de Europa y la mole granítica del Pindo. La ría de Corcubión acoge en su seno espacios naturales y paisajes espectaculares. Aquí comienza la Costa da Morte. El tramo mas duro de la Galicia litoral. En una ensenada estrecha, solitaria, está Ézaro, a la sombra del Olimpo Celta. Hasta 1954 la barca era el único medio que tenían los vecinos para cruzar el río Xallas. Este paisaje sedujo a todos los viajeros que han recorrido esta costa camino de Fisterra. El único río de Europa que desemboca en catarata. Para llegar al mar, el Xallas debe salvar un último obstáculo: la masa rocosa del monte Pindo. El río se abre paso por esta garganta granítica situada a más de cien metros sobre el nivel del mar. La fuerza erosiva originó grandes pías y marmitas sobre el lecho del río.
La Fervenza del Ézaro es hoy el principal reclamo turístico de Dumbría. El concello ha instalado una oficina de información para atender este flujo de visitantes.
Los turistas y los peregrinos que visitan Fisterra hacen un desvío para contemplar este espectáculo. 
Una pasarela de 140 metros de largo que bordea la central hidroeléctrica lleva directa hasta donde cae la cascada. Este es el paseo preferido de los vecinos de Ézaro. Manuela, de 86 años, lo hace todos los fines de semana. Recuerda cuando las mujeres venian a lavar la ropa al pie de la fervenza.
Las viejas chalanas aún navegan por la estrecha ensenada. Hay que aproximarse despacio a la fervenza para evitar los grandes peñascos que salpican el cauce. Vicente venía a pescar muchas veces a estas pozas.
Desde una embarcacion se tiene otra vision de la Fervenza. La chalana se acerca a la gran marmita, el Pozo Negro, a la que se precipita el agua desde 40 metros de altura.
Con el tiempo la catarata fue formando una marmita de casi 20 metros de profundidad. Este espectaculo natural estuvo clausurado durante tres decadas tras la construcción de un embalse río arriba que dejó el lecho del río seco en su último tramo.
El embalse suelta ahora un caudal ecológico de dos metros cúbicos por segundo, cantidad suficiente para que el Xallas pueda desembocar de nuevo en el mar. 
La cascada ya se puede ver todos los días sin necesidad de mirar el calendario de aperturas de la presa.
La ensenada del Ezaro rodea el monte Pindo. Este macizo rocoso de granito rojo preside fisica y esptiritualmente este tramo de la Costa da Morte La oficina de turismo facilita información sobre los itineraios y sobre las visitas guiadas al monte. La ascensión dura poco mas de tres horas.

La subida a la cumbre de A Moa es una de las rutas senderistas mas hermosas de la costa da Morte. El granito del Pindo destaca por su color rojizo y sus formas de erosión. El agua y el viento ha originado sobre las rocas formas caprichosas, de animales, grotescas, castillos, cúpulas, domos... Un laboratorio de formas.
Todas las rutas se unen en el Chan de Lamas, una planicie desolada, sin un arbusto, situada en medio de moles de granito. 
El pico de A Moa, a 630 metros sobre el nivel del mar es el mejor observatorio de esta costa.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

INDIA - Mira lo que pasa cuando el sol pasa por las ventanas del Taj Mahal.


 

Mira lo que pasa cuando el sol pasa por las ventanas del Taj Mahal India.

Se empezó a construir en 1876 y se acabó en 1888

Cada día le regala un sin fin de colores y armonía

No dudo de que te quedarías alucinando si vieras esto con tus propios ojos

Aparte de los juegos con la luz, las paredes están cubiertas por miles de millones de pequeñas piezas coloreadas

Son únicas en el mundo

Esto es pura belleza

Increíble

Cuánto más te fijas, más apasionante se vuelve

 

 

 

  

martes, 10 de noviembre de 2015

LA BARCA. Ángeles Vaquero, Poema a su hijo.





La Barca, es un poema ubicado en la primera parte La Vida, del libro DESDE EL CORAZÓN y está dedicado a mi hijo. Expresa un sentimiento de preocupación y libertad, que muchos progenitores sentimos cuándo nos planteamos el día en que faltemos.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Entrevista a Ángeles Vaquero Pascual en Onda40radio.





