jueves, 19 de enero de 2023

El muro de Adriano. Por Susana del Pino.


El muro de Adriano.

«Los restos del muro de Adriano que hoy en día podemos contemplar fueron proclamados en 1987 Patrimonio Mundial por la Unesco»

La mayor extensión del Imperio Romano de Occidente se alcanzó bajo el mandato del emperador Trajano (53-117). Nacido en Hispania, fue un gran estratega militar que llevó a cabo una importante política de expansión. Logró anexionar Dacia (actual Rumanía), Armenia y los territorios de Oriente Próximo avanzando hasta el golfo Pérsico. Estas campañas fueron difíciles por las continuas sublevaciones y resistencia a la conquista de estos pueblos.

 

El sucesor de Trajano, el también hispano emperador Adriano (76-138), se encontró con una situación complicada en el control del Imperio. Gran administrador y con un enorme interés por los asuntos de gobierno, pasó gran parte de su mandato viajando y conociendo las provincias, donde convivía con los soldados. Estableció una serie de normas y entrenamientos con el objeto de darles ejemplo y mantenerlos ocupados, ya que tras largo tiempo en los campamentos las legiones se relajaban y esto suponía un peligro para el control de las fronteras.

 

En algunas regiones como en Britania la romanización fue difícil produciéndose numerosas bajas por los continuos enfrentamientos que hacían que en ocasiones la situación fuera incontrolable. Tras un primer intento de conquista en los años 55-54 a. C por Julio César que logró dominar tan solo un pequeño territorio, fue el emperador Claudio (10 a.C – 54) quien en el año 43 consiguió finalmente conquistar Britania, siendo Vespasiano uno de los generales triunfantes en esta guerra quien más adelante llegaría a ocupar el trono imperial. Sin embargo, años más tarde las luchas se sucedían continuamente llegando a crear serios problemas a los romanos, la situación era tan insufrible para ambos pueblos, que en el año 60 a. C tuvo lugar una rebelión liderada por Boudica, reina de los icenos y aunque en un primer momento en esta dura batalla vencieron los indígenas, más adelante se impuso el poderío militar romano llegando la isla finalmente a formar parte del Imperio. A pesar de ello, las tribus escocesas no aceptarían el sometimiento a Roma por lo que intentarían nuevos ataques.

El Muro de Adriano según National Geografhic

Ante la situación que se vivía en el Imperio, Adriano pensó en salvar las tierras conquistadas antes que seguir la expansión, era más conveniente preservar los territorios ya ocupados para afianzar el poder romano. Así, siguiendo el ejemplo de algunas fortificaciones de madera que se habían levantado anteriormente en regiones como Germania con el fin de proteger los territorios, planeó la construcción de una muralla que atravesara la isla desde el Mar de Irlanda hasta el Mar del Norte. En este caso constituiría una obra de gran envergadura, para cuya construcción se llevaron legiones de refuerzo y de este modo los soldados se ocupaban en una actividad que los fortalecía, se sometían a una disciplina, trabajaban en equipo y se conseguía el propósito de poner límite al Imperio así como de protegerlo.

 

Es en esta cuestión en la que algunos historiadores se centran al plantearse si el objeto de su construcción fue realmente la defensa y la protección, ya que el muro no tenía una altura excesivamente elevada (tan solo seis metros de altura por tres de ancho) por lo que podía haber sido flanqueada sin demasiada dificultad por el enemigo, o su edificación respondería al establecimiento de los límites del Imperio, simbolizando el poderío militar romano. La muralla era una frontera controlada y constituía un límite a través del cual se comerciaba con los bárbaros a los que se les posibilitaría el contacto con la civilización.

 

El Muro de Adriano, conocido en latín como Vallum Hadriani o Vallum Aelium, disponía, a lo largo de todo su recorrido (aproximadamente ciento veinte kilómetros), de puertas de aduanas en las que se cobraban tasas e impuestos, fosos, fuertes para los soldados y torres de vigilancia; marcó el límite norte del Imperio en Gran Bretaña, la frontera entre Inglaterra y Escocia.

 

Las consecuencias tras su construcción fueron muy positivas, lo que tras la muerte de Adriano animó a su sucesor Antonino Pío (86-161) a construir otro muro más hacia al norte; sin embargo la presión que las tribus autóctonas, fundamentalmente los pictos y escotos, ejercieron durante los siglos II, III y de forma más continuada durante el siglo IV hizo que este segundo muro se abandonara y posteriormente Roma se marchara de Britania a inicios del siglo V. Se atisbaba ya la decadencia que hasta 476 fue apagando gradualmente al gran Imperio que dominó gran parte del mundo conocido dejándonos una herencia significativa.

 

En el siglo V el Muro de Adriano comenzó a desmantelarse y sus piedras fueron utilizadas para otras construcciones. Algo que siglos más tarde enojaría considerablemente a quienes defendían y querían protegerlo, como es el caso del anticuario John Clayton (1792-1890) que junto a John Collingwood (1805-1892) realizaron una considerable labor para conservar los restos que hoy en día podemos contemplar de esta gran obra romana. En 1987 fue proclamado Patrimonio Mundial por la Unesco.

 

Una gran obra de ingeniería civil y militar, testimonio del poder alcanzado por Roma.

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