Entrevista en Onda 40 radio en Mitomania el día 3 de noviembre de 2015, sobre mi poemario "Desde el corazón" de la mano del periodista y Director de Redacción Ignacio Valbuena Gonzalez.


domingo, 8 de noviembre de 2015

DÉJÀ VU. Similitudes entre los nazis catalanes y los de Adolfo H.

Es copia literal de un correo recibido,,,,,


Ante la intolerable oleada de difamaciones que pueblan Internet ―junto con otros espacios donde también florece el siempre deseable debate público como producto de la convergencia de diferentes corrientes de opinión―, y actuando en mi calidad de autor y administrador únicos del blog, me siento en la obligación moral de precisar lo siguiente: que NO existen similitudes entre el nacionalismo catalán y el nazismo alemán fundado por Adolf Hitler.



Ninguna, ni la más remota; por mucho que algunos se obstinen en buscarlas.



No son en absoluto comparables, ni en sus métodos ni en la escenificación de sus multitudinarias movilizaciones.



Tampoco en su iconografía.



Desconozco a quién puede habérsele ocurrido tan disparatadas ignominias.



Pero albergo el convencimiento de que tales acusaciones responden, sin duda, a un ánimo infamante contra esa nobilísima y democrática opción ideológica de la Cataluña de nuestros días.



Y creo que es así porque resulta imposible encontrar puntos en común entre ambos movimientos políticos.



¡Como si alguna vez hubiera podido alguien demostrar lo contrario, vamos!



Nuestra postura ética, la mía y la de todos, no debe ser otra que la de hacer prevalecer la verdad negando cualquier semejanza.



Combatir esas malintencionadas analogías sin descanso, con denuedo, vigorosamente... más aun, ¡febrilmente! En todo momento, circunstancia y lugar.



Desmentirlas, sea cual sea la clase de mentes calenturientas de las que provengan.



A mí se me hace muy difícil comprender cómo puede haber gente capaz de inventar maledicencias así, la verdad.



Sirva la presente aclaración como comunicado oficial de este sitio web y procúrese en adelante su máxima divulgación a iniciativa de los amables lectores que lo deseen.

En Cataluña, a primero de septiembre del año de Nuestro Señor de dos mil quince.


  



  

sábado, 7 de noviembre de 2015

Rosina.

La Batalla del Cabo Celidonia. El Capitán Francisco de Ribera, luego Almirante. s.XVII.

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La batalla del Cabo Celidonia


Si en vez de cinco galeones españoles los protagonistas de esta historia hubieran sido ingleses, incluso franceses, este asombroso combate naval del siglo XVII no estaría recluido en el baúl de los recuerdos de unos pocos. Si el capitán al mando de la escuadra española, Francisco de Ribera, no hubiera nacido en Toledo, sino en Plymouth o en, qué se yo, Burnham Thorpe, la batalla del Cabo Celidonia habría tenido unas cuantas películas, libros y hasta algún video juego dedicado a la misma.
Por que vamos a aclarar una cosa: aquí todo el mundo conoce lo que han querido que conozcamos y lo peor de todo es ese poso de desprecio que les queda a algunos tras haberse inflado a leer o a que les cuenten las historias navales de los ingleses y demás, quedando los españoles para muchos como meros comparsas y actores secundarios que siempre han vivido de espaldas al mar.
Los marinos españoles no estuvieron sólo en Trafalgar o en 1898. Déjenme que les diga algo: hubo una época en la que el pabellón español era respetado y temido en la mar como en ningún otro periodo. Me refiero no sólo al siglo XVI, sino a principios y mediados del siglo XVII. Y no sólo en el Mediterráneo, como veremos, sino en la propia casa del enemigo de siempre: Inglaterra y Holanda. Esos corsarios de Dunkerque, de los que hablábamos hace poco, sumados a la flota de la Armada allí presente, casi arruinaron el comercio del canal.
En el Mediterráneo el enemigo era el Turco, que desde hacía más de un siglo pugnaba por hacerse dueño de la zona, teniendo como adversarios a los cristianos, encabezados por el Imperio español. Sin las fuerzas navales españolas de aquella época hoy en día el mapa de Europa sería muy distinto. No fueron los venecianos los que los frenaron, ya que estos jugaban a dos bandas y no eran precisamente de fiar. Tampoco los franceses se ocuparon de que las galeras otomanas fueran más hacia el oeste. Eso le tocó a la Armada española y a sus corsarios. Pero no nos vayamos más por las ramas, ahora quédense con una batalla naval que supuso un punto de inflexión en la lucha en el mar, en la forma en cómo los buques de vela se fueron imponiendo poco a poco a las galeras.

La escuadra del capitán Francisco de Ribera

Algún día hablaré sobre el Gran Duque de Osuna, virrey de Sicilia y Nápoles por aquella época y verdadero acicate contra los turcos y venecianos por el dominio del Mediterráneo. Osuna reorganizó la penosa flota española sita en los territorios italianos del Imperio español, y creo, con su dinero y esfuerzo, una flota poderosa y temida como nunca antes en la zona. A expensas del rey de España, equipó con su oro galeras y galeones para hacer el corso y perseguir a los otomanos en cualquier parte. El rey de España veía así cómo se libraba del pago de una escuadra que estaba bajo sus servicios y que, además, recibía parte del botín que aquella sacase del corso. Si bien la mayoría de los galeotes eran sicilianos o napolitanos, gente del país, los soldados que llevaban a bordo y sus comandantes eran todos españoles, que eran los que en definitiva daban el poder de combate a las embarcaciones.
El capitán Francisco de Ribera era el arquetipo del hombre de mar de entonces: hombre conocedor de su oficio, fogueado en mil lances (algunos poco honorables), duros y con un valor que hoy en día sería difícil de comprender.
No quiero extenderme en su biografía, así que pasaré directamente a junio de 1616, donde el capitán español estaba bajo el mando de una pequeña escuadra de buques de vela con la misión de hacer el corso por la zona y ocuparse de una posible escuadra turca que, según avisos, se disponía a invadir Calabria.
Dicha escuadra constaba de los siguientes elementos:
  • Galeón Concepción (capitana) – 52 cañones. Bajo el mando del propio Ribera.
  • Galeón Almiranta – 34 cañones. Al mando del alférez Serrano.
  • Nao Buenaventura – 27 cañones. Al mando del alférez Iñigo de Urquiza.
  • Nao Carretina – 34 cañones. Al mando del alférez Valmaseda.
  • Nao San Juan Bautista – 30 cañones. Al mando de don Juan Cereceda.
  • Patache Santiago – 14 cañones. Alférez Garraza.
Además hay que contar una urca de carga, que aparece en la relación de la batalla y que desconocemos el origen, aunque puede ser una de las embarcaciones apresadas y marinadas por una dotación de presa. Esta tendría una participación heroica como veremos.
Para hacer frente a esa hipotética invasión turca, se embarcaron a bordo de los buques un nutrido grupo de soldados españoles; unos mil mosqueteros. Esta fuerza sería vital en el combate.

Haciendo el corso por Celidonia

Antes de la batalla que da nombre a este artículo, merece la pena mencionar los estragos que causó la escuadra española en el área chipriota de Celidonia y Cilicia, que era una zona costera meridional de la península de Anatolia (Turquía).
Para ello me baso en esa magnifica fuente que es el libro de Cesáreo Fernández Durotitulado El Gran Duque de Osuna y su marina, donde hay un apéndice documental de todos estos hechos referidos dignos de ser leídos y, como hago yo ahora, resumidos y adaptados por mí para que os deleitéis con ello. He preferido ir a una base documental que leer refritos que desvirtúan en algunos casos lo que pasó. Este autor, por si alguien no lo sabe, es hasta la fecha el mayor erudito de historia naval de nuestro país.
Con sus cinco galeones y un patache, Ribera parte el día 15 de junio a vuelta de Chipre por recibir un aviso de que por aquella zona había cinco buques corsarios enemigos. Reconoció los puertos de Bafa y Lemaso el día 18, pero no los encontró por allí. Sin embargo, el 21 llegó a las Salinas y descubrió que allí había diez bajeles, uno muy grande flamenco. Ribera entró en el puerto con su escuadra y se puso entre medias, donde sólo dos buques lucharon, aunque poco. Se sacaron cinco buques y se quemó uno, quedando los demás encallados.
Las presas llevaban sal, algo de arroz y plomo. Como no eran gran cosa, se optó por embarcar el plomo y vender algunos por 2.100 reales de a ocho. Tuvo noticia de los corsarios enemigos por Famagusta y allí se dirigieron. Por el camino embarrancaron dos de las presas que les quedaban y las quemaron. El 24 capturaron algunas barcas griegas, en busca de información y estos les contaron que los corsarios que buscaban estaban en el puerto de Famagusta, debajo de cadena y que era imposible pasar en barca. Ribera estuvo por la zona, esperando a que salieran. Mientras tanto, tomaron dos barcas con 30 esclavos, que dieron mucha pelea, matando a un alférez y ocho soldados. A bordo encontraron a un candí con su mujer que viajaban de pasaje; aquel murió de las heridas. Los soldados españoles encontraron 550 reales de a ocho y ricos vestidos que tomaron como botín.
Estando en esas, apresando buques y cercando a los corsarios, les llegó un aviso de que una potente escuadra turca, de unas 45 galeras que se iban a unir a otras hasta juntar 60, se habían hecho a la mar con intención de ir a por su pequeña escuadra. El capitán español sabia que llevaba las de perder, así que se fue a hacer aguada a Caravana. Allí Ribera contó a pilotos y cabos que lo mejor era ir a Xio, donde se sabía que estaba fondeada la flota turca y atacarlos allí, antes de que estos lograran juntarse con otras fuerzas y ser demasiado superiores.
Pero notó que sus hombres ponían demasiados reparos a ello, aduciendo que los vientos no eran favorables y que tardarían demasiado en llegar allí. Así que se decidió esperarlos en el cabo de Celidonia, donde efectivamente, los turcos acabaron por encontrarlos.

La batalla del Cabo Celidonia

El día 14 de julio todo parecía destinado a ser un desastre inminente para los españoles, cuando vieron aparecer 55 galeras, si no fuera porque la constancia, la superioridad militar, la bravura y la determinación que aquellos hombres tendría su recompensa.
Llegaron a los españoles con una prisa terrible, según palabras del propio Ribera. A lo que este respondió con la maniobra de juntar los bajeles, para evitar así que los rodeasen individualmente y los aplastaran por simple superioridad numérica. Una vez hecho, se dio la orden de que el galeón Almiranta, la nao Carretina y la urca que comentábamos anteriormente, estuvieran siempre juntos y se asistiesen unos a otros según lo fueran necesitando. En esta ocasión el trabajo en equipo se demostraría mejor que en ninguna otra batalla naval. Si uno caía, lo harían todos.
El patache formó a proa de la capitana (el Concepción), mientras que la capitana vieja se puso a su izquierda, con la orden de que si envestían al patache (la unidad más débil de los españoles) le abrigasen en medio de las dos embarcaciones más poderosas. Con todo esto preparado, con todos los hombres listos y armados, fueron al encuentro del enemigo.
Los turcos avanzaban en formación de media luna, siendo las galeras capitanas de Caravana y Rodas las puntas de lanza en ambos cuernos de la formación. Ambas fuerzas, unas a remo y otras a vela (con todo plegado excepto el trinquete y la gavia baja) empezaron a luchar a las nueve de la mañana. Y duró hasta el anochecer, que los turcos se retiraron, de momento.
Ocho galeras turcas habían dado a la banda (escoradas) y una de ellas había quedado desarbolada. Los españoles pusieron luz a sus fanales, al igual que los turcos, esperando el amanecer para seguir luchando. Ambos bandos se tenían ganas y la lucha era claramente sin cuartel.

Galeón español combatiendo contra galeras berberiscas
Hace poco subí esta imagen de un galeón contra galeras berberiscas en la sección de pinturas. Es posible que la escena represente este episodio en concreto.

Con las primeras luces del día, los turcos atacaron poniéndose a tiro de mosquete, hasta las nueve de la mañana cuando el Bey de Rodas con una veintena de galeras se decidió a embestir al Concepción y al Almiranta. El alférez Valmaseda, de la naoCarretina, estuvo bien listo cuando aprovechó la ocasión para atravesarse con el enemigo y hacerles un gran estrago. Desde luego hay que ser más que valiente para cruzarse en el camino de 25 galeras a velocidad de embestida. Los turcos se fueron en masa a por el insolente buque, dejando a la Almiranta. Si los de la Carretina fueron valientes, los de la urca no se quedaron atrás. Saliendo de la banda siniestra de laAlmiranta, se atravesó al enemigo e hizo más de lo que podía esperarse de tan pequeña embarcación.
Como hemos visto, el apoyo mutuo estaba dando resultados y todos se socorrían sin distinción. Insisto: esta fue la clave de la batalla.
Mientras esto pasaba, el Concepción de Ribera no estaba quieto, ni mucho menos. Al galeón insignia acudieron la galera Real otomana con seis capitanas a sus lados y otra veintena de galeras (el resto). Y ahí fue cuando los 52 cañones y la guarnición de soldados disparando sin cesar hicieron estragos en la escuadra turca. Y todo durante poco más de media hora. Ribera dijo:
Recibieron daño tan notable que no acertaban a retirarse.
Se retiraron por fin y atacaron desde fuera hasta las dos de la tarde, pero siempre tan cerca que los cañones del patache les alcanzaban sin problema. Ese segundo día de combate dejo diez galeras a la banda y dos desarboladas. Los daños en los españoles eran más materiales que personales, y los buques estaban bastante dañados. Era normal por otra parte, tras el brutal ataque en masa recibido. Uno de los herido fue el propio capitán Ribera, que fue alcanzado en la cara, afortunadamente sin mayores consecuencias.
Así que todo lo que quedaba de día y la noche fue aprovechado para remediar averías y pasar munición y pólvora a los buques que estaban escasos de ello, igualándolos para que nadie se quedara en inferioridad de condiciones. Eso lo tenían claro.
Los turcos estaban comprobando que las ligeras galeras poco podían hacer contra los altos flancos robustos de los buques de vela cuando estos, además, estaban tan bien defendidos. Y la forma en que estos se daban apoyo mutuo cuando lo necesitaban. Eso les estaba costando muchas bajas y no pocas embarcaciones. La moral, como no, iba en picado.
Sin embargo, el día 16 los turcos volvieron a la carga, literalmente. La galera Real otomana atacó directamente al Concepción de Ribera, que logró rechazar el ataque a las tres de la tarde, retirándose la Real dos horas antes que las demás debido a los daños. Una galera turca se hundió y dos quedaron desarboladas, estando 17 a la banda.
Aquello fue el final, porque los turcos habían sufrido tantos daños y bajas que les fue imposible proseguir el combate al día siguiente, retirándose al abrigo de la noche mientras que la escuadra de Ribera permaneció a la espera en las aguas de la batalla.

Los daños y bajas de la batalla

Ribera logró un éxito que, según dijeron, dio la vuelta al orbe. Ser capaces de desmantelar toda una flota de galeras con media docena de buques de vela, era algo inaudito hasta entonces.
Las bajas españolas fueron relativamente pocas, para la intensidad de los combates: 34 muertos y 93 heridos. Eso sí, las materiales fueron cuantiosas. El Concepción tuvo que ser remolcado a Candía, ya que tenía los palos y la maniobra hechos pedazos, a parte de todo el agua que les entraba, que hasta Candía tuvieron que dar los soldados a las bombas. El Carretina también fue el otro que salió mal parado, aunque todos pudieron llegar, como digo, para repararse de nuevo y volver victoriosos a Nápoles, donde tenían su base.
Los turcos tuvieron muchísimos muertos y heridos. Ribera sólo dice que mandó al fondo del mar a una galera, aunque dejó muy maltrechas a casi todas las demás. Otras fuentes, como Matías de Novoa dice que de las 55 galeras muchas se hundieron (sin especificar) y que 23 quedaron imposibilitadas de navegar. También dice que murieron unos 1.200 genízaros y más de dos mil de chusma y marinería. En otras fuentes he leído que fueron 23 las galeras hundidas, pero seguramente tomaron el dato de Novoa de las imposibilitadas de navegar, sin saber a ciencia cierta si alguna fue puesta de nuevo en servicio.
El caso es que Ribera y su escuadra frenaron en seco a una más que potente flota turca y la desmantelaron en inferioridad de condiciones. Fernández Duro da 224 piezas de artillería (como mínimo) a los turcos, a disposición de emplearla a voluntad gracias a los remos, mientras que los españoles sólo disponían de medio centenar de cañones por banda. Si a esto le juntamos los 200 hombres de combate que, también como poco, llevaba cada galera a bordo, nos da unos 11.200 soldados turcos contra los 1.600 españoles a bordo de sus buques, vemos que fue una gesta con pocos precedentes en la historia naval.
Fernández Duro dice sobre esto último:
Los galeones quedaron destrozados, necesitando carena costosa, más en realidad a poca costa se adquirió una victoria que tuvo como dice Novoa, eco en toda Europa, porque nadie ponía mientes en otra cosa que en el combate que por tres días de seis bajeles contra 56, en que los primeros quedaron por dueños del campo, adquiriendo por consiguiente, la marina de Osuna una reputación, un prestigio moral tan glorioso, como aflictivo era el descrédito a la Puerta [los turcos].
Entre otros premios, Francisco de Ribera fue ascendido a Almirante y honrado por el Rey con el hábito de Santiago.

Fuente: Blog de Historia : Todo a Babor.
  • Fuente: El Gran Duque de Osuna y su marina. Cesáreo Fernández Duro.
  • Imagenes: National Maritime Museum, Greenwich, London, Caird Collection.

viernes, 6 de noviembre de 2015

HUMOR ELEGANTE.




A un almirante británico que afirmaba: "¡Vosotros los Franceses lucháis por el dinero, nosotros los Ingleses por nuestro honor !",
Robert Surcouf, célebre corsario nativo de St. Malo, replicó: «¡Señor, cada uno lucha por lo que no tiene!".
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 Durante un intercambio entre los dos rivales políticos del siglo 18, John Montagu, Conde de Sandwich y el reformista John Wilkes,
Montagu dice a Wilkes: « Señor, no sé si moriréis en el patíbulo o de sífilis.
A lo que Wilkes contesta: « Eso depende, Señor si abrazo sus principios o a su querida.».
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Lady Astor increpó un día a Winston Churchill: « ¡Señor Churchill, Ud. es un borracho! ».
Churchill contestó de inmediato: « Y Ud. Señora, es fea...pero yo, mañana, estaré sobrio! ».
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Cindy Crawford a Amanda Lear durante un cóctel: « Gracias por enviarme su libro, me ha encantado. Pero dígame, ¿quién se lo ha escrito? »
Amanda respondió con sonrisa vitriólica: « Me complace enormemente que haya apreciado mi libro. Pero dígame, ¿quién se lo ha leído? ».
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La fealdad del Príncipe de Conti era notoria, debido a esto su mujer le engañaba sin vergüenza alguna.
Un día al irse de viaje el Príncipe de Conti le dijo a su esposa: « Señora, le recomiendo que no me engañe durante mi ausencia ».
Y su esposa le susurró: « Señor, puede irse tranquilo: sólo tengo ganas de engañarle cuando le veo ».
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Churchill un día, "pinchando" a George Bernard Shaw, que estaba muy delgado entonces: 
« Al verle, todo el mundo podría pensar que la hambruna reina en Inglaterra ».
A lo cual Bernard Shaw replicó: « Sin embargo al verle a Ud., todo el mundo podría pensar que es Ud. la causa ».
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Durante una visita al palacio de Blenheim, casa ancestral de la familia Churchill, Lady Astor, el icono feminista debatía los derechos de las mujeres con Winston, al cual se le conocía por su desafección total a esta causa.
En el punto álgido de su desacuerdo, Lady Astor exclamó: « ¡Winston, Si fuese su esposa, pondría veneno en su vaso! ».
A lo cual Churchill reaccionó: « Pues yo, Nancy, si fuese su marido, me lo bebería! ».

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« Señora va a echar mucho en falta al mariscal…» le aseguraron a la viuda del Mariscal de Boufflers durante su funeral.
« Seguramente, pero por lo menos sabré dónde pasa sus noches » suspiró..
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«Señor de Rivarol,¿cuántos años me echa?» le pregunta una vieja coqueta al hombre célebre.
« ¿Porqué tendría que echarle años Señora? ¿No tiene Ud. ya los suficientes? ».
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Al final de una cena organizada por Winston Churchill, su mayordomo ofrece la caja de puros a los invitados.
Uno de ellos, sin el menor escrúpulo, coge cinco puros y se los mete en su bolsillo, murmurando:
«Son para el regreso.»
 « Gracias por haber venido de tan lejos » le contestó Churchill. »